For the rebirth of the Fourth International! - Pelo renascimento da Quarta Internacional!

HomeLinksPortuguêsFrançaisEspañol PublicationsHistoric DocumentsContact

Contra la teoría del capitalismo de Estado

Respuesta al compañero Cliff

  

  

por Ted Grant (1949)

  

[Copiado de OBRAS COMPLETAS DE TED GRANT · VOLUMEN I. ]  

  

El documento del compañero Cliff titulado La naturaleza de la Rusia estalinista, a primera vista da la impresión de erudición y análisis científico. Sin embargo, un examen más cuidadoso demostrará que ninguno de los capítulos contiene una tesis elaborada. El método que utiliza es hacer toda una serie de paralelismos basados en citas, y demuestra su punto débil en el hecho de que las conclusiones no están apoyadas por el análisis. De sus tesis no es posible llegar a la conclusión de si la Rusia estalinista sigue siendo un sistema progresista (a pesar de sus deformaciones) o si, por el contrario, como Cliff ahora supone, juega el mismo papel reaccionario que el capitalismo o el fascismo. La debilidad se muestra más severamente en el hecho de no sacar conclusiones prácticas. ¿Hay que defender a Rusia o el partido revolucionario debe ser derrotista? En lugar de responder decididamente a esto en el transcurso del análisis, tiene que hacerlo a posteriori.

  

A pesar de afirmar el compañero Cliff que la burocracia estalinista es una nueva clase, en ninguna parte de su tesis hace un auténtico análisis o da pruebas de por qué y cómo tal clase se constituye en clase capitalista y no es un nuevo tipo de clase.

  

Esto no es accidental. Proviene del método. Comienza con la idea preconcebida del capitalismo de Estado y todo está ajustado artificialmente a esa concepción. En vez de aplicar el método teórico de los clásicos del marxismo a la sociedad rusa en su proceso de desarrollo y movimiento, él ha realizado el trabajo recogiendo citas e intentándolas comprimir en una teoría.

  

En ninguna parte del documento Cliff plantea el criterio principal para los marxistas a la hora de analizar un sistema social: ¿La nueva formación conduce al desarrollo de las fuerzas productivas? La teoría del marxismo está basada en el desarrollo material de las fuerzas productivas como fuerza motora del progreso histórico. La transición de un sistema a otro no se decide subjetivamente, está basada en las necesidades de la propia producción. Es sobre estas bases y sólo sobre estas bases, sobre las que se erige la superestructura: el Estado, la ideología, el arte, la ciencia... Es verdad que la superestructura tiene un efecto secundario importante sobre la producción, e incluso dentro de ciertos límites, como Engels explicó, desarrolla su propio movimiento independiente. Pero en última instancia, lo decisivo es el desarrollo de la producción.

  

Marx explicó que la justificación histórica para el capitalismo, a pesar de los horrores de la revolución industrial, a pesar de la esclavitud de los negros en África, a pesar del trabajo infantil en las fábricas, las guerras de conquista a través del planeta, la realidad es que era una etapa necesaria en el desarrollo de las fuerzas productivas. Marx demostró que sin la esclavitud, no sólo la antigua esclavitud, sino la esclavitud en la primera época del desarrollo capitalista, el desarrollo moderno de la producción habría sido imposible. Sin esto nunca se podrían haber preparado las bases materiales para el comunismo. En Miseria de la Filosofía Marx escribió:

  

“Lo mismo que las máquinas, el crédito, etc., la esclavitud directa es la base de la industria burguesa. Sin esclavitud no habría algodón; sin algodón no habría industria moderna. La esclavitud ha dado su valor a las colonias, las colonias han creado el comercio universal, el comercio universal es la condición necesaria para la gran industria. Por lo tanto, la esclavitud es una categoría económica de la más alta importancia.

  

“Sin esclavitud, América del Norte, el país de más rápido progreso, se transformaría en un país patriarcal. Borren Norteamérica del mapa del mundo y tendrán la anarquía, la decadencia completa del comercio y de la civilización moderna” (Carlos Marx, Miseria de la filosofía. Buenos Aires, Ed. Cartago, 1987, p. 88).

  

Por supuesto, la actitud de Marx hacia los horrores de la esclavitud y la revolución industrial es bien conocida. Sería una burda distorsión de la posición de Marx argumentar que como él escribió el párrafo antes mencionado, entonces estaba a favor de la esclavitud y del trabajo infantil. Como tampoco hoy se puede argumentar contra los marxistas que como apoyan la propiedad estatal en la URSS, entonces justifican los campos de concentración y otros crímenes del régimen de Stalin.

  

El apoyo de Marx a Bismarck1 en la guerra franco-prusiana estaba dictado por consideraciones similares. A pesar de la política de ‘hierro y sangre’ de Bismarck, y la naturaleza reaccionaria de su régimen, la unificación nacional de Alemania facilitaría el desarrollo de las fuerzas productivas, Marx dio un apoyo crítico a la guerra de Prusia contra Francia. El criterio básico era el desarrollo de las fuerzas productivas. A la larga, todo lo demás deriva de esto.

  

Cualquier análisis de la sociedad rusa debe partir de esas bases. Una vez más Cliff admite que mientras el capitalismo está declinando y decayendo a escala mundial, todavía mantiene un papel progresista en Rusia con relación al desarrollo de las fuerzas productivas, entonces lógicamente, debería decir que el capitalismo de Estado es la próxima etapa de la sociedad, o al menos para los países atrasados. Contradictoriamente, muestra que la burguesía rusa no es capaz de llevar adelante el papel que cumplió la burguesía en Occidente y, consecuentemente, la revolución proletaria es inevitable.

  

Si en Rusia tenemos capitalismo de Estado (precedido por una revolución proletaria), entonces está claro que la crisis del capitalismo sobre la que nos hemos basado durante las pasadas décadas no era insoluble, sino simplemente los dolores de parto de una etapa nueva y superior del capitalismo. La cita que nos da de Marx —que ninguna sociedad desaparece de la escena hasta que ha agotado todas las posibilidades para desarrollar las fuerzas productivas—, indicaría que, si su argumento es correcto, ante nosotros se abre una nueva época, la época del capitalismo de Estado. Esto destruiría por entero las bases teóricas del movimiento leninista- trotskista. Cliff dice, sin explicar por qué, que si cogemos la teoría de la revolución degenerada, debemos abandonar la teoría de la revolución permanente.

  

No obstante, no consigue ver que aceptar la teoría del capitalismo de Estado, la teoría de la revolución permanente, que está basada en la idea de que el capitalismo se ha agotado a escala mundial y que es incapaz de llevar adelante ni siquiera las tareas de la revolución democrático burguesa en los países atrasados, debería ser abandonada. En Europa del Este, los ‘capitalistas de Estado’ habrían realizado las tareas de la revolución burguesa sobre la tierra, etc., Cliff da un rodeo sobre este tema de la revolución agraria, que en los países atrasados, como decía Trotsky, sólo el proletariado podría llevarla a cabo. Si los partidos ‘capitalistas de Estado’ de los estalinistas pueden cumplir esta tarea, no sólo se arroja por la borda la teoría de la revolución permanente, sino también la viabilidad del nuevo Estado capitalista en un sentido histórico.

  

Si la tesis del compañero Cliff es correcta, que hoy en Rusia existe capitalismo de Estado, entonces no puede evitar la conclusión de que el capitalismo de Estado ha estado existiendo desde la Revolución Rusa y que la función de la propia revolución fue introducir este sistema capitalista de Estado en la sociedad. A pesar de sus tortuosos esfuerzos para trazar una línea entre las bases económicas de la sociedad rusa antes del año 1928 y después, las bases económicas de la sociedad rusa en realidad han permanecido intactas.

  

  

EL USO INCORRECTO DE LAS CITAS

  

El compañero Cliff intenta demostrar que Trotsky estaba acercándose a la postura de que la burocracia era una nueva clase dominante. Para tal propósito cita los libros Stalin y El pensamiento vivo de Carlos Marx:

  

Cliff escribe:

  

“Un paso claro en la dirección de una nueva evolución de la burocracia como clase gobernante encuentra expresión en el último libro de Trotsky, Stalin, donde escribe: ‘Lo esencial del Termidor fue, y no puede menos de ser, social en cuanto a carácter. Su finalidad era cristalizar una nueva capa privilegiada, crear un substrato nuevo para la clase económicamente superior. Había dos pretendientes a este papel: la pequeña burguesía y la misma burocracia. Ambas combatieron unidas [en la batalla para vencer] la resistencia de la vanguardia del proletariado. Una vez conseguido esto, cerraron una contra otra en feroz acometida. La burocracia llegó a asustarse de su aislamiento, de su divorcio del proletariado. Sola, no podía aplastar al kulak ni a la pequeña burguesía, que había crecido y continuaba creciendo sobre la base de la NEP; tenía que contar con la ayuda del proletariado. De ahí su esfuerzo concertado por presentar su lucha contra la pequeña burguesía, por los productos sobrantes y por el poder, como la lucha del proletariado contra las tentativas de restauración capitalista” (Tony Cliff, La naturaleza de Rusia estalinista, junio de 1948, p. 10).

  

Y el compañero Cliff comenta:

  

“La burocracia, dice Trotsky, mientras pretende luchar contra la restauración capitalista, en realidad, utilizó sólo al proletariado para aplastar a los kulaks, para ‘cristalizar una nueva capa privilegiada, crear un substrato nuevo para la clase económicamente superior’. Uno de los pretendientes al papel de clase económicamente dominante, según él, es la burocracia. Hace un gran énfasis en esta formulación cuando asocia este análisis con la lucha entre la burocracia y los kulaks con la definición de Trotsky de la lucha de clases. Dice: ‘La lucha de clases no es otra cosa que la lucha por la apropiación de plusvalía’. El que se apropia de la plusvalía domina la situación, posee riqueza, posee el Estado, tiene la llave de la Iglesia, los tribunales, de las ciencias y el arte (Ibíd., p. 10).

  

Y Cliff concluye:

  

“La lucha entre la burocracia y los kulaks, fue según la última conclusión de Trotsky, ‘la lucha... por la plusvalía excedente”.

  

Para ilustrar la forma en que el compañero Cliff ha construido su idea, examinemos estas citas en su contexto y veremos como la conclusión que emana es precisamente la contraria de la que él pretende.

  

“El kulak, juntamente con el industrial modesto, trabajaba por la completa restauración del capitalismo. Así se inició la irreconciliable brega alrededor del producto sobrante del trabajo nacional. ¿Quién dispondrá de él en el próximo futuro: la nueva burguesía o la burocracia soviética? Esta fue la inmediata cuestión planteada. Quien disponga del producto sobrante cuenta con el poder del Estado. Así comenzó la lucha entre la pequeña burguesía, que había ayudado a la burocracia a quebrantar la resistencia de las masas obreras y de sus portavoces de la oposición izquierdista, y la misma burocracia termidoriana, que había ayudado a la pequeña burguesía a dominar a las masas agrarias. Era una porfía descarada por el poder y la renta.

  

“Evidentemente, la burocracia no derrotó a la vanguardia proletaria, se libró de las complicaciones de la revolución internacional y legitimó la filosofía de la desigualdad, para rendirse luego a la burguesía y convertirse en criado suyo, y ser acaso desplazada a su vez de la olla del Estado” (León Trotsky, Stalin. Buenos Aires, Editorial El Yunque, 1975, p. 275).

  

Cliff hace que Trotsky parezca un loco, al aparecer contradiciéndose a sí mismo debido a la yuxtaposición de dos citas y, de ahí, que Trotsky estaba cambiando su postura sobre el carácter de clase de la burocracia. Unas pocas páginas más allá, Trotsky explica su idea, demuestra el carácter orgánico de la decadencia del capitalismo en todas partes. Sólo sobre estas bases las fuerzas productivas nacionalizadas se han mantenido en Rusia. La tendencia general de la economía en los últimos cincuenta años a escala mundial ha sido hacia la estatalización de las fuerzas productivas. Los propios capitalistas, en parte, se han visto obligados al “reconocimiento de las fuerzas productivas como fuerzas sociales” (Engels). En realidad, esta es la clave de la explicación de por qué Rusia sobrevivió a la guerra. La desorientación del movimiento que es expresada en el documento deCliff, en gran parte es debida al fracaso en comprender las implicaciones de esta tendencia. En su libro sobre Stalin, Trotsky plantea la posibilidad teórica de que la burocracia continuara gobernando durante algunas décadas.

  

Unas páginas más allá de las citadas por Cliff, Trotsky dice lo siguiente:

  

“La contrarrevolución se inicia cuando comienza a desarrollarse el carrete de las conquistas sociales progresivas. Y este desarrollo no parece tener fin. Pero siempre se conservan algunas de tales conquistas. Así, a despecho de monstruosas deformaciones burocráticas, la base clasista de la URSS continúa siendo proletaria. Pero recordemos que este proceso de desarrollo aún no ha terminado, y que el futuro de Europa y del mundo durante tos próximos decenios no se ha decidido todavía. El Termidor ruso habría abierto indudablemente una nueva era de dominio burgués, si tal dominio no se hubiese desacreditado en todo el mundo. En todo caso, la lucha contra la igualdad y el establecimiento de diferencias sociales muy profundas no ha conseguido hasta ahora eliminar la conciencia socialista de las masas ni la nacionalización de los medios de producción y de la tierra, que fueron las conquistas socialistas básicas de la Revolución” (Ibíd., p. 285).

  

Creemos que esto demuestra suficientemente que Cliff ha tomado una cita del Stalin de Trotsky y la ha sacado fuera de contexto. En su última obra, como en las otras sobre el tema ruso, Trotsky mantuvo una postura consecuente en su caracterización de la Unión Soviética. No es posible sacar la conclusión de ninguno de sus escritos de que él modificase su postura fundamental.

  

  

¿PUEDE HABER LUCHA ENTRE DOS SECTORES DE LA MISMA CLASE? REVOLUCIÓN FRANCESA - REVOLUCIÓN RUSA

  

Para entender la Revolución Rusa podemos tomar la analogía de la Revolución Francesa cuya similitud y rumbo son notables, aunque obviamente diferentes en sus bases económicas. Como es sabido, el dominio de la burguesía en Francia quedó marcado en la revolución de 1789. Marx explica el papel progresista de los Jacobinos revolucionarios: esta dictadura revolucionaria de los sans-culottes fue más lejos que el régimen burgués. Debido a que ellos hicieron una limpieza de todos los desperdicios feudales y lograron en meses lo que para la burguesía hubiese requerido décadas. Esto fue seguido por la reacción termidoriana y la contrarrevolución bonapartista.

  

Cualquiera que compare la contrarrevolución bonapartista con la revolución —al menos en su superestructura—, haría encontrado una enorme diferencia, como entre el régimen de Lenin y Trotsky en Rusia y el de Stalin en los últimos años. Para los observadores superficiales la diferencia entre los dos regímenes era fundamental. Napoleón había reintroducido muchas órdenes, condecoraciones y rangos similares a los del feudalismo; restauró la Iglesia; incluso se coronó a sí mismo Emperador. Fue una contrarrevolución basada en la nueva forma de propiedad introducida por la propia revolución. Las formas de propiedad o relaciones de propiedad burguesas seguían siendo la base de la economía.

  

Cuando estudiamos la historia de Francia, vemos la variedad de formas, gobiernos y superestructuras que se desarrollaron en el transcurso de la lucha de clases. La restauración de la monarquía tras la derrota de Napoleón, las revoluciones de 1830 y 1848, ¿qué lucha de clases había? Existía un reparto diferentede la renta, pero después de todas estas revoluciones, la economía seguía siendo burguesa.

  

La historia posterior de Francia conoció la dictadura de Luis Bonaparte, la restauración de la democracia burguesa y la república, y en los últimos días, el régimen de Petain. En todos estos regímenes había diferencias en la división de la renta nacional entre las clases y diferentes estratos de la propia clase dirigente. Aún así, calificamos a todos estos regímenes como burgueses, ¿Por qué? Sólo puede deberse a la forma de propiedad.

  

Dado el atraso de la Unión Soviética, que Cliff explica muy bien, y el aislamiento de la revolución, ¿por qué no debería ocurrir un proceso similar? En realidad pasó. Volvamos al libro Stalin de Trotsky. El Viejo era muy claro. Tras la cita donde Trotsky muestra que la esencia del termidor no podría ser sino social en su carácter y que era la lucha por el producto excedente, continuó explicando lo que esto significaba. Continuemos donde se detuvo Cliff:

  

“Aquí cesa la analogía con el termidor francés. La nueva base social de la Unión Soviética se hizo intangible. Defender la nacionalización de los medios de producción y de la tierra es ley de vida o muerte para la burocracia, pues tal es el origen social de su posición dominante. Esa era la razón de su lucha contra el kulak. La burocracia podía sostener esta contienda, y resistir hasta el fin, sólo con la ayuda del proletariado. La mejor prueba del hecho de que había hecho recluta de este apoyo fue el alud de capitulaciones por parte de representantes de la nueva oposición. La lucha contra el kulak, la pugna contra el ala de derecha, contra el oportunismo (las consignas oficiales de aquel período), parecieron a los trabajadores y a muchos representantes de la oposición izquierdista como un renacimiento de la dictadura del proletariado y de la revolución socialista. Les advertimosentonces: no se trata solo de lo que se hace, sino también de quien lo hace. En condiciones de democracia soviética, esto es, de autonomía obrera, la lucha contra los kulaks pudiera no haber asumido una forma tan convulsiva, pusilánime y bestial, y haber conducido a un alza general del nivel económico de las masas, a base de industrialización. Pero la lucha de la burocracia contra el kulak era una singular contienda (librada) sobre las espaldas de los trabajadores; y como ninguno de los gladiadores confiaba en las masas, como ambos temían a las masas, la pelea revistió un carácter convulsivo y sanguinario. Gracias al apoyo del proletariado, terminó en victoria para la burocracia. Pero no añadió nada al peso específico del proletariado dentro de la vida política del país. (Ibíd., p. 288. El subrayado es nuestro).

  

  

Cuando Trotsky habla aquí de ‘la creación de un nueve substrato para la dominación económica de clase’ claramente explicaba es el proletariado, que domina mediante la forma de propiedad estatal. Cliff dice: “Uno de los pretendientes al papel de clase económicamente dominante”, dice él, “es la burocracia. Hay que hacer un gran énfasis en esta afirmación...”.Aquí vemos los peligros del método de trabajo basado en ideas preconcebidas y el intento de seleccionar citas para adecuarlas a estas ideas.

  

En este mismo capítulo, Trotsky muestra la similitud y las diferencias con la Revolución Francesa y, por qué, la reacción adoptó una forma diferente en Francia a la que tomó en Rusia:

  

“Los privilegios de la burocracia tienen otra fuente de procedencia. La burocracia se apropió de aquella parte de la renta nacional que pudo asegurarse por el ejercicio de la fuerza o en virtud de su autoridad, o bien por su intervención directa en las relaciones económicas. En cuanto a la producción nacional sobrante, la burocracia y la pequeña burguesía pronto pasaron de la alianza a la enemistad. El dominio del producto sobrante abrió a la burocracia la ruta del poder” (Ibíd., p. 40).

  

El tema para Trotsky está suficientemente claro. La lucha por el producto excedente puede darse no sólo entre diferentes clases, sino también entre diferentes estratos y distintos grupos representando a la misma clase.

  

  

¿FUNCIONA LA LEY DEL VALOR DENTRO DE LA ECONOMÍA RUSA?

  

Toda la parte del documento de Cliff dedicada a la ‘ley del valor’ es poco sólida desde un punto de vista marxista. Del modo más complicado y de una manera peculiar él explica que la ley del valor no se aplica dentro de la economía rusa, pero sí en sus relaciones con el capitalismo mundial. Encuentra la base de la ley del valor, no en la sociedad rusa, sino en el entorno capitalista mundial. “Ahora descubrimos la importancia que tienen las relaciones internas en Rusia cuando las extraemos de la influencia de la economía mundial.

  

“La abstracción ha solucionado una cuestión fundamental: que la fuente de actividad de la ley del valor no se encuentra en las relaciones internas de la propia economía rusa. En otras palabras, esto nos ha llevado muy cerca de solucionar el problema de si la economía rusa está subordinada a la ley del valor mostrándonos donde no buscar su fuente (Cliff, p. 98. El subrayado es nuestro).

  

Según el marxismo, es en el intercambio donde la ley del valor se manifiesta. Y esto se aplica para todas las formas de sociedad. Por ejemplo, la forma en la que se extingue el comunismo primitivo es a través del intercambio y el trueque entre las diferentes comunidades primitivas. Esto llevó al desarrollo de la propiedad privada. En la sociedad esclavista, de la misma forma, los productos del esclavo se convertían en mercancías cuando éstas eran intercambiadas. A través de este proceso, apareció la ‘mercancía de las mercancías’: el dinero. De este modo fue el producto esclavizó al productor y, al final, la contradicción causada por la economía monetaria llevó a la destrucción de la vieja sociedad esclavista. Bajo el feudalismo, el intercambio de la plusvalía producida por los terratenientes y barones autosuficientes en su ‘economía natural’ se convertía en mercancías y, de hecho, fue el principio del desarrollo capitalista mediante el ascenso del capital comercial.

  

Por tanto, si sólo era en el intercambio entre Rusia y el mundo exterior en el que se manifestaba la ley del valor, lo que significaba es que la plusvalía rusa era intercambiada sobre la base de la ley del valor. Qué consecuencias tendría eso para la economía interna es una cuestión diferente que debería ser resuelta.

  

Sin embargo, a causa del pequeño grado de participación de la Unión Soviética en el mercado mundial, en comparación con la producción total de Rusia, Cliff se da cuenta, inevitablemente, de la debilidad de esta afirmación. De este modo, asombrosamente, Cliff encuentra le ley del valor manifestándose no en el intercambio sino en la competencia. Incluso esto no sería tan malo si explicara que esta competencia en el mercado mundial se daba en las líneas capitalistas clásicas para los mercados. Pero no puede defender esto porque discreparía con los hechos. Así que introduce un nuevo concepto. ¡Encuentra su ‘competencia’ y su ‘ley del valor’ en la producción de armamentos!

  

La presión del capitalismo mundial obliga a Rusia a dedicar una gran proporción de los ingresos nacionales a la producción de armamentos y defensa. Cliff encuentra aquí su ley del valor. ¡La ley del valor se manifiesta en la competencia armamentística entre dos sistemas sociales! Esto sólo se puede describir como una concesión a la teoría de Shachtman del colectivismo burocrático. Si esta teoría es correcta, se aplicaría entonces la teoría de la existencia de una economía totalmente nueva, nunca antes vista en la historia ni prevista por el marxismo.

  

Aquí de nuevo tenemos que hacer una advertencia acerca del uso indiscriminado de citas y la amalgama de ideas para formar una ‘tesis’. En realidad este documento no es sobre el capitalismo de Estado, sino que se trata de un híbrido uniendo el colectivismo burocrático y el capitalismo de Estado. Si esta parte del documento de Cliff significa algo en absoluto, llevaría directamente al camino del colectivismo burocrático de Shachtman.

  

Esta idea está en parte tomada de Hilferding2 que sostenía firmemente que la ley del valor no se aplicaba en Rusia y en la Alemania nazi, y que éstas eran formaciones sociales totalmente nuevas. También está basado en un malentendido de algunos pasajes de Imperialismo y Economía Mundial de Bujarin, donde él defendía sobre la base del ‘capitalismo de Estado’ —la unión orgánica de los trust con el capital financiero— y en la que él, junto con Lenin, brillantemente profetizaron una forma de dictadura que más tarde se vio realizada en el fascismo italiano y en el nazismo. No era la propiedad estatal de los medios de producción, sino la fusión del capital financiero con el Estado. De hecho Bujarin escogió como uno de sus ejemplos clásicos de este Estado... EEUU.

  

El argumento del armamentismo corresponde a una categoría mística no económica. En el mejor de los casos, incluso si lo aceptásemos como correcto, sólo explicaría por qué Rusia produce armamentos, pero no cómo o sobre qué bases económicas son producidos los armamentos. Incluso si Rusia fuera un Estado obrero sano, dentro de un cerco imperialista, existiría la absoluta necesidad de producir armamentos y competir en la producción y técnica de armas con los sistemas capitalistas rivales. Pero este argumento sobre los armamentos está completamente equivocado. La mayor parte de la producción en Rusia no es armamentística sino de medios de producción. De nuevo esto podría explicar porque la burocracia está intentando acumular medios de producción a una velocidad frenética, pero no explica nada del sistema económico de la propia producción. Es verdad que probablemente en un Estado obrero sano la acumulación de armas por razones sociales sería más pequeña (política internacionalista y revolucionaria hacia los obreros en otros territorios), pero no obstante esto tendría lugar bajo la presión del imperialismo mundial.

  

Un ritmo más rápido o más lento en el desarrollo de los medios de producción no necesariamente nos dice el método por el que éstos son producidos. Cliff dice que la burocracia está desarrollando los medios de producción debido a la presión del imperialismo mundial. Bien. Sin embargo, todo esto de nuevo lo único que nos dice es por qué el ritmo es más rápido. Desde el punto de vista incluso de la economía política burguesa clásica, el argumento de Cliff es pura evasiva. Simplemente plantea lo que debe ser demostrado.

  

No es casualidad que Trotsky señalara en La revolución traicionada que todo el contenido progresista de la actividad de la burocracia estalinista y su preocupación, fuera el aumento de la productividad del trabajo y la defensa del país.

  

Hemos visto que si la ley del valor sólo se aplica debido a la existencia del capitalismo en la economía mundial, entonces sólo se aplicaría a aquellos productos intercambiados en el mercado mundial. Pero Cliff sostiene dos tesis contradictorias con relación a la economía rusa. Por otro lado dice:

  

“Esto no significa que el sistema de precios en Rusia es arbitrario, dependiente del capricho de la burocracia. La base del precio también aquí son los costes de producción. Si el precio tiene que se utilizado coma una correa de transmisión a través de la cual la burocracia dirige la producción en general, debería acomodarse a su propósito y reflejar tanto como sea posible el coste real, es decir, el trabajo socialmente necesario absorbido en los diferentes productos” (Cliff, p. 94, el subrayado es nuestro).

  

Dos páginas mas allá Cliff describe como el punto central e intenta demostrar:

  

“...en las relaciones económicas dentro de la propia Rusia, no se puede encontrar la autonomía de la actividad económica, la fuente de la ley del valor, actuando” (Cliff. p. 96. El subrayado en el original).

  

En la primera cita, Cliff muestra precisamente el camino en el que la ley del valor se manifiesta internamente en la sociedad rusa. Aunque se abstraiga del mercado mundial, dejando a un lado el efecto recíproco que indudablemente tiene, cuando Cliff dice que ‘el coste real, es decir, el trabajo socialmente necesario absorbido en los diferentes productos’ debe reflejar los precios reales, está diciendo que la misma ley se aplica tanto en la sociedad rusa como en la capitalista. La diferencia es que mientras en la sociedad capitalista se manifiesta a ciegas por las leyes del mercado, en Rusia la actividad consciente juega un papel importante. A este respecto, la segunda cita rechaza abrumadoramente el argumento de Ciiff de que en el capitalismo que existe en Rusia bajo estas condiciones la ley del valor no opera a ciegas, sino que lo hace conscientemente. En la sociedad capitalista, la ley del valor, como él dice, se manifiesta a través de la ‘autonomía de la actividad económica’, por ejemplo, es el mercado el que domina. La primera cita demuestra claramente que el mercado —y este es el punto central— está dentro de unos límites dados determinados y controlados conscientemente y, por tanto, no es capitalismo como lo entienden los marxistas.

  

Cliff dijo antes que la ley del valor no funcionaba en Rusia. Aquí precisamente está demostrando cómo funciona: no en las líneas del capitalismo clásico, sino en las de una sociedad transicional entre el capitalismo y el socialismo.

  

Vemos por tanto que Cliff pretende que Rusia es una sociedad capitalista y encuentra la fuente de la ley básica de la producción de capitalista fuera de Rusia. Ahora, en cualquier sociedad capitalista en la que el fondo de reserva está en manos de la clase capitalista, como Engels explicó:

  

“...si ese fondo de producción y reserva existe efectivamente en manos de los capitalistas, si efectivamente ha surgido por la acumulación de beneficios (prescindiendo aquí por el momento de la renta de la tierra), entonces consiste necesariamente en la acumulación del excedente del producto del trabajo, suministrado por la clase obrera a la clase de los capitalistas, sobre la suma de salarios pagada por la clase de los capitalistas a la clase trabajadora. Pero en este caso, el valor no se determina por el salario, sino por la cantidad de trabajo; la clase trabajadora suministra, pues, a la clase capitalista, en el producto del trabajo, una cantidad de valor mayor que la que recibe como paga en el salario, y entonces el beneficio del capital se explica, como todas las demás formas de apropiación de producto del trabajo ajeno y no pagado, como mero elemento de esta plusvalía descubierta por Marx” (Federico Engels, Anti-Dühring. Madrid, Editorial Crítica, 1978, p. 201).

  

Esto indica que donde existe trabajo asalariado, donde hay acumulación de capital, la ley del valor debe aplicarse, no importa lo complicada que sea la forma en que pueda manifestarse. Además Engels explica en respuesta a las cinco clases de valor de Dühring3 y los ‘costes naturales de producción”, que en El Capital Marx se ocupa del valor de las mercancías y en ‘toda la sección de El Capital que trata del valor no hay ni la más leve indicación de hasta que punto Marx considera la teoría del valor de las mercancías aplicable a otras formas de sociedad’. En este sentido está claro que en la sociedad transicional también: ‘El propio valor no es más que la expresión del trabajo socialmente necesario materializado en un objeto’. Aquí sólo es necesario preguntar: ¿Qué determina el valor de las máquinas, bienes de consumo, etc., producidos en Rusia? ¿Es arbitrario? ¿Qué determina los cálculos de la burocracia? ¿Qué es lo que ellos miden con el precio? ¿Qué determina los salarios? ¿Son pagos salariales por la fuerza de trabajo? ¿Qué determina el ‘dinero’? ¿Qué determina los beneficios de las empresas? ¿Existe el capital? ¿Está abolida la división del trabajo?

  

A estas preguntas Cliff da dos respuestas contradictorias. Por un lado acepta que la ley del valor es sobre la que se desarrollan todos los cálculos y el movimiento de la sociedad rusa. Pero por el otro, él encuentra que la ley del valor sólo se aplica como resultado de la presión del mundo exterior, si bien no explica de una manera seria como ocurre esto.

  

  

EL PAPEL DEL DINERO EN RUSIA

  

Lo sorprendente es que el propio Cliff señala que la burocracia no puede determinar arbitrariamente los precios. Tampoco puede determinar la cantidad de dinero en circulación de manera arbitraria. Y esto ha sido así en toda sociedad donde el dinero (recordemos, la mercancía de las mercancías) ha jugado un papel. Engels trató este problema, preguntando oportunamente a Dühring:

  

“Si el puñal [no importa quien lo maneje, burócrata, capitalista o gobierno. TG] tiene esa virtud económica mágica que le atribuye el señor Dühring, ¿por qué no ha conseguido a la larga ningún gobierno infundir a un dinero malo el ‘valor de distribución’ del dinero bueno o a los assignants el del oro?” (Ibíd., p. 197).

  

En La revolución traicionada, Trotsky explica este problema de una manera muy clara. Muestra que las categorías económicas propias del capitalismo aún permanecen en la sociedad transitoria entre el capitalismo y el comunismo, la dictadura del proletariado. Aquí está la clave: las leyes permanecen, pero son modificadas. Algunas de las leyes del capitalismo se aplican y otras son anuladas. Por ejemplo, Trotsky argumenta:

  

“El papel del dinero en la economía soviética, lejos de haber terminado, debe desarrollarse a fondo. La época transitoria entre el capitalismo y el socialismo, considerada en su conjunto, no exige la disminución de la circulación de mercancías, sino, por el contrario, su extremo desarrollo. Todas las ramas de la industria se transforman y crecen, se crean nuevas incesantemente, y todas deben determinar cuantitativa y cualitativamente sus situaciones recíprocas. La liquidación simultánea de la economía rural que producía para el consumo individual y el de la familia, significa la entrada en la circulación monetaria, de toda la energía de trabajo que se dispersaba antes en los límites de una granja o de las paredes de una habitación. Por primera vez en la historia, todos los productos y todos los servicios pueden cambiarse unos por otros” (León Trotsky, La revolución traicionada. Madrid, Fundación Federico Engels, 1991, p. 94, el subrayado es nuestro).

  

¿Cuál es la clave de este enigma? Sólo se puede encontrar en el hecho de que tenemos una sociedad transitoria. El Estado puede ahora regular, pero no arbitrariamente, sólo dentro de los límites de la ley del valor. Cualquier intento de violarla y pasar más allá de los límites estrictos impuestos por el desarrollo de las fuerzas productivas, inmediatamente termina en la reafirmación de la dominación de la producción sobre el productor. Esto es lo que Stalin tuvo que descubrir con relación al precio y al dinero cuando la economía rusa sufrió una crisis de inflación que distorsionó y desbarató complemente el plan. La ley del valor no es eliminada, sino que es modificada. Esto es lo que Trotsky quería decir cuando escribió:

  

“La nacionalización de los medios de producción, del crédito, la presión de las cooperativas y del Estado sobre el comercio interior, el monopolio del comercio exterior, la colectivización de la agricultura, la legislación sobre la herencia, imponen estrechos límites a la acumulación personal de dinero y dificultan la transformación del dinero en capital privado (usuario, comercial e industrial). Sin embargo, esta función del dinero, unida a la explotación no podrá ser liquidada al comienzo de la revolución proletaria, sino que será transferida, bajo un nuevo aspecto, al Estado comerciante, banquero e industrial universal. Por lo demás, las funciones más elementales del dinero, medida de valor, medio de circulación y de pago, se conservarán y adquirirán, al mismo tiempo, un campo de acción más amplio que el que tuvieron en el régimen capitalista” (Ibíd. p. 94, el subrayado en el original).

  

Sólo hay que plantear el problema en este sentido para ver que cualquier análisis económico debe conducir a la conclusión de que tenemos una sociedad transicional, en la cual se aplican algunas leyes propias al capitalismo y otras propias al socialismo. Después de todo este es el significado de transición.

  

Aunque Cliff no reconoce esto, en realidad lo admite, cuando dice que la burocracia conscientemente regula (aunque dentro de unos límites) la tasa de inversión, las proporciones entre los medios de producción y los medios de consumo, el precio de los artículos de consumo, etc., está demostrando que determinadas leyes básicas del capitalismo no se aplican.

  

¿En Rusia existe transformación de dinero en capital? Polemizando con Stalin, Trotsky responde lo siguiente para demostrar que las inversiones se hacen sobre la base de un plan, pero sin embargo, lo que se invierte es el valor de la plusvalía producida por los trabajadores. Trotsky demuestra la falacia básica de la idea de Stalin de que el Estado podría decidir y regular sin relación a la economía. Deberíamos añadir que Stalin nunca negó que existiera producción de mercancías en Rusia.

  

A pesar del hecho de que sólo hay un ‘patrón’ en Rusia, no obstante, el Estado compra fuerza de trabajo. Es verdad que debido al pleno empleo, que normalmente colocaría al vendedor de la mercancía fuerza de trabajo en una posición fuerte, el Estado ha impuesto algunas restricciones a la venta libre de fuerza de trabajo, como en el período de pleno empleo bajo el fascismo. O incluso en Gran Bretaña, donde existe la misma situación, mediante regulaciones y estratagemas los patronos hacen que el Estado intervenga para compensar las ventajas que resultarán de esta situación para 1a venta de fuerza de trabajo. Pero sólo aquel que argumenta con abstracciones podría afirmar que la fuerza de trabajo está anulada.

  

Es verdad que en la economía capitalista clásica existía venta libre de fuerza de trabajo. No obstante, en El Capital Marx dedicó toda una parte a demostrar las feroces leyes que se introdujeron contra el naciente proletariado después de que la Peste Negra en Inglaterra mermara tanto la población que el proletariado se encontró en una posición favorable para pedir salarios más altos. ¿Esto significaba que las leyes básicas del marxismo no se aplicaban? Al contrario, Marx estaba tratando con un capitalismo ‘puro’, del que sacó las leyes fundamentales. La distorsión de este u otro elemento no modificará las leyes fundamentales. Por eso la Alemania nazi, a pesar de las muchas perversiones, seguía siendo fundamentalmente un sistema de economía capitalista, porque la economía estaba dominada por la producción sobre la base de la propiedad privada.

  

Sólo hay que comparar al trabajador esclavo de Siberia con el proletariado de las ciudades rusas para ver la diferencia. Uno es un esclavo basado en el trabajo esclavo, el otro es un esclavo asalariado. Uno vende su fuerza de trabajo, el otro es sólo un instrumento del propio trabajo. Hay está la distinción fundamental.

  

No es en absoluto accidental que el ‘dinero’ usado por el Estado deba necesariamente tener las mismas bases que el dinero en la sociedad capitalista. No es casualidad, como explicó Trotsky, que el único dinero real en Rusia (o en cualquier economía en transición, incluso en un Estado obrero ideal), deba estar basado en el oro. La reciente devaluación del rublo en Rusia fue en sí misma una notoria confirmación del hecho de que la ley de la circulación del dinero, y así de la circulación de las mercancías, mantenga su validez en Rusia. En una economía en transición las categorías económicas de dinero, valor, plusvalía, etc., deben necesariamente continuar como elementos de la vieja sociedad dentro de la nueva.

  

Cliff argumenta que ‘la fuente más importante de ingresos estatales es el impuesto sobre el volumen de negocios, que es un impuesto indirecto’. Presenta material interesante demostrando las tremendas cargas que el impuesto sobre el volumen de negocios impone a las masas.

  

Sin embargo, el impuesto sobre el volumen de negocios al que se refiere en conexión con la explotación de las masas, en una manera indirecta, demuestra que la ley del valor se aplica en la sociedad rusa. Cliff muestra como el impuesto sobre el volumen de negocios se aplica en Rusia. Pero no comprende que este impuesto debe estar basado en algo. No importa cuanto el Estado pueda añadir al precio introduciendo un impuesto adicional, el precio debe estar basado en algo: ¿Que otra cosa puede ser sino el valor del producto, el trabajo socialmente necesario contenido en él?

  

Engels ridiculizó el impuesto de Dühring, fuera del cual la plusvalía es desarrollada, cuando él dice:

  

“... o bien los supuestos gravámenes y tributos representan una suma de valor real, a saber, una suma producida por la clase trabajadora y productora de valor, pero que se apropia la clase de los monopolistas; esa suma de valor consta entonces de trabajo no pagado; en este caso, a pesar del hombre con el puñal en la mano, a pesar de los supuestos tributos y del supuesto valor de distribución, nos encontramos con la teoría marxiana de la plusvalía” (Ibíd., p. 196).

  

El impuesto sobre el volumen de negocios en Rusia y las demás manipulaciones de la burocracia, de ninguna manera invalidan la ley del valor. ¿Cuál es la esencia de la ley del valor? El valor del producto está determinado por la cantidad media de tiempo de trabajo socialmente necesario. Ese debe ser el punto de partida. Esto necesariamente se manifiesta a través del intercambio. Marx dedicó una gran parte de su primer volumen de El Capital a explicar el desarrollo histórico de la clase de mercancía, desde el cambio casual entre salvajes mediante sus transiciones, hasta llegar a la producción de mercancías por excelencia, la producción capitalista.

  

Incluso en una economía capitalista clásica, la ley del valor no se revela directamente. Como ya es sabido, las mercancías se venden por encima o por debajo de su valor. Sólo involuntariamente la mercancía se venderá por su valor real. En el tercer volumen de El Capital, Marx explica el precio de producción de las mercancías. Es decir, el capitalista sólo consigue el coste de producción de sus mercancías más la tasa media de beneficio. De este modo, algunos capitalistas cobrarán por debajo de la tasa real y otros por encima. Debido a la diferente composición orgánica de los distintos capitales, la ley del valor sólo se manifiesta de esta complicada manera. Esto se efectúa, desde luego, a través de la competencia. El monopolio es sólo una evolución más complicada de la ley del valor en la sociedad. Debido a la posición dominante conseguida por algunos monopolios, no sólo pueden obtener un precio por encima del valor de las mercancías, sino que también pueden vender otras mercancías por debajo de su valor. Pero los valores totales producidos por la sociedad seguirían aún siendo los mismos.

  

  

¿HABÍA PLUSVALÍA ANTES DE 1928? LA DIVISIÓN ARBITRARIA DE CLIFF

  

A este respecto, Cliff no es del todo coherente. Shachtman, en su intento de negar que Rusia es una sociedad en transición donde las leyes capitalistas continúan funcionando, además de las leyes de la futura sociedad, al menos lo argumenta consistentemente. Dice que la ley del valor no funciona y, por tanto, tampoco lo hacen todas las leyes que emanan de ella. No es plusvalía lo que se produce, sino producto excedente; no es fuerza de trabajo lo que venden los trabajadores, ya que ellos son esclavos, etc., Cliff, sin embargo, admite que la producción de mercancías continúa, que la fuerza de trabajo y la plusvalía permanecen. Pero una vez que estas categorías marxistas son aceptadas como válidas para la sociedad rusa, entonces evidentemente la ley del valor debe funcionar internamente, sino toda la posición se convierte en un disparate.

  

Toda la contradicción, una contradicción dentro de la propia sociedad y no impuesta arbitrariamente, es el concepto de la dictadura del proletariado. Si se considera el problema en abstracto, se puede comprobar que este es un fenómeno contradictorio: la abolición del capitalismo y sin embargo la continuación de las clases. El proletariado no desaparece, se eleva a la posición de clase dirigente y suprime a la clase capitalista. Pero en el transcurso de este período la clase obrera permanece. Por tanto, el producto excedente se produce en forma de plusvalía, tanto hoy como lo fue con Lenin y Trotsky.

  

Sólo hay que plantear el problema: ¿Qué era la plusvalía producida cuando Rusia era aún un Estado obrero, aunque con deformaciones burocráticas? ¿Cuál fue el proceso mediante el cual el producto excedente antes de 1928 misteriosamente se convertiría en plusvalía después de 1928? ¿Cuál fue este curioso e inexplicable proceso? Nos gustaría hacer la siguiente pregunta: ¿La existencia de capitalismo fuera de Rusia antes de 1928 tuvo un efecto similar sobre la economía de Rusia? Desde luego. De hecho, un efecto mayor debido a la debilidad de la economía

  

Más lejos aún, dejando a un lado el período de 1917 a 1923, ¿cuál fue la situación de 1923 a 1928 cuando la burocracia se estaba consolidando? Entonces existían aún más elementos capitalistas individuales en la economía del país de los que hoy existen. La presión del capitalismo mundial desde un punto de vista económico era indiscutiblemente mayor. Sólo con plantear el problema se demuestra la arbitrariedad del método.

  

El abuso de poder, el consumo legal e ilegal de plusvalía por parte de la burocracia, necesariamente tuvo lugar incluso en las primeras etapas del control burocrático. El compañero Cliff ha construido un esquema sin cuerpo, que no guarda relación con la realidad, para hacer una distinción entre los dos períodos: el período en el que la burocracia representaba a un Estado obrero degenerado y el período en el que la burocracia se convierte en clase capitalista. ¿Cuál es la diferencia según Cliff? Por muy increíble que pueda parecer, la burocracia realmente ganó sus ingresos y sólo desde 1928 en adelante, consumía plusvalía. Cliff escribe:

  

“Las estadísticas que tenemos a nuestra disposición muestran concluyentemente que aunque la burocracia tuvo una posición privilegiada en el período precedente al Plan Quinquenal, bajo ningún concepto puede decirse que recibió plusvalía del trabajo de otros. Se puede decir concluyentemente, que con la introducción del Plan Quinquenal, los ingresos de la burocracia consistían en gran medida de plusvalía” (p. 45).

  

Esto es una variación con el análisis hecho no sólo por Trotsky sino también por otros marxistas de la época en relación a este problema. Lo primero de todo, incluso en el más ideal de los Estados obreros, es que en el período transitorio inevitablemente existirá un cierto consumo de plusvalía por los especialistas y los burócratas. De no ser así, tendríamos la introducción inmediata del comunismo,sin desigualdades o la continuación de la división entre el trabajo intelectual y el manual. Sólo hace falta hacer referencia aquí a lo que planteaba la Oposición de Izquierdas sobre este mismo problema. Al comienzo de 1927, la Oposición de Izquierdas comentó la enorme parte de la plusvalía que estaba siendo consumida por el aparato burocrático. Protestaron por que “el privilegiado e inflado aparato administrativo está devorando una parte muy considerable de la plusvalía” (ver La revolución traicionada).

  

Está claro que desde 1920 en adelante, la burocracia consumía una gran parte de la plusvalía, legítima e ilegítimamente. Como Marx explicó, en cualquier caso, en un Estado obrero en el período transitorio, la plusvalía será utilizada para construir rápidamente la industria y así preparar el camino para una transición, lo más rápida posible, hacia la igualdad y después completar el comunismo.

  

¿De qué otra cosa estaba hablando Lenin en 1920 y 1921 cuando subrayaba el paso atrás que los bolcheviques se habían visto obligados a dar, cuando pagaban a los especialistas conforme a las normas burguesas y al ‘viejo modo burgués’?

  

  

LAS ECONOMÍAS EN TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO AL SOCIALISMO

  

Lo más significativo de todas las tendencias que buscan revisar la postura de Trotsky sobre la cuestión rusa, es que siempre se ocupan del problema en abstracto y nunca explican concretamente las leyes de la sociedad transitoria entre capitalismo y socialismo, y como funcionaría esta sociedad. Esto no es accidental. Un estudio concreto del problema les llevaría a la conclusión de que la economía fundamental en Rusia es la misma que bajo Lenin y no podría ser de otro modo.

  

El germen del modo capitalista de producción, el cual comenzó bajo el feudalismo a través del desarrollo de la producción de mercancías, reside en la función de los artesanos y comerciantes independientes. Cuando alcanza una cierta etapa tenemos relaciones capitalistas con una superestructura feudal. Ésta estalla en pedazos con la revolución y entonces las posibilidades latentes de la producción capitalistas tienen la posibilidad de liberarse de las restricciones feudales.

  

La esencia de la revolución (capitalista y proletaria) consiste en el hecho de que las viejas relaciones y las antiguas formas no se corresponden con el nuevo modo de producción ya maduro. Para librarse de estas restricciones, las fuerzas productivas tienen que organizarse sobre una base diferente y toda la historia humana y su movimiento, consiste en el desarrollo de este antagonismo en sus diversas etapas en diferentes sociedades.

  

Sin embargo, la revolución burguesa no destruye inmediatamente y de golpe el feudalismo. Aún permanecen elementos feudales poderosos, incluso al día de hoy existen aún vestigios del feudalismo en países capitalistas sumamente desarrollados.

  

Se puede hablar de modo de producción feudal en el sentido de la superestructura, pese a las bases capitalistas que se han desarrollado por abajo. O se puede hablar incluso de modo de producción feudal en su principio donde los gérmenes del capitalismo y la posibilidad de desarrollo del capitalismo se podrían discernir levemente.

  

El error fundamental de esta teoría del ‘capitalismo de Estado’ y sus abstracciones relacionadas con el período en transición, residen en el fracaso a la hora de distinguir entre el modo de producción y el modo de apropiación. En cada sociedad clasista hay explotación y plusvalía que es utilizada por la clase explotadora. Pero esto en sí mismo no nos dice nada acerca del modo de producción.

  

Por ejemplo, el modo de producción bajo el capitalismo es social en contradicción con la forma individual de apropiación. Como Engels explicó:

  

“Así se consumaba la división entre los medios de producción, concentrados en las manos de los capitalistas, y los productores reducidos a la propiedad exclusiva de su fuerza de trabajo. La contradicción entre producción social y apropiación capitalista [léase individual o privada, como Engels ya había explicado, TG] se manifiesta como contraposición entre el proletariado y la burguesía” (Engels, Anti-Dühring, p. 282).

  

La economía en transición que, como Lenin señaló, puede y variará enormemente en diferentes países y distintos momentos, e incluso en el mismo país en diferentes momentos, también tiene un modo social de producción, pero con apropiación estatal y no con apropiación individual como bajo el capitalismo. Esta es una forma que combina características tanto socialistas como comunistas.

  

Bajo el capitalismo, el sistema de producción de mercancías por excelencia, el producto domina completamente al productor. Esto proviene de la forma de apropiación, y la contradicción entre la forma de apropiación y el modo de producción: ambos factores proceden de la propiedad privada de los medios de producción. Una vez conseguida la propiedad estatal, cualquiera que fuera el sistema resultante, no puede ser capitalismo, porque esta contradicción básica habrá sido eliminada. El carácter anárquico de la producción social con la apropiación privada desaparece.

  

Bajo el socialismo también, existirá un modo social de producción pero también habrá un modo social de distribución. Por primera vez la producción y la distribución estarán en armonía.

  

Por tanto, simplemente con señalar las características capitalistas en Rusia hoy, (trabajo asalariado, producción de mercancías, consumo de una gran parte de la plusvalía por la burocracia), no es suficiente para decirnos la naturaleza del sistema social. Aquí también es necesaria una visión global. Sólo se pueden entender las relaciones sociales en la Unión Soviética tomando la totalidad de las relaciones. Desde el mismo inicio de la revolución varias escuelas sectarias han elaborado las ideas más insostenibles como resultado de su fracaso al hacer un análisis.

  

“¿Pero qué significa la palabra ‘transición’?. ¿Significa, aplicada a la economía, que el orden actual contiene elementos, partículas, pedazos tanto del capitalismo como del socialismo? Todos admitirán que es así. Pero no todos los que admiten esto tienen la preocupación de examinar la naturaleza exacta de los elementos que constituyen las distintas formas socioeconómicas que existen en Rusia actualmente. Y aquí está el meollo de la cuestión” (Lenin, Left wing childshness and the petty-bourgeois mentality. Obras Completas, Volumen 27, p. 335, en el original en inglés).

  

Abstraer una parte conduce al error. Lo que da vueltas sobre el fenómeno ruso es precisamente el carácter contradictorio de la economía. Esto además se ha agravado por el atraso y aislamiento de la Unión Soviética. Esto culmina en el régimen totalitario estalinista y las peores características del capitalismo quedan en evidencia—las relaciones entre directores y hombres, trabajo a destajo, etc.—. En lugar de analizar estas contradicciones, el compañero Cliff se esfuerza todo lo posible por tratar de encajarlas en el patrón de las leyes ‘normales de producción capitalista’.

  

Además la tendencia baja el capitalismo para las fuerzas productivas, no sólo es su centralización sino incluso llevar adelante medidas de estatalización, y esto puede llevar a una conclusión equivocada. Para probar que ‘el capitalismo de Estado’ en Rusia es en última instancia el mismo capitalismo individual y con las mismas leyes, Cliff cita el siguiente pasaje de Anti-Dühring:

  

“Cuantas más fuerzas productivas asume [el Estado], tanto más se hace capitalista total y tantos más ciudadanos explota. Los obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se supera la relación capitalista, sino que, más bien, se exacerba. Pero en el ápice se produce la mutación. La propiedad estatal de las fuerzas productivas no es la solución del conflicto, pero lleva ya en sí el medio formal, el mecanismo de la solución” (Ibíd., p. 289).

  

En realidad, Engels está diciendo precisamente lo contrario. Reexaminemos los pasajes y veamos cómo extraemos diferentes conclusiones:

  

Si las crisis descubren la incapacidad de la burguesía para seguir administrando las modernas fuerzas productivas, la transformación de las grandes organizaciones de la producción y el tráfico en sociedades anónimas y en propiedad del Estado muestra que la burguesía no es ya imprescindible para la realización de, aquella tarea. Todas las funciones sociales de los capitalistas son ya desempeñadas por empleados a sueldo. El capitalista no tiene ya más actividad social que percibir beneficios, cortar cupones y jugar a la bolsa, en la cual los diversos capitalistas se arrebatan los unos a los otros sus capitales. Si el modo de producción capitalista ha desplazado primero a trabajadores, ahora está haciendo lo mismo con los capitalistas, lanzando a éstos, como antes a muchos trabajadores, a engrosar la población superflua, aunque no, por el momento, el ejército industrial de reserva.

  

“Pero ni la transformación en sociedades anónimas ni la transformación en propiedad del Estado suprimen la propiedad del capital sobre las fuerzas productivas. En el caso de las sociedades anónimas, la cosa es obvia. Y el Estado moderno; por su parte, no es más que la organización que se da la sociedad burguesa para sostener las condiciones generales externas del modo de producción capitalista contra ataques de los trabajadores o de los capitalistas individuales. El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, un Estado de los capitalistas: el capitalista total ideal. Cuantas más fuerzas productivas asume en propio, tanto más se hace capitalista total, y tantos más ciudadanos explota. Los obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se supera la relación capitalista, sino que, más bien se exacerba. Pero en el ápice se produce la mutación. La propiedad estatal de las fuerzas productivas no es la solución al conflicto, pero lleva ya en sí el medio formal, el mecanismo de la solución” (Ibíd., pp. 289-290, el subrayado es nuestro).

  

La idea antes mencionada está clara. En la medida que las fuerzas productivas se han desarrollado ahora más allá del marco de las relaciones capitalistas (es decir, el germen de la contradicción que ha crecido hasta convertirse en una enfermedad maligna del sistema social, reflejándose a través de las crisis), los capitalistas están obligados a ‘socializar’ grandes medios de producción, primero a través de sociedades anónimas y más tarde, incluso ‘estatalizar’ sectores de las fuerzas productivas. Esta idea particular fue expresada claramente por Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo, donde demostraba que el desarrollo de los monopolios y la socialización del trabajo eran de hecho elementos del nuevo sistema social dentro del viejo.

  

Una vez que las fuerzas productivas han alcanzado esta etapa, el capitalismo ya ha realizado su misión histórica y debido a esto la burguesía se hace más y más innecesaria. De ser una necesidad para el desarrollo de las fuerzas de producción, ahora es ‘innecesaria’ y ‘parasitaria’. Se transforman en parásitos de la misma manera y por la misma razón que los señores feudales se convirtieron también en ‘parásitos’ una vez completada su misión.

  

Esto es simplemente un indicio de la madurez del capitalismo para la revolución social. Marx en El Capital  demostró que el crédito y las sociedades anónimas eran ya una señal de que las fuerzas productivas habían rebasado los límites de la propiedad privada. Engels había demostrado que las fuerzas productivas sociales obligan a los capitalistas a reconocer su carácter como fuerzas productivas sociales y no sólo individuales.

  

Donde quiera que sea, el Estado capitalista está obligado a tomar posesión de uno u otro sector de la economía, pero las fuerzas productivas no pierden su carácter como capital. Lo esencial del problema es que donde tenemos estatalización completa, es decir cambios cuantitativos en cualitativos, el capitalismo cambia en su contrario.

  

Engels lo explica de otra manera: ‘Pero en el ápice se produce la mutación (de las relaciones capitalistas)’. ¿Si la propiedad estatal de las fuerzas productivas no es la solución al conflicto, contiene en sí los medios formales y la clave para la solución?

  

Si se tiene en cuenta el hecho de que a esto sigue el pasaje citado previamente en la misma sección, en el que Engels define el modo capitalista de producción (como producción social, apropiación individual), si aceptásemos las conclusiones de Cliff deberíamos concluir que Engels se contradice a sí mismo. Pero en su contexto, lo que Engels quiere decir está claro. Explica que la solución a las contradicciones del capitalismo reside en el reconocimiento de la naturaleza social de las fuerzas productivas modernas: ‘por tanto, el modo de producción, apropiación e intercambio de acuerdo con el carácter social de los medios de producción’. Pero él demuestra que este ‘reconocimiento’ precisamente consiste en hacer valer la planificación y organización conscientes, en lugar de toques ciegos de las fuerzas del mercado sobre las bases de la propiedad individual. Sin embargo, esto no se puede hacer de golpe. El control social se puede hacer sólo ‘de manera gradual’. La forma transitoria hacia esto es la propiedad estatal. Pero una vez conseguida la propiedad estatal no se eliminan todas las características del capitalismo, si no sería propiedad social, es decir, se introduciría inmediatamente el socialismo.

  

De la misma forma que en el desarrollo de la sociedad tenemos el nuevo dentro del viejo sistema, en la sociedad en transición tenemos aún lo viejo dentro de lo nuevo. La estatalización total marca el límite extremo del capital. La relación capitalista se transforma en su contrario. Los elementos de la nueva sociedad que estaban creciendo dentro de la vieja, ahora se hacen dominantes.

  

Lo que causa el conflicto dentro del capitalismo es que las leyes se manifiestan ciegamente. Pero una vez que el conjunto de la industria es nacionalizada, por primera vez el control y la planificación pueden ser ejercidos conscientemente por los productores. El control y la planificación, sin embargo, en sus primeras etapas, tendrán lugar dentro de unos límites determinados. Esos límites estarán determinados en el nuevo orden social por el nivel tecnológico existente.

  

La sociedad no puede pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad de la noche a la mañana. Sólo sobre las bases de un desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, la libertad, en el más pleno sentido, se hará realidad. Se alcanzará la etapa en la que se establecerá la ‘administración de las cosas’. Antes de que se consiga esta etapa, la sociedad debe pasar a través del período de transición. Pero una vez abolida la propiedad privada, inmediatamente el control y la planificación se convierten en una posibilidad real y, por vez primera, también se deja atrás el reino de la necesidad. Ahora es posible hablar de ‘libertad’, pero ésta sólo en el sentido de que la necesidad es conscientemente reconocida. En esta etapa (el período de transición) Engels destacaba:

  

“Con eso el carácter social de los medios de producción y de los productos —que hoy se vuelve contra los productores mismos, rompe periódicamente el modo de producción y de intercambio y se impone sólo, violenta y destructivamente, como ciega ley natural— será utilizado con plena consciencia por los productores, y se transformará, de causa que es de perturbación y hundimiento periódico, en la más poderosa palanca de la producción misma.

  

“Las fuerzas activas en la sociedad obran exactamente igual que las fuerzas de la naturaleza —ciega, violenta, destructivamente—, mientras no las descubrimos ni contamos con ellas Pero cuando las hemos descubierto, cuando hemos comprendido su actividad, su tendencia, sus efectos, depende ya sólo de nosotros el someterlas progresivamente a nuestra voluntad y alcanzar por su medio nuestros fines. Esto vale muy especialmente en las actuales gigantescas fuerzas productivas” (Ibíd., p. 290, el subrayado es nuestro).

  

Engels, citando a Hegel, hizo un resumen de las relaciones entre libertad, necesidad y el período transitorio:

  

“La libertad es la realización de la necesidad. La ‘necesidad’ está ciega sólo en la medida en que ésta no es entendida” (Ibíd., p. 136).

  

Marx y Engels sólo aludieron al carácter contradictorio del período de transición. Dejaron su elaboración para las siguientes generaciones, apuntaron las leyes generales. Pero sí que demostraron la necesidad de la propiedad estatal como el Estado transitorio necesario para el desarrollo de las fuerzas productivas. Engels explicó la necesidad del Estado durante esta etapa por dos razones:

  

1) Tomar medidas contra la antigua clase dirigente.

2) Porque la sociedad en transición no puede garantizar inmediatamente lo necesario para todos.

  

La lógica de la tesis de Cliff es que en la sociedad de transición no hay vestigios de capitalismo en la economía interna. Aunque el compañero Cliff pudiera argumentar vehementemente que él está de acuerdo con la necesidad del Estado en el período de transición, es evidente que él no ha encontrado las razones económicas que hacen el Estado y el carácter que asume necesarios durante este período. Antes de que pueda ser introducido el socialismo, debe necesariamente haber un tremendo desarrollo de las fuerzas productivas, muy superior al logrado bajo el capitalismo

  

Como explicó Trotsky, incluso en EEUU no hay aún suficiente producción para garantizar la introducción inmediata del socialismo. Por tanto, tendrá que haber aún, un período durante el cual las leyes capitalistas funcionen de una forma moderada. Por ejemplo, en EEUU, este período sería de corta duración. Pero no sería posible saltar por completo esta etapa. ¿Cuáles son las leyes capitalistas que permanecerían? El compañero Cliff no sólo falla al responder a esto, sino que cae en la trampa del colectivismo burocrático, por que no reconoce que el dinero, la fuerza de trabajo, la existencia de la clase obrera, la plusvalía, etc., son aún vestigios del viejo sistema capitalista que sobrevivieron incluso bajo el régimen de Lenin. Es imposible introducir inmediatamente la producción y la distribución social. Y particularmente este era el caso en la Rusia atrasada.

  

En una carta a Conrad Schmidt en 1890, Engels dio un magnifico ejemplo de la aproximación materialista al problema de la economía de la transición del capitalismo al comunismo:

  

“También en la Volks-Tribüne ha habido una discusión acerca de si la distribución de los productos en la sociedad futura se hará de acuerdo con la cantidad de trabajo o de otra manera. La cuestión ha sido enfocada desde un punto de vista muy ‘materialista’, en oposición a ciertas frases idealistas sobre la justicia. Pero, por extraño que esto parezca, a nadie se le ocurrió pensar en que el modo de distribución depende esencialmente de la cantidad de productos a distribuir, y que esta cantidad varía, naturalmente, con el progreso de la producción y de la organización social y que, por tanto, tiene que cambiar también el modo de distribución. ‘Sin embargo, para todos los que han participado’ en la discusión, la ‘sociedad socialista’ no es algo que cambia y progresa continuamente, sino algo estable, algo fijo de una vez para siempre, por lo que también debe tener un modo de distribución fijo de una vez para siempre. Razonablemente, lo único que se puede hacer es: 1) tratar de descubrir el modo de distribución que se haya de aplicar al principio, y 2) tratar de establecer la tendencia general que habrá de seguir el desarrollo ulterior. Pero acerca de esto no encuentro ni una sola palabra en toda la discusión” (Federico Engels, Carta a Conrad Schmidt, en Obras Escogidas de Marx y Engels. Moscú, Editorial Progreso, 1981, Volumen III, p. 511).

  

En Anti-Dühring, Engels señaló:

  

“La producción directamente social, igual que la distribución inmediatamente social, excluyen todo intercambio de mercancías, también, por tanto, la transformación, de los productos en mercancías (al menos, en el interior de la comunidad), y con ello, también su transformación en valores” (op. cit., p. 319, el subrayado es nuestro).

  

Pero sólo el socialismo puede realizar esto. En el período de transición, la distribución aún permanece de una manera indirecta —sólo gradualmente la sociedad obtiene el control total sobre el producto— y, por tanto, la producción de mercancías y el intercambio entre los diferentes sectores de la producción ocurre necesariamente. La ley del valor se aplica y debe aplicarse hasta que los productores tengan acceso directo al producto. Esto sólo puede ocurrir con el completo control de la producción y de este modo la distribución social directa, es decir, cada individuo toma aquello que necesita.

  

Marx se ocupó de este problema en el Volumen III de El Capital, (capítulo 49), donde trata el problema de la producción capitalista en su conjunto:

  

“Según esto, una parte de la ganancia y, por tanto, también de la plusvalía y, por consiguiente, también del plusproducto en que se representa (desde el punto de vista del valor) solamente el trabajo nuevamente añadida, sirve de fondo de seguro... Es también la única parte de la plusvalía y del plusproducto, esto es, del plustrabajo, que tendría que seguir existiendo tras la abolición del modo capitalista de producción, además de la parte destinada a la acumulación, esto es, la ampliación del proceso de reproducción... y el hecho de que todo capital nuevo surja de la ganancia, la renta del suelo o de otras formas da renta, es decir, del plustrabajo, conduce a la idea falsa de que todo valor de las mercancías proviene de la renta” (Carlos Marx, El Capital. Madrid, Editorial Akal, Volumen III, capítulo 49, p. 309).

  

En este capítulo Marx realiza un análisis del proceso de producción, en sus propias palabras, ‘el valor de la suma total del fruto del trabajo (que), está en discusión, en otras palabras, el valor de la suma total del capital social’.

  

Repitiendo esto en el mismo capítulo, en respuesta a Storch, un economista burgués, decía lo siguiente:

  

“En primer lugar, es una abstracción falsa considerar a una nación cuyo modo de producción se basa en el valor y que además está organizada capitalistamente, como un cuerpo que trabaja para las necesidades nacionales.

  

“En segundo lugar, tras la supresión del modo capitalista de producción, pero conservando la producción social, seguirá predominando la determinación del valor en el sentido de que serán más esenciales que nunca la regulación del tiempo de trabajo y la distribución del trabaja social entre los distintos grupos de producción y, finalmente, la contabilidad sobre todo esto” (Ibíd., p. 314)

  

Esto está en la línea de los comentarios dispersos hechos por Marx y Engels en varías ocasiones con relación al período de transición: donde Engels explica que bajo el capitalismo las sociedades anónimas y la propiedad estatal están fuera del marco propiamente hablando de la producción capitalista; donde Marx ya señaló que el crédito también extiende la producción más allá de su marco incluso antes de la transición a la dictadura del proletariado. Tras eso, como demuestran los pasajes de arriba y también en la Crítica del Programa de Gotha, Marx consideraba que la ley burguesa, la distribución burguesa y en ese sentido el Estado burgués aún permanecen.

  

Discutiendo el papel del dinero y el Estado en el período de transición, Trotsky desarrolló esta idea inclusa más allá:

  

“Los dos problemas, el del Estado y el del dinero, tienen diversos aspectos comunes, pues se reducen ambos, a fin de cuentas, al problema de problemas que es el rendimiento del trabajo. La imposición estatal y la imposición monetaria son una herencia de la sociedad dividida en clases, que no puede determinar las relaciones entre los hombres más que ayudándose de fetiches religiosos o laicos, a los que coloca bajo la protección del más temible de ellos, el Estado —con un gran cuchillo entre los dientes—. En la sociedad comunista, el Estado y el dinero desaparecerán y su agonía progresiva debe comenzar en el régimen soviético. No se podrá hablar de victoria real del socialismo más que a partir del momento histórico en que el Estado sólo lo sea a medias y en que el dinero comience a perder su poder mágico. Esto significará que el socialismo, liberándose de los fetiches capitalistas, comenzará a establecer relaciones más límpidas, más libres y más dignas entre los hombres.

  

“Los postulados de ‘abolición’ del dinero, de ‘abolición’ del salario, o de ‘eliminación’ del Estado y de la familia, característicos del anarquismo, sólo pueden presentar interés como modelos de pensamiento mecánico. El dinero no puede ser ‘abolido’ arbitrariamente, no podrían ser ‘eliminados’ el Estado y la familia; tienen que agotar antes su misión histórica, perder su significado y desaparecer. El fetichismo y el dinero sólo recibirán el golpe de gracia cuando el crecimiento ininterrumpido de la riqueza social libre a los bípedos de la avaricia por cada minuto suplementario de trabajo y del miedo humillante por la magnitud de sus raciones. Al perder su poder para proporcionar felicidad y para hundir en el polvo, el dinero se reducirá a un cómodo medio de contabilidad para la estadística y para la planificación; después, es probable que ya no sea necesario ni aun para esto. Pero estos cuidados debemos dejarlos a nuestros biznietos, que seguramente serán más inteligentes que nosotros.

  

“La nacionalización de los medios de producción, del crédito, la presión de las cooperativas y del Estado sobre el comercio interior, el monopolio del comercio exterior, la colectivización de la agricultura, la legislación sobre la herencia, imponen estrechos límites a la acumulación personal de dinero y dificultan la transformación del dinero en capital privado (usuario, comercial e industrial). Sin embargo, esta función del dinero, unida a la explotación no podrá ser liquidada al comienzo de la revolución proletaria, sino que será transferida, bajo un nuevo aspecto, al Estado comerciante, banquero e industrial universal. Por lo demás, las funciones más elementales del dinero, medida de valor, medio de circulación y de pago, se conservarán y adquirirán, al mismo tiempo, un campo de acción más amplio que el que tuvieron en el régimen capitalista” (Trotsky, La revolución traicionada, pp. 93-94).

  

En resumen. Antes de que la propiedad privada de los medios de producción sea abolida, el mercado es dominante sobre el hombre que está indefenso ante las leyes de la economía que él mismo ha creado. Tras su abolición, el hombre comienza por primera vez a tomar el control consciente. Pero la conciencia aquí sólo significa elreconocimiento de la ley, no la abolición de la ley. Esta es una peculiaridad del período de transición, porque el hombre ahora entiende la naturaleza de las fuerzas productivas, hasta el punto de ejercer el control sobre ellas, pero no puede transcender a los límites del desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, ahora que las fuerzas productivas han sido liberadas de las trabas de la producción capitalista individual, pueden ser desarrolladas a un ritmo y con tal expansión que muy rápidamente pueden ser transformadas, de la propiedad estatal como forma intermedia, a la propiedad social por parte de la sociedad. Una vez ha sido lograda esta etapa (socialismo), entonces hay producción y distribución real por primera vez. El dinero se difumina, la ley del valor se desvanece, el Estado se diluye. En otras palabras, todas las fuerzas restrictivas que eran un reflejo necesario de los límites de la técnica y el desarrollo de la producción en una etapa determinada, ahora desaparecen con la desaparición de la división del trabajo. Hasta que llegue ese momento, todas las características señaladas arriba, características capitalistas heredadas de la vieja sociedad capitalista, persisten durante el período de transición.

  

La postura del compañero Cliff en relación al período de transición es de desconcierto, al igual que la de Shachtman y todos los demás que han intentado revisar la postura de Trotsky sobre Rusia. Y por muy buenas razones. Si se considera la teoría del período de transición a la luz de la experiencia rusa, sólo hay una de dos conclusiones posibles: o Rusia hoy es aún un Estado en transición, que ha sufrido horribles distorsiones, o Rusia fue un Estado obrero desde su inicio. No hay más alternativas.

  

  

LA TEORÍA MARXISTA DEL ESTADO. DOS CLASES, UN ESTADO. LA CONTRADICCIÓN DE CLIFF

  

En el primer capítulo de su trabajo, el compañero Cliff se esfuerza por demostrar que el análisis de Trotsky sobre el Estado ruso contradice la teoría del Estado desarrollada por Marx y elaborada por Lenin.

  

El primer capítulo contiene un esquema elaborado para demostrar que dos clases no pueden usar una misma maquinaria estatal. Cliff cree que ha encontrado un error fundamental en Trotsky, tomando las ideas desarrolladas por el Viejo en diferentes momentos y en distintas circunstancias, las contrapone entre sí. Toma, por ejemplo, una cita de Trotsky de las primeras etapas de la degeneración de la burocracia y la expulsión de la Oposición de Izquierdas, cuando él defendía la reforma del Estado soviético y, a propósito, también por la reforma del Partido Bolchevique que controlaba el Estado. (Fue en esta etapa cuando Trotsky escribió la Carta al CC del PCUS exigiendo que Stalin fuese destituido). Quién podía negar que los acontecimientos internacionales se desarrollaran de una manera diferente a la esperada. ¿Era posible, teóricamente, que el Partido Bolchevique expulsara a la burocracia y restableciera un Estado obrero sano? Cliff contrapone a esto la cita de La revolución traicionada en la que Trotsky dice que si los trabajadores de Rusia llegasen al poder, purgarían el aparato estatal, y si la burguesía llegara al poder ‘una purga del aparato del Estado sería, desde luego, también necesaria en este caso. Pero una restauración burguesa probablemente tendría que limpiar menos gente que un partido revolucionario’. Cliff responde a esto:

  

“Si aceptamos que el proletariado debe hacer pedazos la máquina del Estado que existe al llegar al poder, mientras que la burguesía sí puede usarlo, o si aceptamos que ni el proletariado, ni la burguesía pueden usar el aparato estatal existente (la ‘purga del aparato del Estado necesariamente implica un profundo cambio que transformaría la cantidad en calidad’), ante ambas suposiciones debemos llegar a la conclusión de que Rusia no es un Estado obrero. Aceptar que el proletariado y la burguesía pueden usar la misma maquinaria estatal como instrumento de supremacía es equivalente a justificar la base teórica de la democracia y a repudiar el concepto revolucionario de Estado expresado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Aceptar que las diferentes capas, grupos o partidos de una e igual clase no pueden basarse en la misma maquinaria estatal es igual a rechazar el concepto marxista del Estado” (Cliff, p. 4).

  

Todo este método formalista es la causa de la debilidad de Cliff. Habría sido posible para Trotsky en las primeras etapas tratar el problema en abstracto. Pero tuvo que ocuparse de la situación en concreto y dar una respuesta concreta. Una vez aceptada la imposibilidad de reformar el partido estalinista, la imposibilidad de reformar el Estado soviético (suponemos que Cliff también cree que ésta era la tarea hasta 1928 al decir que Rusia era un Estado obrero degenerado), entonces toda la cuestión debe ser examinada desde una óptica diferente. Es ajeno al método marxista buscar contradicciones aisladas, reales o aparentes. Lo que hace falta es un examen de una teoría en su desarrollo general amplio, en su movimiento y sus contradicciones.

  

Pero examinemos el propio proceso de pensamiento de Cliff sobre esta materia. Él tampoco puede evitar caer en la trampa que intenta poner a Trotsky. Capítulo 1 (nada menos que 18 páginas), dedicado a demostrar la imposibilidad de que dos clases utilicen el único Estado. Pero, he aquí, que contemplamos el capítulo 4 y ¡se produce el milagro!, ¡el abismo insalvable es cruzado! Tanto la clase capitalista como el proletariado de Rusia han utilizado precisamente la misma maquina del Estado. ¿Por qué? ¡Por qué se producía más plusvalía! Dándose cuenta de este dilema, Cliff se ve obligado a avanzar en un camino realmente nuevo y único: la burocracia no consumía plusvalía antes de 1928, pero con la introducción del Plan Quinquenal, el Estado fue cambiando de un Estado obrero a un Estado capitalista. Cualquier enemigo de la Cuarta Internacional inmediatamente podría contestar que el Estado de Stalin, sobre estas bases, es simplemente una extensión y profundización del Estado de Lenin. Pero en el sentido económico nada ha cambiado básicamente. Hemos tratado esto en los capítulos precedentes. Resulta significativo que sólo sea en el aspecto económico —y esto es lo sorprendente— donde Cliff plantee en su teoría. A pesar del título de su primer capítulo: ‘Un examen de la definición de Rusia como un Estado obrero degenerado’, no se ocupa de la cuestión política, ni aquí, ni en ningún otro capítulo. Así es como Cliff ve la transformación de un Estado obrero en un Estado capitalista:

  

“Las estadísticas que tenemos a nuestra disposición muestran concluyentemente que aunque la burocracia tuvo una posición privilegiada en el período precedente al Plan Quinquenal, bajo ningún concepto se puede decir que haya recibido plusvalía del trabajo de otros. Puede decirse, incuestionablemente, que con la introducción de los planes quinquenales, los ingresos de la burocracia consistían en una gran cantidad de plusvalía” (Ibíd., p. 45).

  

En otras palabras, Cliff ve la transición de un sistema a otro no haciendo pedazos la maquinaria del Estado. ¿Cómo cuadra esto con su esquema del capítulo 1?

  

Cliff intenta fabricar un puente artificial entre el Estado obrero y el Estado capitalista, porque él no ha sido capaz de encontrar el golpe asestado a la maquinaria del Estado obrero, esto le lleva a buscar diferencias entre los dos períodos —antes de 1928 y después—. Al hacer esto, cae en concepciones formalistas y abstractas sobre el Estado obrero anterior a 1928. Como hemos demostrado en capítulos anteriores, incluso en el Estado obrero mas sano, según Marx, debe necesariamente producirse plusvalía para desarrollar la industria hasta el punto donde el Estado, el dinero, el propio proletariado y todos los demás vestigios del capitalismo hayan desaparecido. Mientras la clase obrera exista como clase, se producirá plusvalía.

  

Una declaración de la Oposición de Izquierdas de 1927 señalaba que la burocracia estaba consumiendo una gran parte de la plusvalía. El método que utiliza Cliff para introducir este tema es totalmente incorrecto. En lugar de dedicarse a la tarea de demostrar su tesis, hace afirmaciones ciegas y las presenta como ya demostradas. ¡Qué en el capítulo 4 contradice todo lo que ha dicho en el capítulo l. eso es otra cuestión! Examinemos la forma en la cual el compañero Cliff resume este capítulo 4, donde clama abiertamente que se ha conseguido una transición, sin una revolución y sin destruir la maquinaria estatal.

  

Comienza así:

  

“En este capítulo describiremos la transformación del carácter de clase del Estado ruso, de un Estado obrero a un Estado capitalista. Haremos esto ocupándonos de los siguientes puntos...” (Ibíd., p. 33).

  

Después pasa a detallar algunos cambios económicos que no tienen nada que ver con la estructura o transformación del poder estatal y termina con el apartado: ‘Por qué el Plan Quinquenal significa la transformación de la burocracia en clase dirigente’. Todos los argumentos económicos en este capítulo no tienen nada que ver con el Estado o su derrocamiento.

  

Cliff trata finalmente la diferenciación en el ejército, la introducción de privilegios para los oficiales, disciplina militar, etc., Aquí simplemente repite que Trotsky habló miles de veces sobre la transformación de la burocracia en una casta incontrolada. Pero veamos sus conclusiones:

  

“De nuevo el Plan Quinquenal marca el punto decisivo. Entonces la organización y la estructura del ejército comenzaron a cambiar de manera fundamental. De un ejército de trabajadores, con deformaciones burocráticas, se ha convertido en el cuerpo armado de la burocracia como clase dirigente... (Ibíd. p. 59).

  

Veamos ahora si lo que excluye una revolución social gradual descarta también una contrarrevolución gradual:

  

“Si los soldados de un ejército construido jerárquicamente se esfuerzan por conseguir el control decisivo sobre el ejército, ellos inmediatamente se encontrarán con la oposición de la casta de oficiales. No hay forma de destituir tal casta excepto por la violencia revolucionaria. En contra de esto, si los oficiales de una milicia del pueblo cada vez son menos y menos dependientes de la voluntad de los soldados, podrían convertirse en una burocracia institucional, su transformación en casta independiente de los soldados se puede realizar paulatinamente. La transición de un ejército permanente a una milicia no se puede conseguir sino va acompañada por una tremenda oleada de violencia revolucionaria; por otro lado, la transición de una milicia a un ejército permanente, como resultado de las tendencias dentro de la propia milicia, puede y debe ser paulatina. La oposición de los soldados al ascenso de la burocracia llevaría por último al uso de la violencia contra los soldados. Pero esto no excluye la posibilidad de una transición gradual de una milicia a un ejército permanente. Lo que se aplica al ejército, se aplica igualmente al Estado. Un Estado sin burocracia o sin una burocracia débil dependiente de la presión de las masas, gradualmente se transformará en un Estado en el cual la burocracia está libre del control de los trabajadores” (Ibíd., p. 82, el subrayado es nuestro).

  

Cliff se propone demostrar que se puede dar una transición paulatina de un Estado obrero a un Estado capitalista, y cierra su capítulo reproduciendo una cita de, nada más y nada menos, Trotsky, al que ha desacreditado tan severamente en su primer capítulo como si fuera una autoridad en esta materia. Cliff escribe lo siguiente:

  

“Los juicios de Moscú4 fueron la guerra civil de la burocracia contra las masas, una guerra en la cual sólo una parte estaba armada y organizada. Ellos presenciaron la consumación de la liberación total de la burocracia del control popular. Trotsky, que pensaba que los juicios de Moscú y la Constitución eran pasos hacia la restauración del capitalismo individual por medios legales, se retractó en ese momento de la idea del cambio gradual de un Estado proletario a un Estado burgués. ‘Volver hacia atrás la película del reformismo’. Trotsky escribió: ‘En realidad, la nueva constitución... abre para la burocracia caminos ‘legales’ para la contrarrevolución económica, por ejemplo, la restauración del capitalismo por medio de un ‘golpe frío’ (La Cuarta Internacional y la Unión Soviética, Tesis adoptadas por la Primera Conferencia Internacional de la Cuarta Internacional, Génova, julio de 1936)” (Ibíd., p. 82, subrayado en el original).

  

Observamos claramente las tesis de Cliff y su método incorrecto, comenzando con la tesis de que Trotsky no es marxista cuando dice que dos clases pueden usar una misma maquinaria estatal, y cuando Cliff termina diciendo precisamente lo mismo utilizando como autoridad al mismo Trotsky.

  

  

LA NACIONALIZACIÓN Y EL ESTADO OBRERO

  

En la página 2 de su trabajo, Cliff da una cita de La revolución traicionada:

  

“La nacionalización del suelo, de los medios de producción, de los transportes y de los cambios, así como el monopolio del comercio exterior, forman las bases de la sociedad soviética. Para nosotros, esta adquisición de la revolución proletaria define a la URSS como un Estado proletario” (op. cit., p. 248).

  

Una de las conclusiones de Cliff es que, en este caso, ‘ni la Comuna de París ni la dictadura Bolchevique eran Estados obreros, por que no nacionalizaron totalmente los medios de producción’. Vemos como Cliff basa su caso en si la clase obrera tiene o no el control sobre la maquinaria estatal. Trataremos el tema del control obrero en el último capítulo. El método de Cliff es separar las bases económicas de un Estado obrero del control obrero de la maquinaria estatal. Durante un período transitorio, de corta o larga duración, sería posible para el proletariado tomar políticamente el poder y no proceder económicamente a transformar la sociedad. Esta era la situación en Rusia cuando el proletariado tomó el poder en octubre de 1917, realmente no emprendieron la nacionalización hasta que se vieron obligados en 1918. Pero si el proletariado no procede a realizar la transformación económica entonces, inevitablemente, el régimen proletario estará condenado al fracaso y al colapso. Las leyes de la economía siempre llegan hasta el final. O el proletariado procede a nacionalizar toda la economía o, inexorablemente, el sistema capitalista surgirá predominante. Cliff no consigue demostrar en qué se diferenciarían las formas básicas de la economía rusa bajo un Estado obrero sano. Se refugia en el consumo de plusvalía de la burocracia pero elude el tema principal.

  

No importa si Cliff se basa en la experiencia de la Comuna de París o en la primera etapa de la Revolución Rusa. Se aplicaría igual lo antes mencionado. Estos regímenes eran una transición hacia el dominio económico completo del proletariado. Estas transiciones son más o menos inevitables en el cambio de una sociedad a otra. Tanto en el caso de la Comuna de París como en el de la Revolución Rusa, no se podrían completar si el proletariado no procedía a nacionalizar la industria. ¿Ha olvidado Cliff que una de las principales lecciones enseñadas por Marx, y aprendida por los bolcheviques, fue el fracaso del proletariado francés al no nacionalizar el Banco de Francia? De este modo, vemos como un Estado puede ser un Estado proletario sobre la base del poder político o puede ser un Estado proletario sobre la base de la economía, o bien puede ser una transición entre ambos.

  

Las mismas leyes se aplicarían a la contrarrevolución por parte de la burguesía. El Viejo decía correctamente que en el caso de la contrarrevolución burguesa en Rusia, la burguesía podría, durante un tiempo, incluso conservar la propiedad estatal antes de destruirla y reinstaurar la propiedad privada. A un estudioso le podría parecer que puede existir un Estado obrero y un Estado burgués sobre la base de la propiedad estatal, o que puede haber un Estado obrero o un Estado burgués sobre la base de la propiedad privada. Sin embargo, es obvio que sólo se puede llegar a esta forma de razonar si no se tiene en consideración el movimiento de la sociedad en una dirección u otra.

  

No sólo eso, sino que se pueden desarrollar toda clase de relaciones imprevistas debido a la estructura clasista de la sociedad y el Estado. Tomemos el ejemplo de Rusia. En 1917 al tomar el control de los sóviets, los bolcheviques estaban ante una situación descrita por Trotsky en la Historia de la Revolución Rusa, donde, debido a la mayoría menchevique, en cierto sentido la burguesía gobernaba a través de los sóviets —¡los órganos de poder obrero por excelencia!—. De acuerdo con el esquema de Cliff, ¿cómo es posible que pudiera ocurrir esto? Desde luego, los bolcheviques no habían tomado el poder, la burguesía había utilizado a los mencheviques y a través de ellos, los sóviets en el período de transición, para eliminarlos después como hicieron en Alemania después de 1918.

  

En la transición de una sociedad a otra, está claro que no existen abismos insalvables. No es dialéctico pensar en categorías rígidas y acabadas, el Estado obrero o el Estado capitalista. Está claro que cuando Marx hablaba del choque de la vieja forma de Estado con relación a la Comuna de París, él da por sentado que la economía se transformaría a un ritmo mayor o menor y que ésta estaría en consonancia con las formas políticas. Veremos más tarde con relación a Europa del Este que Cliff adopta el mismo método formalista.

  

  

LA CONCEPCIÓN IDEALISTA DEL ESTADO

  

Trataremos aquí la naturaleza del Estado. Según los marxistas, el Estado surge como el instrumento necesario para la opresión de una clase sobre otra. El Estado, en última instancia, como explicaban Marx y Lenin, consiste en grupos de hombres armados y sus apéndices. Esa es la esencia de la definición marxista. No obstante, hay que tener cuidado al utilizar generalizaciones marxistas, que indudablemente son correctas, en un sentido absoluto. La verdad es siempre concreta, pero si no analizamos las ramificaciones particulares y las circunstancias concretas, inevitablemente llegaremos a errores y abstracciones. No basta más que observar la forma tan prudente con la que Engels trata este tema, incluso cuando generalizaba. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels escribió:

  

“Pero a fin de que estos antagonistas, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismos y a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del “orden”. Y ese poder —nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más— es el Estado (Engels, op. cit., pp. 183-4).

  

En la siguiente página continúa así:

  

“...Y si no, examínese nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y la rivalidad en las conquistas han hecho crecer tanto la fuerza pública, que amenaza con devorar a la sociedad entera e incluso al Estado mismo” (Ibíd., p. 185). Engels demuestra que una vez ha surgido, el Estado dentro de ciertos límites, desarrolla un movimiento independiente propio y debe necesariamente hacerlo bajo unas condiciones determinadas: “Dueños de la fuerza pública y del derecho a recaudar los impuestos, los funcionarios aparecen ahora como órganos de la sociedad situados por encima de ésta” (Ibíd., p. 185, subrayado en el original).

  

Contrariamente a la concepción de Cliff, cuando dice que el Estado juega un papel directo, se observa el cuidado meticuloso con el que Engels trata el tema del papel independiente del Estado, concerniente naturalmente, a la sociedad. En todo el material de Cliff, olvida el hecho de que el Estado en determinadas condiciones puede jugar y juega un papel relativamente independiente en la lucha entre las clases. Es su esquema ‘lógico’: o es un Estado obrero, directamente controlado por los trabajadores, o debe ser un Estado capitalista. En el método de Cliff no hay margen para la interacción de fuerzas. De nuevo contrastamos esto con lo que dice Engels:

  

“Como el Estado nació de la necesidad de amortiguar los antagonismos de clase y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, por regla general es el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que se convierte también, con ayuda de él, en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida. (...) Sin embargo, excepcionalmente, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas, que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a ambas” (Ibíd., pp. 185- 186).

  

De nuevo, Engels escribe:

  

“La esencia de la sociedad civilizada es el Estado, una maquinaria esencialmente destinada a reprimir a la clase oprimida y explotada, y que en todos los períodos típicos es exclusivamente el Estado de la clase dominante” (Ibíd., p. 190).

  

Es notable la diferencia entre la formulación de Cliff y las cuidadosas formulaciones de Engels... “esto es normalmente”, en “períodos típicos”, etc., ¿Por qué el proletariado no puede tomar posesión de la máquina del Estado ya disponible? No es por razones místicas, sino debido a ciertos hechos muy concretos. En el Estado moderno todas las posiciones claves están las manos de aquellas personas que están bajo el control de la clase dirigente: han sido especialmente seleccionados por su educación, opiniones y condiciones de vida para servir a los intereses de la burguesía. Los oficiales del ejército, particularmente los de más alto rango, funcionarios y las industrias nacionalizadas, son los técnicos clave, son moldeados en sus ideas y opiniones para servir los intereses de la clase capitalista. Todas las posiciones de mando en la sociedad son puestas en manos de personas en las que la burguesía puede confiar. Esa es la razón por la cual la maquinaría del Estado es una herramienta en manos de la burguesía y no puede ser usada par el proletariado y, por tanto, debe hacerla añicos. ¿Qué significa hacer añicos la maquinaria del Estado? Por no decir más, las ideas de Cliff sobre este tema parecen ser muy confusas.

  

Es posible que muchos, quizá incluso la mayoría de los oficiales del Estado burgués, sean utilizados por el proletariado una vez éste llegue al poder. Pero estarán subordinados a los comités y organizaciones obreras. Por ejemplo, en la Unión Soviética, en sus primeros días después de que el ejército zarista fuera disuelto, el Ejército Rojo era dirigido por ex oficiales zaristas. Igualmente en el aparato del Estado donde una proporción de los funcionarios eran los mismos ex funcionarios zaristas. Debido a factores históricos desfavorables, esto más tarde jugó un papel importante en la degeneración del régimen ruso. No en vano, Lenin decía que el Estado soviético es ‘una máquina zarista... apenas barnizada de socialismo’. (A propósito, esta caracterización honesta está muy lejos del idealizado y falso dibujo del Estado bajo Lenin y Trotsky que presenta Cliff). Cómo pudo darse el proceso de degeneración teniendo en cuenta el idílico cuadro pintado por Cliff sería difícil de entender. No obstante, de esto trataremos en la última parte.

  

El proletariado, según el concepto clásico, destroza la vieja maquinaría estatal y procede a crear un semiestado. Sin embargo, está obligado a utilizar los viejos técnicos. Pero el Estado, incluso bajo las mejores condiciones, en un país avanzado con un proletariado culto, sobrevive como un instrumento burgués y debido a esto, la posibilidad de degeneración está implícita en ello. Por esta razón los marxistas insisten en el control de las masas, asegurar que el Estado no seguirá su evolución como una fuerza independiente. Tan rápido como sea posible debe disolverse en la sociedad.

  

Por las mismas razones mencionadas arriba, en determinadas condiciones, el Estado consigue una cierta independencia de la base que originalmente representaba. Engels explicaba que aunque la superestructura es dependiente de la base económica, sin embargo, tiene un movimiento independiente por sí mismo. Durante un período bastante prolongado, puede haber un conflicto entre el Estado y la clase a la que representa el Estado. Por eso Engels dice que el Estado ‘normalmente’ o en ‘períodos típicos’ representa directamente a la clase dirigente. Los grandes maestros marxistas han analizado el fenómeno del bonapartismo al que Engels se refería arriba. En El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx señalaba cómo los soldados borrachos de Luis Napoleón, en nombre de la ‘ley, el orden y la familia’, disparaban a la burguesía a quien, es de suponer representaban.

  

Sólo se puede entender la sociedad de clases si se tiene en cuenta la compleja interdependencia dialéctica y el antagonismo de todos los factores dentro de ella. Los formalistas normalmente se pierden en uno u otro lado del problema. Por ejemplo Cliff escribe:

  

“… Es necesario hacer un gran cantidad de acrobacias mentales para pensar que Mikolajcik5 y su ILK, que huían al extranjero o se consumían en las prisiones, eran los dirigentes de Polonia, como considerar que los dirigentes de Rusia son los esclavos peores de Siberia” (op. cit. p. 13)

  

¿Era la burguesía bajo Luis Napoleón la clase dirigente? Se necesita una alta dosis de acrobacia mental para responder a esto.

  

Cuando consideramos el desarrollo de la sociedad, los factores económicos deben ser considerados como los dominantes. La superestructura que se desarrolla sobre esta base económica se aleja de la base a la que representa y se convierte en antagonista de ella. La esencia de la teoría marxista sobre la revolución es que con los cambios graduales en la producción bajo el embrión de la vieja forma, por ejemplo, la superestructura tanto en la propiedad como en el Estado, se desarrolla una contradicción que sólo puede ser resulta aboliendo la superestructura y reorganizando la sociedad sobre la base del nuevo modo de producción que se ha desarrollado dentro de la vieja.

  

La economía es decisiva. Debido a esto, los maestros marxistas explicaron que a la larga la superestructura debe estar en correspondencia con ella. Una vez que se ha abandonado el criterio de la estructura económica básica de la sociedad, son posibles toda clase de construcciones superficiales y arbitrarias. Nos perderíamos inevitablemente en el laberinto de la historia, como Perseo en la mitología de la antigua Grecia que se perdió en el Palacio de Minos y sin un hilo para poder salir. El hilo de la historia es la estructura económica básica de la sociedad, o la forma de propiedad, su reflejo legal.

  

Tomemos un caso extremadamente rico en ejemplos, la historia de Francia. La revolución burguesa tuvo lugar en 1789. En 1793 los jacobinos6 acapararon todo el poder. Como Marx y Engels señalaron, ellos fueron más allá del marco de las relaciones burguesas y realizaron una saludable tarea histórica debido a que, realizaron en pocos meses lo que para la burguesía habría requerido décadas o generaciones conseguir, la limpieza total de todos los restos feudales. A pesar de todo, este régimen permanecía arraigado en las bases de las formas burguesas de propiedad. Este fue seguido por el Thermidor francés y el gobierno del Directorio, después llegó la dictadura clásica de Napoleón Bonaparte. Napoleón reintrodujo muchas formas feudales, se coronó Emperador y concentró un poder supremo en sus manos. Aún así calificamos este régimen como burgués. Con la restauración de Luis XVIII el régimen seguía siendo capitalista... Y luego tuvimos no una sino dos revoluciones —1830 y 1848—. Estas revoluciones tuvieron consecuencias sociales importantes. Conllevaron cambios significativos incluso en el propio personal del Estado. Aún así, caracterizamos a ambas como revoluciones burguesas, en las cuales no cambió la clase que ostentaba el poder.

  

Vayamos más allá. Después de la Comuna de París de 1871 y la sacudida de las relaciones sociales que ésta supuso, tuvimos la organización de la Tercera República, con una democracia burguesa que duró décadas. Ésta fue seguida por Petain, después el régimen de colaboración de los estalinistas con De GaulIe y ahora el gobierno Quielle7. Al examinar por un momento la extraordinaria diversidad de regímenes, para alguien que no sea marxista, le parecería absurdo clasificar en la misma categoría, al régimen de Robespierre y el de Petain. En cambio los marxistas los definimos básicamente igual —regímenes burgueses—. ¿Cuál es el criterio? Sólo uno: la forma de propiedad, la propiedad privada de los medios de producción.

  

Tomemos del mismo modo la variedad de regímenes existentes en los tiempos modernos para ver las extremas diferencias que se dan en las superestructuras y que poseen la misma base económica. Por ejemplo, comparar el régimen de la Alemania nazi o el de la socialdemocracia Británica. Son muy diferentes en la superestructura, muchos teóricos de las escuelas no marxistas o ex marxistas han encontrado en ellos nuevas estructuras de clase y un nuevo sistema social. ¿Por qué decimos que representan a la misma clase y al mismo régimen? A pesar de la diferencia en la superestructura, la base económica de estas sociedades permanece siendo la misma. Si tomamos la historia de la sociedad moderna, tenemos muchos ejemplos donde la burguesía es expropiada políticamente y permanece siendo la clase dirigente. Trotsky describe perfectamente el régimen del bonapartismo, o como Marx lo denominó, ‘el dominio descubierto de la espada sobre la sociedad’.

  

Vemos qué ocurrió en China con Chiang Kai Shek había, con la escoria de los gánsteres de Shanghai, aplastado a la clase obrera. Los banqueros le ofrecían banquetes y le aplaudían corno el benefactor y salvador de la civilización.

  

Pero Chiang quería algo mucha más material que las alabanzas de sus maestros. Bruscamente, encarceló a todos los ricos industriales y banqueros de Shanghai, consiguiendo un rescate millonario antes de liberarlos. Había hecho el trabajo para ellos y ahora pedía su precio. Él no había aplastado a los obreros de Shanghai sólo para el beneficio de los capitalistas, sino también porque esto significaba poder y beneficio para él mismo y su camarilla. Todavía alguien puede atreverse a decir que los banqueros que estaban en la cárcel no eran la clase dirigente porque no ostentaban el poder político. La burguesía china (¡no los marxistas!) estaba reflejando tristemente la complejidad de la sociedad, donde una buena parte del botín de la plusvalía extraída de los trabajadores iba a sus propios perros guardianes, mientras que muchos de su clase languidecían en prisión.

  

La burguesía en esas condiciones es expropiada políticamente, en ese momento la fuerza desnuda es la que domina la sociedad. Una enorme parte de la plusvalía es consumida por la cúpula del ejército y la burocracia. Pero eso en interés de estos mismos burócratas, la expropiación capitalista de los trabajadores continuará y, por tanto, mientras ellos puedan seguir exprimiendo, mantendrán alejada a la burguesía, sin embargo, ellos defienden la propiedad privada. Esto significa que la burguesía continua siendo la clase dominante.

  

Aquí está la respuesta a aquellos que afirman que es un sofisma decir que la clase obrera puede ser la clase dominante mientras una parte importante de ella está encarcelada en Siberia. A menos que nos guiemos por las formas de propiedad básicas, los marxistas perderemos el rumbo. Se pueden dar muchos ejemplos en la historia de la manera en que un sector de la clase dominante ataca a otro sector de la misma. Por ejemplo, en las Guerras de las Rosas en Gran Bretaña las dos fracciones de los barones gobernantes se exterminaron prácticamente entre sí. En una época u otra de la historia, sectores importantes de la clase dominante han Estado en las cárceles o fueron ejecutados. Sólo hay que ver la amenaza que supone Hitler para sus oponentes burgueses. No sólo perdieron su propiedad sino también sus vidas.

  

Con relación al papel del Estado, la cuestión más importante sería responder a lo que Cliff no puede responder: si el Estado debe ser un instrumento de una clase y ¿a qué clase representa en Rusia y Europa del Este? No puede representar a la clase capitalista porque ha sido expropiada. Tampoco se puede decir que represente los intereses del campesinado o de los pequeños propietarios de las ciudades. Bajo un régimen fascista o bonapartista, incluso aunque los gánsteres puedan tener a la burguesía cogida por la garganta, sin embargo, hay una clase capitalista para cuyos intereses está funcionando el conjunto de la economía. Si la burocracia no representa al proletariado, como dijo Trotsky, es una forma especial de bonapartismo en el sentido que defiende la nacionalización de los medios de producción, la planificación y el monopolio del comercio exterior. ¿A quién representan los burócratas estalinistas? La respuesta de Cliff es que la burocracia constituye la nueva clase dominante, la clase capitalista de Rusia. Pero al considerar seriamente esto se demostraría que esto no puede ser. Está diciendo que el Estado es una clase. La burocracia controla el Estado, el Estado ostenta los medios de producción, por tanto, la burocracia es una clase. Esto es esquivar el tema, está diciendo de hecho que el Estado tiene el Estado.

  

Según Lenin el Estado:

  

“… Este ha sido siempre determinado aparato al margen de la sociedad y consistente en un grupo de personas dedicadas exclusiva o casi exclusivamente o principalmente a gobernar. Los hombres se dividen en gobernados y en especialistas en gobernar, que se colocan por encima de la sociedad y son llamados gobernantes, representantes del Estado.

  

“Este aparato, este grupo de personas que gobiernan a otros, se apodera siempre de ciertos medios de coerción, de violencia física, ya sea que esta violencia sobre los hombres se exprese en la maza primitiva o en tipos más perfeccionados de armas, en la época de la esclavitud, o en las armas de fuego inventadas en la Edad Media o, por último, en las armas modernas, que en el siglo XX son verdaderas maravillas de la técnica y se basan íntegramente en los últimos lo gros de la tecnología moderna.

  

“Los métodos de violencia cambiaron, pero dondequiera existió un Estado, existió en cada sociedad, un grupo de personas que gobernaban, mandaban, dominaban, y que, para conservar su poder, disponían de un aparato de coerción física, de un aparato de violencia, con las armas que correspondían al nivel técnico de la época dada. Y sólo examinando estos fenómenos generales, preguntándonos por qué no existió ningún Estado cuando no había clases, cuando no había explotadores y explotados, y por que apareció cuando aparecieron las clases; sólo así encontraremos una respuesta definida a la pregunta de cuál es la esencia y la significación del Estado.

  

“El Estado es una máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra” (Lenin, El Estado. Moscú, Editorial Progreso, 1981, p. 18).

  

El Estado por su misma naturaleza está compuesto de burocracia, oficiales, generales, jefes de policía, etc., Pero éstos no constituyen una clase, son el instrumento de una clase e incluso pueden entrar en antagonismo con esta clase. Pero por sí mismos no pueden ser una clase.

  

Debemos preguntar a Cliff: ¿qué sector de la burocracia tiene el Estado? No pueden ser todos los burócratas, la propia burocracia está dividida jerárquicamente. El pequeño funcionario es tan parte de la burocracia como el gran burócrata. ¿Cuál es entonces el estrato dominante en la sociedad soviética? Esto claramente es un sin sentido. En la sociedad, o en cualquier sociedad con clases, no importa cuán privilegiados sean los de arriba, ellos manejarán el instrumento para proteger a la clase dominante que tiene una relación directa con los medios de producción, por ejemplo, en el sentido de su propiedad. Sabemos a quién representaban Napoleón, Bismarck, Chiang Kai Shek, Hitler, Churchill y Attlee. Pero ¿A quién representan los burócratas? ¿A los burócratas? Afirmar esto sería erróneo. En otra parte del documento hemos visto que las relaciones de la burocracia con los medios de producción son necesariamente de parasitismo y participa del mismo parasitismo que la burocracia nazi. No son una categoría necesaria e inevitable para el modo de producción en particular. En el mejor de los casos ellos tiene derecho a salarios de superintendencia. Y sí toman más, lo hacen de la misma forma que la burocracia nazi consumía parte de la plusvalía producida por los trabajadores. Pero no eran una clase.

  

Se podrían dar innumerables ejemplos para demostrar que un Estado capitalista presupone propiedad privada, la propiedad individual de los medios de producción. El Estado es el instrumento de dominio, no puede ser en sí mismo la clase que domina. La burocracia es sólo una parte del aparato del Estado. ‘Ostentaría’ el Estado, en el sentido que se levanta sobre la sociedad y se convierte en relativamente independiente de la economía dominante. Ese fue el caso en la Alemania nazi, donde la burocracia dictaba a los capitalistas lo que deberían producir, como deberían producirlo, etc., para el propósito de la guerra. También en la economía de guerra, Gran Bretaña, EEUU y en otros países, el Estado dictaba a los capitalistas qué y cómo deberían producir. Esto no les convierte en una clase dominante. ¿Por qué? Porque estaban defendiendo la propiedad privada.

  

Cliff afirma que la burocracia dirige y planifica la industria. ¿De quién es la industria que ellos dirigen y planifican? En la sociedad capitalista, los directores planifican y dirigen la industria en las empresas y trust individuales. Pero esto no les convierte en propietarios de esas empresas. La burocracia dirige toda la industria. En ese sentido es verdad que tienen más independencia de su base económica que otra burocracia o maquinaria estatal haya tenido en toda la historia humana. Pero como Engels subrayó y debemos volver a subrayar, en última instancia las bases económicas son decisivas. Si Cliff va a argumentar que es su función como directores la que hace que los burócratas se conviertan en clase dominante, entonces claramente tampoco acertaría al hacer una definición marxista de la clase capitalista. Él está calificando a la burocracia rusa de clase, pero debe elaborar una teoría y ésta es a qué clase pertenece.

  

El Estado es un instrumento de la clase dominante, de coerción, un policía glorificado. Pero el policía no es la clase dominante. El policía puede convertirse en irrefrenable, puede volverse un bandido, pero no se convierte en un capitalista o señor feudal.

  

  

QUÉ OCURRIÓ EN EUROPA DEL ESTE

  

Los acontecimientos en Europa del Este y la naturaleza de los Estados que han surgido sólo pueden ser explicados por medio de la teoría marxista-leninista del Estado, y sólo las concepciones de Trotsky pueden explicar los acontecimientos en Europa del Este desde este punto de vista.

  

En primer lugar es necesario entender que ocurrió en Europa del Este con el avance del Ejército Rojo. No se puede negar (dejando a un lado por el momento la cuestión de Alemania) que en todos los países de los Balcanes y Europa del Este, el avance del Ejército Rojo terminó en un movimiento revolucionario no sólo entre los trabajadores, sino también entre los campesinos. La razón de esto reside en el contexto general de todos estos Estados; antes de la guerra, a parte de Checoslovaquia, el capitalismo era muy débil. En estos países había decadentes dictaduras feudal-militar-capitalistas, cuyos regímenes eran completamente incapaces de desarrollar más las fuerzas productivas de sus respectivos países. La crisis económica mundial del capitalismo fue especialmente exacerbada en estos países, debido a la debilidad y a la división artificial de la zona que había sucedido a la I Guerra Mundial. El termino balcanización proviene de esta parte de Europa. Dividida en pequeños y débiles Estados, con un carácter abrumadoramente agrario, con una industria muy débil, esta zonas se convirtieron inevitablemente en semicolonias de las grandes potencias. Francia, Gran Bretaña, hasta cierto punto Italia, y después Alemania, se convirtieron en el poder dominante en esta zona. A través de sus relaciones comerciales, la industria alemana dominaba las atrasadas economías de Europa del Este en los Balcanes. En todos estos países el capital extranjero jugó un importante papel. En la mayoría de ellos, las inversiones extranjeras eran dominantes debido a la poca industria existente.

  

Con la ocupación de estos países por Hitler, no sólo fue expropiado el capital ‘no ario’, sino también los capitalistas nativos en su mayoría fueron excluidos y reemplazados por los bancos y trust alemanes. El capital alemán se apoderó de los lugares decisivos —todas las posiciones y sectores claves de la economía—. El capital que quedaba era propiedad de colaboradores y en gran parte colaboracionistas, y permanecían subordinados al capital alemán.

  

El régimen estaba formado de colaboracionistas que dependían de las bayonetas para su apoyo. El poco apoyo popular que tenían los regímenes anteriores a la guerra —dictaduras policiaco- militares—, en el transcurso de la guerra desaparecieron. El colapso del poderoso imperialismo alemán y la victoria del Ejército Rojo, indudablemente dio un impulso a la revolución socialista. Por ejemplo en Bulgaria en 1944, cuando el Ejército Rojo cruzó la frontera, se produjo una sublevación en Sofía y otras grandes ciudades. Las masas comenzaron a organizar sóviets y comités obreros. Los soldados y los campesinos organizaron comités y los trabajadores ocuparon las fábricas.

  

Acontecimientos similares tuvieron lugar en todos los países de Europa el Este a parte de Alemania. Examinemos lo que ocurrió en Checoslovaquia. Aquí también el avance el Ejército Rojo fue seguido de la insurrección en Praga, la toma de fábricas por los trabajadores y la tierra por los campesinos. También hubo confraternización en las fronteras de Bohemia y Moravia entre los checos y las masas alemanas.

  

Los elementos de la revolución proletaria fueron rápidamente seguidos por la contrarrevolución estalinista. El problema con Cliff es que ha separado los elementos de la revolución proletaria de la contrarrevolución estalinista que siguió inmediatamente.

  

Tomemos dos ejemplos: Bulgaria y Checoslovaquia. En Bulgaria tuvimos una situación que se ha desarrollado una y otra vez a través de la trágica historia de las masas obreras. El poder real estaba en manos de la clase obrera. El Estado burgués estaba destrozado. ¿Cómo? Los alemanes se habían ido, los oficiales no tenían el control de los soldados, la policía se había escondido, los terratenientes y capitalistas no tenían el control. Había un vacío, un período clásico de dualidad de poder donde las masas no eran lo suficientemente conscientes para organizar su propio poder y la burguesía demasiado débil para ejercer su dominación.

  

Esta no es una situación desconocida para los marxistas: Alemania 1918, Rusia 1917, España 1936. Quizá una comparación con España sería útil. Aquí también las masas tomaron las fábricas y la tierra en Catalunya y Aragón. El ‘gobierno burgués’ estaba suspendido en el aire. Las masas aplastaron totalmente a la policía y al ejército. Sólo había una fuerza armada, las milicias obreras. Todo lo que necesitaban las masas era organizar sóviets o comités, echar al gobierno fantasma y tomar el poder.

  

Se conoce suficientemente lo que ocurrió después. Los estalinistas procedieron a formar una coalición no con la burguesía —los propietarios de las fábricas y la burguesía habían huido al lado de Franco como consecuencia de la insurrección de las masas—, sino con la ‘sombra de la burguesía’. Los estalinistas hicieron esto en España con el propósito expreso de destruir la revolución socialista por miedo a las repercusiones en Rusia y, desde luego, debido a la alineación internacional existente y su deseo de demostrar a los imperialistas franceses y británicos, que no tenían nada que temer. En España, por tanto, paulatinamente, ayudaron a que la sombra adquiriera ‘cuerpo’.

  

Poco a poco, reconstruyeron un ejército capitalista y una fuerza policial capitalista, bajo el control de la clase capitalista. Una vez esto había sido logrado, la tierra fue devuelta a los terratenientes y las fábricas a sus propietarios. La consecuencia de esto se vio al final de la guerra civil cuando el Estado burgués —la maquinaria militar burguesa que ellos habían ayudado a crear—, organizó un golpe de Estado que establecía una dictadura militar en el territorio republicano y rápidamente ilegalizó al propio Partido Comunista.

  

En Bulgaria, como en los otros países de Europa del Este, los estalinistas procedieron a llegar a un acuerdo con lasombra de la burguesía. La revolución socialista había comenzado y existía el peligro de que llegase hasta el final. Esto, desde luego, los estalinistas lo temían. Pero por otro lado, además no querían pasar el poder a la burguesía. Descarrilaron la revolución socialista organizando un denominado Frente Patriótico en Bulgaria y encarrilaron el movimiento de las masas con consignas chovinistas y antialemanas. La confraternización en Bulgaria rápidamente fue castigada, los sóviets formados en el ejército fueron disueltos, los comités obreros y campesinos fueron mutilados. Formaron un frente de ‘Unidad Nacional’, la unión de toda la nación. Pero la diferencia con España era que aquí las posiciones claves en ésta denominada coalición, donde la sombra de la burguesía no ostentaba el poder, permanecían firmemente en manos estalinistas. Tenían la policía y el ejército. Seleccionaron el personal clave y dirigente. Todas las posiciones importantes en la administración pública estaban en manos de herramientas obedientes. Claramente, detrás de la pantalla de unidad nacional concentraban el poder estatal en sus manos. Habían creado un instrumento a su propia imagen, una maquinaria estatal según el poder de Moscú. El proceso era tan claro como el agua en el caso de Checoslovaquia. Cuando los estalinistas entraron en el país no había gobierno. Los alemanes con sus traidores y colaboracionistas habían huido. Los comités formados por las masas tenían el control de las empresas industriales y la tierra. Los estalinistas dirigían el gobierno de Benes8 desde Moscú. El poder real, los puestos clave, estaban firmemente en sus manos; conservaron el ‘cuerpo’ y dejaron a la burguesía la sombra.

  

En parte para destruir la revolución socialista, en parte para llegar a un compromiso con el imperialismo norteamericano, permitieron a ciertos sectores de la economía conservar en sus manos las empresas privadas. Pero el poder decisivo, por ejemplo, los cuerpos armados de hombres, estaban organizados por ellos y bajo su control. No era ésta la misma maquinaria estatal de antes. Era una nueva maquinaria estatal de su propia creación. Para descarrilar la revolución los estalinistas utilizaron el chovinismo y dieron al país un terrible golpe con la expulsión de los alemanes. El instinto original de las masas era en líneas internacionalistas. Los informes de Checoslovaquia demuestran que al principio había confraternización entre los checos y los alemanes. Cliff no ve el elemento de la contrarrevolución, las actividades de la burocracia para destruir la revolución.

  

Desde luego, el intento de los estalinistas de mantener un compromiso con la burguesía —no hay que olvidar con su control y su poder del Estado— no podría durar indefinidamente. Las sombras pueden adquirir ‘cuerpo’. El intento de la burguesía norteamericana de instalar sus puntos de apoyo en Europa del Este con los restos de la burguesía y de aquellos sectores de la economía que ellos controlaban, con el Plan Marshall como moneda, era una señal de peligro. Con una velocidad precipitada, la burocracia actuó y ordenó a todos los Estados de Europa del Este rechazar al Plan Marshall. Toda la historia ha demostrado la imposibilidad de mantener dos formas antagónicas de propiedad. Aunque la burguesía era muy débil, había comenzado a ganar una base, debido al hecho de que ellos mantenían una buena proporción de la industria ligera bajo su control. El creciente antagonismo de EEUU, la imposibilidad de depender de la burguesía, su incompatibilidad con el Estado proletario, con el poder en manos de la burocracia, la obligó a tomar medidas para completar el proceso. Aquí deberíamos añadir que Trotsky vio en la extensión de la propiedad nacionalizada a las zonas de dominación estalinista, una prueba de que Rusia era un Estado obrero. Los acontecimientos de febrero sobre los que se centró la atención mundial, subrayaron de una manera dramática el proceso que estaba teniendo lugar en todas las zonas dominadas por los estalinistas.

  

El factor decisivo fue que los estalinistas tenían el apoyo de los trabajadores y campesinos en la nacionalización y la división de la tierra. Todo lo que Cliff vio fue que la maquinaria del Estado permanecía igual, cabe suponer que como estaba bajo los alemanes. ¡Sin duda eso es lo que desearía la burguesía!

  

Según todos los observadores los estalinistas, debido a sus arreglos y a la desilusión de las masas en las fábricas, probablemente habrían perdido votos en las futuras elecciones. Los elementos burgueses se estaban haciendo fuertes, basándose en la pequeña burguesía de las ciudades y entre los trabajadores y campesinos desilusionados. Paulatinamente, la burguesía esperaba conseguir el control del Estado y organizar una contrarrevolución con la ayuda el imperialismo anglonorteamericano. Aunque la burocracia tenía el control de la maquinaria del Estado, éste era precario en virtud a la forma en la que se había obtenido.

  

Para completar el proceso, como Trotsky ya había previsto, la burocracia estaba obligada a recurrir a las masas, mediante la creación de Comités de Acción que burocráticamente eran controlados desde arriba, aunque sin embargo eran relativamente democráticos por abajo. Los estalinistas armaron a los trabajadores, organizaron una milicia obrera. En estas condiciones, esto naturalmente favorecía el entusiasmo de las masas. Incluso los trabajadores socialdemócratas que odiaban y desconfiaban de los estalinistas, participaron entusiastamente en estas medidas contra la burguesía. Trotsky dijo una vez que contra un león se usa un arma y contra una pulga una uña. Enfrentados con el aparato del Estado estalinista, con el movimiento de masas como una amenaza, la burguesía estaba impotente.

  

Sin embargo, la formación de los Comités de Acción, el armamento de los trabajadores, significaba necesariamente que se estaba formando un embrión del nuevo régimen. Por supuesto, la burocracia rápidamente procedió a aplastar la independencia de las masas y totalizar el régimen. Se organizaron rápidamente nuevas elecciones siguiendo las directrices de Moscú, con una única candidatura y una supervisión estricta.

  

Ante estos acontecimientos, Cliff se pregunta:

  

“¿Cuál es entonces el futuro de la Cuarta Internacional? ¿Cuál es su justificación histórica? Los partidos estalinistas tienen todas las ventajas sobre la Cuarta Internacional —un aparato estatal, organizaciones de masas, dinero, etc.—. La única ventaja de la que carecen es la ideología internacionalista de clase...

  

“Si una revolución tiene lugar en los países del Este de Europa sin una dirección proletaria revolucionaria, deberíamos concluir que en el futuro, en las revoluciones sociales, como en el pasado, las masas harán el combate pero no lo dirigirán. En todas las luchas de la burguesía, no fue la propia burguesía quien hace el combate, sino las masas que creían que eran sus intereses. Los sans-culottes de la Revolución Francesa luchaban por la libertad, igualdad y fraternidad, mientras la meta real del movimiento era el establecimiento del dominio de la burguesía. Este fue el caso en un momento en que la burguesía era progresista. En las guerras imperialistas reaccionarias, cuanto menos saben las masas del auténtico propósito de la guerra, mejores soldados son. Aceptar que las ‘nuevas democracias’ son Estados obreros, significaba aceptar que en principio la revolución proletaria, corno las guerras burguesas, está basada en el engaño a las personas…

  

“Si estos países son Estados obreros entonces ¿para qué el marxismo? ¿Por qué la Cuarta Internacional? Podríamos ser observados por las masas sólo como aventureros o como impacientes revolucionarios cuyas diferencias con los estalinistas son meramente tácticas” (op. cit., pp. 14-15).

  

Cliff ha hecho las preguntas a las personas equivocadas. En realidad se debería haber hecho a sí mismo estas preguntas y darse también las respuestas. Si su teoría es correcta, entonces toda la teoría de Marx se convierte en ana utopía. Cliff piensa que si él pone la etiqueta de ‘capitalismo de Estado’ sobre el fenómeno del estalinismo, entonces ha salvado su conciencia y ha restaurado el papel perdido de la Cuarta Internacional, para su propia satisfacción. Aquí vemos el fetichismo del cual Marx habló y que incluso afecta al movimiento revolucionario: cambiar el nombre de las cosas para así intentar cambiar su esencia.

  

No es posible explicar o enhebrar los hilos históricos de clase de los acontecimientos actuales sin la existencia y degeneración del Estado obrero en Rusia. Sólo se pueden unir los acontecimientos de Europa del Este a la Revolución de Octubre de 1917. Es inútil para Cliff argumentar que la burocracia utilizó a las masas en Checoslovaquia, sin plantearse la cuestión de quien las utilizó en 1917. ¿Fue la Revolución de Octubre seguida por el estalinismo? Las buenas intenciones o los deseos subjetivos de la dirección bolchevique o la clase obrera, están fuera de lugar. Según la teoría de Marx, ninguna sociedad sale de la escena hasta que ha agotado todas las posibilidades de desarrollar las fuerzas productivas dentro de ella. Si un nuevo período de capitalismo de Estado es lo que nos amenaza —y esto necesariamente se desprende de la teoría de Cliff—, por qué no puede haber límite económico al desarrollo de la producción bajo el denominado capitalismo de Estado, hablar de esto en un período de desintegración del capitalismo mundial se reduce a simple fraseología. Tenemos el absurdo de que una nueva revolución — una revolución proletaria en 1917—, cambió orgánicamente la economía a capitalismo de Estado. Tenemos la no menos absurda postulación de que una revolución en Europa del Este, donde toda la clase capitalista ha sido expropiada... ¿para instalar qué? ¡El capitalismo! Un momento de reflexión serio demostraría que no es posible para Cliff mantener esta postura con relación a Europa del Este sin trasladar el mismo argumento también a la propia Rusia.

  

El propio Cliff señala que en la revolución burguesa las masas combatieron y la burguesía recogió los frutos. Las masas no sabían por qué estaban luchando, sino que luchaban en realidad por el dominio de la burguesía. Tomemos la Revolución Francesa. Se preparó y tenía su ideología en las obras de los filósofos de la Ilustración, Voltaire, Rousseau, etc., Sin embargo, ellos realmente creían en la idealización de la sociedad burguesa. Creían en los codicilos de libertad, igualdad y fraternidad que predicaban. Como ya se sabe, y el propio Cliff cita a Marx para demostrarlo, la Revolución Francesa fue más allá de su base social. Terminó en la dictadura revolucionaria de los sans-culottes que fueron más allá de los límites de la sociedad burguesa. Como Marx explicaba, esto tuvo el saludable efecto de conseguir en pocos meses lo que de otra manera hubiera costado a la burguesía décadas. Los dirigentes del sector revolucionario de la pequeña burguesía que ejercían esta dictadura —Robespierre, Danton, etc.— sinceramente creían en las doctrinas de los filósofos e intentaron ponerlas en práctica. No pudieron hacerlo porque era imposible ir más allá de la base económica de la sociedad. Era inevitable que perdieran el poder y sólo prepararon el camino a la sociedad burguesa. Si el argumento de Cliff es correcto, se podría llegar a la conclusión de que lo mismo ocurrió en Rusia y Marx era el profeta del nuevo capitalismo de Estado, Lenin y Trotsky fueron los Robespierre y Carnat de la Revolución Rusa. El hecho de que Lenin y Trotsky tuvieran buenas intenciones no tiene nada que ver, como eran buenas las intenciones de los dirigentes de la revolución burguesa. Ellos simplemente prepararon el terreno para el dominio del nuevo Estado de la clase capitalista.

  

Si el hecho de que la burocracia utilizase a las masas checoslovacas constituye una prueba de que esto era capitalismo de Estado, no hizo menos la burocracia rusa utilizando al proletariado en la revolución de 1917. Sin embargo, esta teoría no puede satisfacer a nadie. El hecho de que la burocracia, porque Rusia es un Estado obrero con toda su degeneración, haya asimilado Europa del Este en la economía e instantáneamente estrangulado el desarrollo de la revolución socialista, quiere decir que al mismo tiempo, conscientemente han llevado adelante de forma abreviada un proceso que se prolongó durante muchos años en Rusia. Debería quedar claro que sin la existencia de un fuerte Estado obrero degenerado, contiguo o cercano a estos países, estos procesos habría sido imposibles, a no ser que el proletariado hubiera vencido con una revolución sana en líneas clásicas y extendiendo la revolución.

  

¿Significa esto que los estalinistas han realizado la revolución y por tanto no es necesaria la Cuarta Internacional? Muchas veces en la historia nos enfrentamos a una situación complicada. Por ejemplo, en la Revolución de Febrero que derrocó al zarismo, las masas cayeron bajo la influencia de los mencheviques y socialrevolucionarios. Esto significaba que las masas, habiendo completado una tarea, el derrocamiento del zarismo —una revolución política— creó nuevas barreras en su camino y tuvieron que derribarlas con una segunda revolución — una revolución social, Octubre—. El hecho de que las masas hayan realizado la revolución social básica en Europa del Este, aunque esta revolución inmediatamente haya sido burocratizada por la burocracia termidoriana, significa que ahora sólo tienen que hacer una segunda revolución —la revolución política—.

  

Cliff tiene sólo que plantear la pregunta: ¿Cuales son las tareas de la Cuarta Internacional en Rusia? Son idénticas a las de Europa del Este. Para conseguir el socialismo las masas deben tener el control de la administración y el Estado. Los estalinistas nunca podrán proporcionar esto y sólo se puede lograr con una nueva revolución. Sólo se puede conseguir con el derrocamiento de 1a burocracia de Europa del Este, así como en Rusia, por tanto la tarea de la Cuarta Internacional es clara, la lucha por una revolución política para establecer una democracia obrera, un semiestado y la transición rápida al socialismo sobre las bases de la igualdad. La forma de propiedad no cambiará. El hecho de que Cliff llame a esto una revolución social no modifica nada.

  

Donde Trotsky encontraba pruebas del Estado obrero en la extensión de las formas de propiedad, Cliff encuentra las pruebas de lo contrario.

  

Cliff podría decir que a menos que la clase obrera tenga el control directo del Estado, éste no puede ser un Estado obrero. En ese caso, tendríamos que rechazar la idea de que existía un Estado obrero en Rusia, excepto posiblemente en los primeros meses. Incluso aquí es necesario repetir que la dictadura del proletariado se realizó a través del instrumento de la vanguardia de la clase, por ejemplo, el partido, y en el partido a través de la dirección del mismo. En las mejores condiciones esto se efectuará con la mayor democracia tanto dentro del Estado como en el partido. Pero la propia existencia de la dictadura, su necesidad para conseguir el cambio del sistema social, es ya una prueba de las profundas contradicciones sociales que se pueden encontrar, en circunstancias históricas desfavorables, que son un reflejo dentro del Estado y dentro del partido. El partido, no más que el Estado, puede automática y directamente reflejar los intereses de la clase. Lenin por este motivo pensaba que los sindicatos eran un factor necesario para la defensa de los trabajadores contra su Estado, así como un baluarte para la defensa del Estado.

  

Si fue posible para el partido de la clase obrera (la socialdemocracia), especialmente a través de su dirección, degenerar y fracasar directamente a la hora de reflejar los intereses de la clase antes del derrocamiento del capitalismo, ¿por qué es imposible para el Estado establecido por los trabajadores seguir un modelo similar? ¿Por qué no puede el Estado ganar independencia de la clase, y parasitariamente enriquecerse, mientras al mismo tiempo (en sus propios intereses) defender las nuevas formas económicas creadas por la revolución? Como hemos visto antes, Cliff trata de hacer una distinción para trazar una línea metafísica en 1928, cuando pensaba que la plusvalía no era consumida por la burocracia y después cuando sí lo era. A parte de basarse en hechos incorrectos, es una forma simplista de examinar el fenómeno.

  

En realidad, la forma de la transición de una sociedad a otra, ha sido más compleja de lo que cabría prever para los fundadores del socialismo científico. Tanto como a cualquier otra clase o formación social al proletariado le ha sido dado el privilegio de tener inevitablemente un tránsito tranquilo en la transición a su dominio y, por consiguiente, una desaparición tranquila e indolora en la sociedad, es decir, el socialismo. Esa era una variante posible. Pero la degeneración tanto de la socialdemocracia como del Estado soviético en determinadas condiciones no era en absoluto accidental. Representaba, en un sentido, las relaciones complejas entre una clase, sus representantes y el Estado, la cual, más de una vez en la historia, la clase dominante, burguesía, feudal o esclavista, tuvo causas para lamentarlo. Refleja, en otras palabras, la multiplicidad de factores históricos que forman la base del factor decisivo: el económico.

  

Contrasta el amplio punto de vista de Lenin con el mecanicista de Cliff. Lenin insistía una y otra vez en la necesidad de estudiar los períodos de transición de las épocas pasadas, especialmente del feudalismo al capitalismo, para entender las leyes de la transición en Rusia. Él habría rechazado la concepción de que el Estado surgido en Octubre tendría que seguir una norma preconcebida, o de otra forma sino dejaría de ser un Estado obrero.

  

Lenin sabía bien que el proletariado, su partido y dirección no le había dado el poder para que les llevara, sin contradicciones, tranquilamente al socialismo una vez que el capitalismo había sido derrocado. Esta es necesariamente la única conclusión que se debe extraer de las normas categóricas kantianas afirmadas por Cliff. De hecho Lenin subrayó que la dictadura del proletariado cambiaría tremendamente en diferentes países y en distintas condiciones.

  

Sin embargo, Lenin insistía constantemente en el punto de que en la transición del feudalismo al capitalismo, la dictadura de la ascendente burguesía se reflejaba en la dictadura de un hombre. Una clase podría gobernar a través del dominio personal de un hombre. Cliff es bastante complaciente al aceptar esta concepción cuando se aplica a la burguesía. Pero de sus argumentos se podría llegar a la conclusión de que tal cosa sería imposible en el caso del proletariado. El dominio de un hombre implica absolutismo, dictadura arbitraria encarnada en un único individuo, sin derechos políticos para la clase dominante a cuyos intereses, en última instancia, él representa. Pero Lenin sólo hizo este comentario para demostrar que bajo determinadas condiciones la dictadura del proletariado podría realizarse también a través de la dictadura de un hombre. Lenin no desarrolló esta idea. Pero hoy a la luz de la experiencia de Rusia y Europa del Este, y con los acontecimientos en China, podemos profundizar y entender no sólo el presente sino también los acontecimientos del pasado.

  

Mientras la dictadura del proletariado puede ser realizada a través de la dictadura de un hombre por que esto implica la separación del Estado de la clase a la que representa, también significa que el aparato casi inevitablemente tenderá a hacerse independiente de su base y así adquirirá intereses creados propios, incluso hostiles y ajenos a la clase que representa como en el caso de la Rusia estalinista. Cuando estudiamos el desarrollo de la sociedad burguesa, vemos que la autocracia de un individuo, con determinadas contradicciones sociales, servía a las necesidades del desarrollo de esa sociedad. Está claramente demostrado en el dominio de Cromwell y Napoleón. Pero aunque ambos mantenían una base burguesa, en un estadio determinado de la autocracia burguesa, pasa de ser un factor favorable para el desarrollo de la sociedad capitalista a un obstáculo para el pleno y libre desarrollo de la producción burguesa. Entonces, la dictadura del absolutismo se debilita. En Francia e Inglaterra necesitaron de revoluciones políticas adicionales antes de poder cambiar la autocracia burguesa por la democracia burguesa. Pero sin la democracia burguesa en su plenitud, el libre desarrollo de las fuerzas productivas hasta los límites alcanzados bajo el capitalismo habría sido imposible.

  

¿Si esto se aplica a la evolución histórica de la burguesía por qué no se puede aplicar al proletariado en un país atrasado y aislado donde la dictadura del proletariado ha degenerado en la dictadura de un hombre?

  

Para que el proletariado tome el camino del socialismo es necesaria una nueva revolución, una revolución política, que transforme el Estado bonapartista proletario en una democracia obrera. Tal concepción coincide con la experiencia del pasado. El capitalismo ha pasado a través de muchas fases, contradictorias y tormentosas, (estamos lejos de haber acabado con ellas aún, como vemos en nuestra época), y en unas condiciones históricas dadas ha llevado a que el proletariado tenga el gobierno en Rusia. Y también por una reacción mutua, la fase bonapartista que están atravesando Europa del Este y China, terminará inevitablemente en nuevas revoluciones políticas en todos estos países para instalar la democracia obrera como requisito previo para la transición al socialismo.

  

Es en la interrelación entre las clases y su Estado, bajo determinadas condiciones históricas, donde encontramos la explicación a la degeneración estalinista, no en la idea mística de que un Estado obrero, en unas condiciones concretas, debe ser una perfecta democracia obrera o si no el Estado se transformará en una clase. A la larga, el factor económico, como en la sociedad burguesa, con muchas agitaciones y catástrofes, emergerá triunfante.

  

La clase obrera se ha enriquecido con la experiencia histórica y extrayendo sus lecciones, derrocará triunfalmente el absolutismo estalinista, y organizará una democracia obrera sana a un nivel muy superior. Entonces, el Estado, más o menos, corresponderá con la forma ideal elaborada por Marx y Engels.