For the rebirth of the Fourth International! - Pelo renascimento da Quarta Internacional!

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OCI/Moreno:

Nicaragua ocasiona un noviazgo de conveniencia

  

  

Traducido de Workers Vanguard No. 242, 26 de octubre de 1979. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 11, diciembre de 1982.

  

Los sucesos en Nicaragua han echado a girar furiosamente al carusel del Secretariado Unificado (S.U.), dando lugar a un enlace inesperado. Repentinamente la Organisation Communiste Internationaliste francesa (OCI) de Pierre Lambert está haciendo un frente común con la Fracción Bolchevique (FB) de Nahuel Moreno. Hasta ayer un observador fortuito habría dicho que lambertistas y morenistas estaban en lados opuestos del arco seudotrotskista, sin nada en común. Por estos días la FB ha reclamado el flanco izquierdo del S.U. mientras que la OCI parece una parodia socialdemócrata químicamente pura del trotskismo. Sin embargo, ahora se unen para elogiar a la Brigada Simón Bolívar (BSB), recientemente expulsada de Nicaragua por el victorioso Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y para denunciar a la “reconstituida” (pero no muy estable) mayoría del S.U. dirigida por Ernest Mandel y Jack Barnes. Por ahora, pero no mañana, pues este, putrefacto bloque de los más podridos sólo podrá tener el término medio de vida de un mosquito.

  

En una reunión tempestuosa del S.U. el fin de semana del 30 de septiembre de 1979, éste aprobó una serie de resoluciones que constituyen una liquidación total de cualquier presencia y línea política independientes en Nicaragua, en aras de una subordinación completa al Frente Sandinista pequeñoburgués. La Brigada Bolívar dirigida por los morenistas fue condenada sin ambages y le advirtieron a la Fracción Bolchevique que si no dejaba de funcionar como una “fracción pública”, sería expulsada. Una resolución política extensa, “Nicaragua: revolución en marcha” truena contra “una huida precipitada hacia el ultra-izquierdismo” e intentos de “forzar en forma aventurera el ritmo de la lucha de clases”, al mismo tiempo que rechaza los llamados a romper con la burguesía como una “tentación sectaria para aplicar un esquema abstracto” (Intercontinental Press, 22 de octubre). Concluye con un llamado a todos los partidarios del S.U. a actuar “como militante leal de la organización que encabezó el derrocamiento de Somoza” ― es decir, que disuelvan sus organizaciones, se adhieran al FSLN, se callen y obedezcan las órdenes de los líderes sandinistas.

  

Como respuesta a esta traición Moreno presentó una contrarresolución condenando al S.U. por su negativa a expresar siquiera una solidaridad elemental con sus propios “compañeros” enfrentados con la represión del gobierno burgués nicaragüense. Esta resolución de la Fracción Bolchevique “RECHAZA estas medidas, que violan todas las reglas del centralismo democrático,” y pide a los militantes que “impidan la celebración de un congreso mundial antidemocrático”. La amenaza de una escisión antes del “XI Congreso Mundial” del S.U., proyectado para noviembre, estaba clara. Además de la FB, también votaron por esta resolución los miembros de la Tendencia Leninista-Trotskista (TLT). (La TLT es una agrupación de antiguos partidarios de la Fracción Leninista-Trotskista ―dirigida por el Socialist Workers Party norteamericano― quienes después de la disolución de la FLT por el SWP en 1977 querían continuar la lucha fraccional contra la mayoría del S.U. bajo Mandel, y que luego se alinearon políticamente a grosso modo con los lambertistas.)

  

Inmediatamente después de la explosión en Bruselas, los representantes de la TLT y de la FB celebraron una reunión privada con la dirección de la OCI, quienes luego en forma provocadora publicaron esta noticia en su informe público (Lettre d’Informations Ouvrieres, 10 de octubre de 1979) junto con varios documentos internos del S.U. (“sacados de un expediente que nos facilitó el camarada Moreno”). El informe apoya políticamente a la Brigada Simón Bolívar y a la FB quienes intentan “ayudar a las masas a desarrollar sus propias organizaciones,” mientras que el periódico de la OCI, Informations Ouvrieres del 6 de octubre, anuncia que negarse a defender el derecho de la BSB a permanecer en Nicaragua sería lo mismo que unirse con “los liquidadores de la IV Internacional” (durante el mes y medio anterior a este anuncio no había mención alguna sobre el asunto en el semanario IO). Así pues se ha sellado el bloque, al menos para estropear conjuntamente al SWP y a Mandel, mientras que los anteriores intentos por la OCI de unirse al S.U. han sido aparentemente aplazados. Lambert estaba maniobrando para hacer estallar al S.U. y ahora que está por darse una escisión, sencillamente ha apostado por Moreno como su mejor chance.

  

¿Hacia la izquierda o la derecha en Nicaragua?

  

Frente a la imperdonable aprobación por el SWP de la represión antiobrera del Frente Sandinista, y a su alianza con la “burguesía antisomocista” en un gobierno capitalista, y en contraste a la claudicación más bien vergonzante y llorona de los mandelistas, le cuesta poco al bloque morenista/lambertista vestirse de izquierdista en Nicaragua. He aquí lo que escribió la OCI del nuevo régimen nombrado por el FSLN:

  

“Este gobierno burgués, instalado únicamente debido al espíritu conciliacionista de los dirigentes sandinistas... ha recibido, por haber llevado a cabo sus tareas contrarrevolucionarias, el apoyo del imperialismo y de la burocracia del Kremlin...”

  

Informations Ouvrieres, 8-23 de agosto de 1979

  

Igualmente, la Organización Socialista de los Trabajadores (OST) costarricense, una sección simpatizante del S.U. vinculada con la TLT y directamente ligada a la OCI francesa, escribió en su periódico ¿Qué Hacer? (26 de junio-11 de julio de 1979) poco antes de la caída de Somoza, que la negativa del gobierno provisional del FSLN a convocar elecciones inmediatas “demuestra claramente sus intenciones de proteger los intereses de la burguesía nacional y del imperialismo...” (traducido de Intercontinental Press, 10 de octubre de 1979). Por otro lado los morenistas colombianos del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) escriben que los gobiernos latinoamericanos:

  

“con su intervención y apoyo al FSLN, compraron un ‘seguro de vida’ para el capitalismo.... En síntesis, las burguesías ‘democráticas’ le han pasado la factura al FSLN; y el consejo de Castro es muy claro: ¡páguenla!”

  

El Socialista, 7 de septiembre de 1979

  

Esta crítica al régimen sandinista reviste un tono marcadamente izquierdista. Pero las verdaderas políticas respectivas de la FB/BSB y de la OCI/TLT se ubican muy a la derecha de su postura actual; es más, se contradicen mutuamente en forma aguda. En realidad, antes de que el FSLN tomara el poder el 20 de julio, no había base alguna para que los morenistas se unieran con los lambertistas en torno a (o dentro de) Nicaragua. Como antes explicamos (ver “La revolución en Nicaragua y la izquierda”) la actual hostilidad que sienten los morenistas para con el FSLN no es sino el resentimiento de pretendientes rechazados. Durante el año pasado han llamado repetidamente por un gobierno sandinista, después rebautizado “un gobierno del Frente y de las organizaciones obreras y populares” (El Socialista, 15 de junio) y fórmulas por el estilo. Pero el FSLN, bajo la presión del imperialismo y de gobiernos capitalistas latinoamericanos “amistosos”, y siguiendo el consejo de Fidel Castro, prefiere andar con los industriales y tecnócratas.

  

En cuanto a la política morenista con respecto a la Brigada Simón Bolívar, fue aún más oportunista (mientras también presionaban a los altos dirigentes del FSLN, lo que pronto les llevó a la ruina). Enviar una brigada internacional puede ser una táctica valiente y aun necesaria para los comunistas en situaciones de guerra civil; la participación de varias decenas de trotskistas europeos en la Brigada Lenin del POUM durante la Guerra Civil Española, por ejemplo, fue algo principista y admirable. Pero siendo que no se puede esperar poder actuar independientemente de una dirección militar en existencia, es imprescindible establecer y defender el carácter proletario de un tal cuerpo. La Brigada Bolívar era una parodia de estos principios. Su mismo nombre le niega un carácter de clase obrero, y la “Carta Abierta” morenista que la convoca dice textualmente, “el único punto programático de la brigada Simón Bolívar es apoyar la lucha del pueblo sandinista...” (El Socialista, 22 de junio de 1979). Además de los tratos financieros sospechosos normales para los morenistas ―el PST colombiano, que organizó la Brigada, obtuvo dinero a través de la venta de unos Bonos Sandinistas chimbos― también le pidieron al gobierno colombiano que “se reconozca legalmente a la Brigada Simón Bolívar garantizándose la documentación, transporte y financiamiento....”

  

Pero si es que Moreno y Cía. trataron de aprovecharse del entusiasmo por la revolución dirigida por los sandinistas contra el odiado tirano Somoza, y su truco fue malogrado, por lo menos estuvieron a la izquierda del FSLN nacionalista pequeñoburgués. En cambio, la OST costarricense ―y por extensión sus mentores de la Tendencia Leninista-Trotskista― ¡denunciaron al Frente Sandinista como ultraizquierdistas y aventureristas criminales! Su principal portavoz es un tal Fausto Amador (hermano del asesinado fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador), quien se salió del Frente hace unos cuantos años como elemento desmoralizado. En un folleto titulado ¿Adónde va Nicaragua? publicado por la OST en febrero de 1979, Fausto Amador y Sara Santiago presentaron un análisis no solamente cien por ciento falso ―sino que era por ende propaganda derrotista, en efecto pidiéndoles a las masas nicaragüenses que rindieran sus armas en vísperas del enfrentamiento final con el dictador:

  

“En Nicaragua, la segunda ofensiva se fue rápidamente convirtiendo en un mito en el que nadie creyó más... No habrá segunda ofensiva. Para todos esto es obvio, al menos en el futuro inmediato.... La falta de una segunda ofensiva pondría de manifiesto la acción de Septiembre [de 1978] como una aventura nefasta.”

  

La alternativa de la OST/TLT –manifestaciones pacíficas por los derechos democráticos― era legalismo cretino en un país que sufría bajo una dictadura bonapartista (y que además se debatía en medio de una insurgencia popular). Como señalamos cuando el SWP norteamericano publicó en junio pasado un texto parecido escrito por Amador y Santiago: “Presentar esta cobardía y desmoralización socialdemócrata como algo relacionado en modo alguno al marxismo es la peor cosa que pueda hacer el SWP /S.U. para ensuciar el nombre del trotskismo ante las masas centroamericanas” (Workers Vanguard No. 234, 22 de junio de 1979). En cuanto a la OCI, su oposición al régimen del FSLN se basa simple y puramente en la estalinofobia ― denuncia “la repentina resurrección del moribundo Partido Socialista Nicaragüense (sucursal nacional del Kremlin)” y “el peso excesivo de sus miembros con respecto a los sandinistas en el gobierno” (Informations Ouvrieres, 8-23 de agosto de 1979).

  

Portugal, Angola, Cuba...

  

Hemos tratado en otra parte con la contradicción escueta entre el “izquierdismo” abstracto de la Fracción Bolchevique de Moreno sobre el eurocomunismo, la dictadura del proletariado o el frentepopulismo en la distante Europa por un lado y su política ultra-oportunista en Latinoamérica (apoyo político a Perón, Torrijos, etc.) por otro. ¿Pero qué de sus nuevos compinches de la Tendencia Leninista-Trotskista (y de sus mentores en la OCI)? Al oponerse a la disolución de la FLT en 1977, los futuros militantes de la TLT presentaron una cara izquierdista: cuando el SWP calificó a la mayoría mandelista de ultra-izquierdista, ellos la calificaron de centrista; cuando Jack Barnes dijo que la fracción se formó sólo para luchar contra el guerrillerismo, ellos dijeron que también para luchar contra el frentepopulismo en el propio país. Pero cuando llegó el momento de formular un “Llamado por la formación de una tendencia internacional” ([SWP] International Internal Discussion Bulletin, diciembre de 1978), la futura TLT se basó en todas “las adquisiciones políticas y programáticas” de la FLT, y en particular en “los textos de la FLT sobre la revolución portuguesa y sobre Angola”.

  

Este hecho marcó definitivamente a la Tendencia Leninista-Trotskista como reformista, y también como capituladores ignominiosos. ¿Cuál fue la posición de la FLT con respecto a Portugal y Angola? En el punto culminante de la polarización de 1975 en Portugal, cuando los obreros de Lisboa tomaban las fábricas, la FLT llamó por un programa puramente “democrático” de defensa de la asamblea constituyente (en ese momento el grito de combate de la derecha). A la hora en que el Partido Socialista de Mario Soares encabezaba una movilización de masas anticomunista que quemaba las oficinas del PC, el SWP proclamó que “la verdadera vanguardia de la clase obrera portuguesa... participó en las manifestaciones del PS” (Militant, 8 de agosto de 1975). Y la OCI llamó por “un gobierno Soares” (Informations Ouvrieres, 23 de julio-6 de agosto de 1975). Moreno rompió con el SWP e hizo escindir a la FLT precisamente sobre este punto, mientras que los futuros TLTistas al principio condenaron aún más tajantemente el seguidismo del SWP tras Soares (sólo para capitular unas semanas después y votar por la resolución de la FLT, “Cuestiones claves de la revolución portuguesa”).

  

Para marxistas principistas, diferencias de la envergadura de las que dividieron los morenistas de los lambertistas sobre Portugal habrían hecho imposible cualquier unidad: igual que el SWP y Mandel, éstos se habrían encontrado en lados opuestos de las barricadas en Lisboa. Lo mismo sobre Angola, donde en el momento crítico de la lucha contra el avance sobre Luanda de fuerzas dirigidas por Sudáfrica y financiadas por la CIA, el SWP/FLT se negaron a tomar partido por el triunfo militar del MPLA respaldado por la URSS. (Después trataron de adornar esta vil traición mediante una “revisión” burda de una declaración del comité nacional del SWP de enero de 1976.) Moreno denunció esto en términos muy violentos, sacando un libro completo sobre el tema (Angola: La revolución negra en marcha [1977]) donde dice que “la mejor manera de ayudar a Vorster y al imperialismo yanqui era decir lo que dijo el SWP....” Entonces, ¿cómo justifica Moreno unirse hoy con los que alaban como “histórica” la política del SWP/FLT?

  

¿Y Cuba? En cuanto a Cuba la TLT apoya “la línea general de las contribuciones por D. Keil”, y tres líderes de la OST costarricense (Andrés, Rodrigo y Sara) firmaron junto con Keil un documento calificando el régimen de Castro de “estado obrero burocratizado” (“Por un cambio en la posición sobre Cuba de la IV Internacional”, [SWP] IIDB, diciembre de 1978). Otra vez, a primera vista esto podría verse como un paso hacia la izquierda frente al apoyo político dado por el S.U. al “trotskista inconsciente” Fidel (que ahora ha extremado aún más con el panegírico del SWP a Castro, campeón de la paz y amigo de los niños del mundo). Pero como señalamos en nuestro artículo, “¡Por una revolución política en Cuba!” (Workers Vanguard No. 244, febrero de 1979) Keil et al atacaban al SWP “desde la derecha, pronunciándose en efecto por una posición consecuentemente socialdemócrata de oposición a todo régimen estalinista”. Concluimos: “Sumen las posiciones del SWP/FLT sobre China, Vietnam, Portugal y Angola y añadan la posición sobre Cuba de un estado obrero deformado y ¿cuál es el resultado? Un programa acabado de estalinofobia.” Las posiciones abiertamente contrarrevolucionarias de la TLT/OST sobre Nicaragua, que califican a la victoriosa “segunda ofensiva” de los sandinistas como una “aventura”, confirman nítidamente nuestra conclusión anterior.

  

... Y el caso extraño de Fausto Amador

  

Estas cuestiones ―los temas más fundamentales para una perspectiva revolucionaria en los recientes acontecimientos importantes― no son sino el pequeño cambio en los negocios de combinación y recombinación de las luchas fraccionales del S.U. Sí hay cierta base para el bloque morenista/lambertista: ambos son profundamente reformistas aunque hoy día se dan luces de izquierda en torno a Nicaragua. Además, está la oportunidad atractiva dada por la reciente ruptura de la OCI con los viejos opositores de Moreno en Argentina, el grupo Política Obrera (el enemigo de mi enemigo es mi amigo, etc.). Pero quedan varios puntos problemáticos aun para estos oportunistas consumados. Y uno de éstos es el caso de Fausto Amador, ya conocido por nuestros lectores.

  

Amador no simplemente rompió con el FSLN. Fue entrevistado en la televisión somocista y habló a la prensa somocista, donde les urgió a los demás militantes de la organización guerrillera que rindieran sus armas a cambio de la promesa de una amnistía por la ensangrentada dictadura dinástica. Por esto los líderes del FSLN le consideraron con justificación un traidor. Después como agregado cultural nicaragüense en Bruselas ―es decir, como un empleado de Somoza― fue, según se informa, ganado a la perversión del trotskismo propagado por el S.U. Naturalmente esto causó cierta conmoción en Centroamérica donde el caso era bien conocido. Moreno, al enterarse de esto fue el primero en plantear la cuestión dentro del S. U. En una reunión del comité central del PST colombiano en diciembre de 1977, el dirigente de la Fracción Bolchevique, Eugenio Greco, se quejó: 

  

“¿Conocen el nombre que le dan en Europa a lo que ha hecho Fausto Amador? Le llaman colaboracionismo.... Si ocurre una combinación de circunstancias muy probables: que cae Somoza; que el Frente Sandinista surge como un movimiento de gran prestigio debido a su lucha anti dictatorial.... El Frente Sandinista quizás diría: Quisiera que la IV Internacional nos explicara porqué Fausto Amador Arrieta está en sus filas... y, señores, en ese momento será el fin para el trotskismo en Centroamérica.”

  

― [SWP] IIDB, abril de 1978

  

Y así pasó. Pero hoy día el notorio Fausto Amador, un dirigente de la OST costarricense, es defendido por la TLT y por sus nuevos aliados Moreno y Cía. La contrarresolución de la Fracción Bolchevique en la reunión del S.U. del 30 de septiembre defiende explícitamente a Amador contra sus acusadores, “una dirección pequeñoburguesa ajena al movimiento trotskista”. Los ataques a la integridad personal de dirigentes políticos han sido una norma triste y ruinosa de la izquierda latinoamericana, donde la mayoría de escisiones tienen su enfoque en acusaciones de dinero robado o cobardía y traición. En el caso de Fausto Amador los cargos han sido probados esencialmente por su propia confesión; y todavía, permanece como un dirigente reconocido del S.U. Lo que se destruye por este hecho no es el trotskismo, sino las pretensiones revolucionarias de estos renegados del marxismo para quienes las manos de Fausto Amador no están sino un poco más manchadas que las de los demás.