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Carta al CORCI y a la OCI

  

[Traducido en Spartacist No. 4, mayo de 1977]

  

15 de enero de 1973

  

Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional y Organización Comunista Internacionalista:

  

Estimados compañeros,

  

En la Tercera Conferencia Nacional de la Spartacist League/EE.UU., se llevó a cabo una discusión importante sobre el Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional (CORCI), partiendo de nuestras traducciones de los documentos fundamentales y las discusiones de su conferencia internacional de julio de 1972, publicados en la Correspondance Internationale de octubre de 1972. También hemos tomado en cuenta los informes de nuestros camaradas Sharpe y Foster sobre sus discusiones con el compañero De M. de la OCI el verano pasado.

  

Hemos prestado seria atención al CORCI porque anotamos que ha dado ciertos pasos que se dirigen hacia una salida del callejón en el cual se encontraban las relaciones entre la Spartacist League/EE.UU. y el Comité Internacional (CI) desde noviembre de 1962, y también hacia una resolución de la hostilidad aguda entre nosotros a partir de la Conferencia de Londres del CI celebrada en abril de 1966. Estamos de acuerdo con el objetivo declarado del CORCI de luchar sobre la base del programa de la Cuarta Internacional por la reconstrucción de un partido mundial democrático-centralista, y actualmente de proseguir este fin mediante una discusión política ordenada, en un boletín internacional de discusión, culminado en una conferencia internacional. Hacemos notar que en este sentido su conferencia de julio representó una ruptura con la práctica de bloques federativos perpetrada por el antiguo Comité Internacional, y abarcó una discusión seria y vigorosa, la cual hizo falta en la Tercera Conferencia del CI (Londres, 1966). Así que nos parece a primera vista que el CORCI posee una de las cualidades imprescindibles para la lucha por comprobar el auténtico programa trotskista, y por medir con dicho programa la práctica política, en el curso de su desarrollo, de los grupos nacionales participantes en la discusión. Por lo tanto, la SL/EE.UU. ha llegado a la conclusión de que nos incumbe, como parte de nuestro deber internacionalista, esforzarnos por participar en esta discusión.

  

Constamos que cumplimos plenamente con los requisitos formales para entrar en su proceso de discusión, conforme a la resolución “Sobre las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional”: es decir, “[declaramos nuestra] voluntad de luchar sobre la base del programa de la Cuarta Internacional para reconstruir el centro dirigente, reconociendo que éste aún no existe” (véase nuestra resolución del año 1963, “Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional” y documentos subsiguientes). Sólo estamos en condición de solicitar la participación en la discusión, en vez de adhesión al Comité de Organización, debido a diferencias programáticas con ciertas posiciones defendidas por los integrantes del Comité de Organización, en otros casos por falta de conocimiento o de claridad acerca de las mismas. Siendo que el Comité de Organización también se propone emprender la construcción de secciones nacionales de la Cuarta Internacional, la existencia de estas ambigüedades programáticas nos impide participar en tales actividades.

  

Es nuestra opinión que el propósito preliminar de una discusión, como la prevista por el Comité de Organización, debe ser la cristalización de una serie de consignas programáticas, específicas y decisivas, análogas a los puntos concretos, delimitando los principios marxistas revolucionarios, planteados por Trotsky en el período 1929-33 como base sobre la cual reunir las fuerzas dispersas, y políticamente diversas de los comunistas de la oposición.

  

Por lo tanto quisiéramos enumerar ciertos temas sobre los cuales nos parece que hay divergencias o ambigüedades centrales entre nuestras posiciones políticas y aquellas expresadas por el Comité de Organización o las que ha planteado la OCI. La importancia que concedemos a estas cuestiones se debe a que, de no ser resueltas, pondrían en peligro la cristalización de un movimiento trotskista mundial auténtico y disciplinado, tanto como su dirección. A nuestro entender actual, creemos que estos son temas que merecen una discusión detallada.

  

(1) Frente unido: Discrepamos de la concepción del “frente único estratégico” como lo utiliza la OCI y como se plantea en “Por la reconstrucción de la Cuarta Internacional” (sobre todo en la sección IX, “Lucha por el poder, frente único de clase, partidos revolucionarios”) en el número 545 de La Verité (octubre de 1969) y en la resolución política general del CORCI. Con respecto a la práctica de la OCI en Francia, nuestro criterio ha sido expresado en el número 11 de Workers Vanguard (septiembre de 1972). Creemos compartir la posición tomada por los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista de que el frente unido es esencialmente una táctica empleada por los revolucionarios para “poner las bases contra las cúpulas” en aquellas condiciones excepcionales y oportunidades decisivas en que el curso de la vida política proletaria se ha salido de sus cauces normales. El camarada Trotsky elaboró extensamente este concepto con respecto a la crisis alemana de 1929-33, así como en sus conversaciones con los dirigentes del SWP en 1940 sobre su táctica con respecto al Partido Comunista de los EE.UU.

  

El frente unido no es más que un medio, una táctica, por el cual el partido revolucionario, es decir su programa y autoridad, en tiempos de crisis puede movilizar y atraer a las masas (que en dicho momento se encuentran adheridas a otros partidos) por medio de demandas concretas para acciones conjuntas dirigidas a las organizaciones reformistas. Cualquier otra interpretación se basarla necesariamente, en una supuesta capacidad latente de vanguardia revolucionaria existente en los partidos reformistas o estalinistas – lo que constituye una proposición central del pablismo.

  

El objetivo del frente unido debe ser el enraizar del programa revolucionario al seno de las masas. De la misma manera, en los soviets – la expresión máxima del frente unido – la ascendencia del programa revolucionario es la condición para su conquista del poder. Cualquier tipo de fetichismo hacia la mera forma de los frentes unidos o soviets (igualmente hacia los sindicatos y comités de fábrica) significa abdicar como revolucionarios porque constituye, en el fondo, la liquidación del partido de vanguardia en la clase, al sustituir el papel del partido revolucionario por tales formas (¡y otra política!). Esto no es leninismo sino, en el mejor de los casos, una variante del luxemburgismo. Unos de los mayores logros de Lenin al contraponer la vanguardia revolucionaria a los reformistas, fue el superar la idea kautskyana del “partido de la clase en su conjunto”. Anteponer una formación de masas al partido de vanguardia sería regresar a la concepción kautskyana.

  

Cuando las fuerzas que se proclaman revolucionarias son cualitativamente débiles en comparación con los partidos reformistas o estalinistas de masas, es igualmente ilusorio, en circunstancias ordinarias, tanto el hacer llamados por la formación de un “frente unido” con las formaciones de gran tamaño, como reivindicar alianzas de tales fuerzas. (Cuando Trotsky exigió la formación de un frente unido entre el SPD y el KPD alemanes, creía que este último todavía tenía un potencial revolucionario.)

  

Ciertamente la táctica conveniente a un partido revolucionario desarrollado no puede ser mecánicamente transferida a una agrupación que carece cualitativamente de la capacidad de luchar por la dirección de la clase. Sin embargo, las diferencias en el modo de acción van en el sentido opuesto a las proyectadas por la OCI. En la medida que la tendencia revolucionaria se ve obligada a actuar como grupo de propaganda, tanto más deberá insistir en presentar su programa en su totalidad. Como señaló Trotsky, en primera instancia el bolchevismo descansa sobre cimientos de granito, y las maniobras pueden realizarse de manera principista solamente al basarse en dichos cimientos. El frente unido de la clase obrera es, por supuesto, la maniobra llevada a cabo en gran escala.

  

(2) El Partido Obrero Revolucionario (POR) boliviano: No creemos que la participación del POR en el Frente Revolucionario Antimperialista (FRA) salió de la nada. Estamos de acuerdo con la resolución de la OCI y del CORCI en el sentido de que el FRA – formado poco después del golpe de estado del general de derecha [Hugo] Banzer, e incorporando elementos de la “burguesía nacional” incluyendo al general Torres – es un frente popular y no la continuación de la Asamblea Popular, la cual pudo haber poseído los requisitos formales necesarios para ser un polo proletario soviético en oposición al régimen anterior del general de izquierda [José] Torres. A nuestro ver, lo mejor que puede decirse del POR durante el período del régimen de Torres es que subordinó el desarrollo del partido de vanguardia al de la Asamblea Popular; esto es, subordinó el programa revolucionario a una colección vacilante y mal definida de prejuicios políticos estalinistas y nacionalistas de izquierda. Dada esta carencia de revolucionarios, la Asamblea Popular se caracterizó necesaria y concretamente por su nudo de sumisión menchevique ante la “burguesía nacional”. Para mayor detalle véase el no. 3 de Workers Vanguard. Consideramos que la política anterior del POR, enérgicamente apoyada por el CORCI, es una expresión de la concepción errónea del “frente único estratégico”, y que demuestra la consecuente subordinación de la organización de vanguardia a una organización de masas, en este caso la Asamblea Popular. Los períodos prolongados de represión han limitado severamente nuestro contacto con y conocimiento del POR boliviano; no obstante, basándonos en los indicios disponibles, nos parece que ésta organización ha desempeñado un papel típicamente centrista por lo menos desde la oleada revolucionaria de 1952.

  

(3) Estalinismo: Hacemos notar que en el pasado la OCI ha tendido a igualar la lucha contra el imperialismo con aquella contra el estalinismo, por ejemplo en las consignas lanzadas en la conferencia celebrada en Essen en 1971. La resolución política general propuesta por la OCI y adoptada por el CORCI leva esta igualación un paso más lejos al negar el “carácter dual” de la burocracia estalinista, calificándola simplemente como “el organismo de la burguesía dentro del movimiento de la clase obrera.” Quizás la OCI ha llegado a esta fórmula errónea al extender, en forma simplista, la idea cierta y valiosa de que las luchas de clases de los obreros no están restringidas por la “Cortina de Hierro”.

  

Para nosotros, y creemos que también para Trotsky, la burocracia estalinista tiene un carácter contradictorio. Así, en 1939, concilió con Hitler socavando la defensa de la Unión Soviética. Pero a partir de 1941 luchó (pésimamente) contra la invasión hitleriana. Nuestra política durante la guerra fue, entonces, la defensa revolucionaria de la Unión Soviética, es decir luchar contra el invasor imperialista y derribar la burocracia mediante la revolución política – no siendo, en lo absoluto, la menor de las metas el derribar el terrible impedimento burocrático a esa lucha. En la guerra de Indochina, el papel de la burocracia de Hanói y nuestra actitud hacia ella, así como las tareas del proletariado vietnamita, son esencialmente las mismas.

  

En 1953, en la lucha fraccional al interior del SWP, la fracción mayoritaria de Cannon-Dobbs trató de defenderse contra la minoría pablista de Cochran-Clarke, asumiendo la posición (similar a la del CORCI) de que la burocracia estalinista era “contrarrevolucionaria de punto al cabo y hasta el meollo”. Como ésta es una posibilidad verdaderamente aplicable sólo a elementos restauracionistas capitalistas – en sus formas extremas, fascistas o agentes de la CIA – la mayoría del SWP se vio obligada a cometer una serie de errores políticos con el fin de mantener su posición; y de hecho, esta posición junto con la defensa por Cannon de un internacionalismo federativo representaron desviaciones del curso trotskista que ayudaron a minar la fibra revolucionaria del SWP.

  

En este aspecto, hacemos notar el análisis de Cuba aparecido en La Verité no. 557 (julio de 1972). La negativa de la OCI a sacar la conclusión de su análisis – hasta ese punto paralelo al nuestro – de que Cuba es, cualitativamente, un estado obrero deformado, indica un posible alejamiento de la teoría leninista del estado en favor de un concepción burguesa lineal análoga a un termómetro que simple y gradualmente pasa de “estado burgués” a “estado obrero” por medio de incrementos pequeños sin un cambio cualitativo. Tal metodología constituye uno de los pilares del pablismo. De acuerdo con esta concepción, es de suponer que el proceso inverso, de pasar de “estado obrero” a “burgués” mediante pequeños incrementos, sería asimismo posible. Trotsky denunció correctamente esta última idea como “desenrollar la película del reformismo al revés.” Hacemos notar, sin embargo, que la OCI parece ser inconsecuente en su caracterización del estado cubano; “Las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional” (en La Correspondance Internationale, junio de 1972, pág. 20) reclama “la defensa incondicional de la Unión Soviética, China, Cuba, las conquistas obreras de Europa Oriental, la guerra revolucionaria en Vietnam…”.

  

(4) Acerca de la juventud: Hacemos notar que la relación dé la OCI en la Alliance des Jeunes pour le Socialisme no tiene precedentes en la historia de la práctica leninista, y representa, de hecho, una capitulación al sentimiento pequeñoburgués de la “dualidad de vanguardias” en el medio estudiantil. Nos oponemos, también, al concepto anexo de una “Internacional Revolucionaria de la Juventud” no trotskista, propuesta en la conferencia de Essen en julio de 1971. El movimiento revolucionario de jóvenes debe ser programáticamente subordinado y organizativamente ligado (formalmente) al partido de vanguardia que engloba la experiencia histórica del proletariado. De otra manera, los militantes juveniles y estudiantiles jamás superarán el radicalismo pequeñoburgués que en momentos cruciales está en directa oposición a la vanguardia proletaria.

  

(5) Violencia y la línea de clase: Nos oponemos firmemente a la disposición de la OCI de usar el aparato estatal burgués – los tribunales – para resolver las disputas del movimiento de la clase obrera. Además la SL/EE.UU. se opone de manera inalterable al uso de la fuerza física para suprimir las opiniones de otras tendencias de la clase obrera, donde esto es la cuestión clave; por ejemplo, el impedimento físico por parte de la OCI de la distribución de panfletos de la IKD en la Conferencia de Essen de julio de 1971. No somos pacifistas, y reconocemos plenamente nuestro derecho de autodefensa, así como aquel de cualquier integrante de los movimientos socialista y obrero, para defender reuniones y manifestaciones ante asaltos físicos y proteger militantes individuales de ataques terroristas. Considerado en su conjunto, nuestro punto de vista se deriva de la proposición de que la máxima libertad en el intercambio de ideas al interior del movimiento obrero fortalece la posición de los revolucionarios y aumenta la posibilidad de acciones unidas de la clase. A la inversa, son los reformistas y estalinistas – “los tenientes laborales del capital” – quienes característicamente emplean la violencia y la victimización dentro del movimiento.

  

(6) El Comité Internacional: La resolución del CORCI, “Sobre las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional”, declara que a partir de 1966 la Socialist Labour League (SLL) “sigue el mismo camino tomado previamente por el SWP.” Pero luego, la resolución lamenta el “estallido del Comité Internacional causada por la SLL,” sobre la base de que la última ruptura “agrava la dispersión” que empezó en 1952. Nosotros consideramos que las formas organizativas deben corresponder a las realidades políticas. Nos opusimos firmemente a la ruptura con la SLL (“Comité Internacional”) en 1962 debido a su carácter aparentemente puramente organizativo. Sólo después de la aguda ruptura en la Conferencia de Londres en 1966, y especialmente en los años siguientes cuando la SLL acumuló una serie de divergencias políticas graves con nosotros, es que pudimos apreciar que el deseo de la SLL en 1962 de intentar un acercamiento al SWP (ante lo que estuvimos dispuestos a someternos, pero nunca a dar nuestra aprobación) era una expresión de una diferencia política fundamental.

  

La ruptura de la SLL con nosotros en 1962 fue, sin embargo, parte de una lucha real al interior del grupo norteamericano. La ruptura entre la SLL y la OCI ocurrida en 1971 parece haber sido la separación de socios de bloque, sin repercusiones evidentes al interior de ninguno de los dos grupos – y por tanto sin lucha, aún confusa.

  

En el fondo las diferentes apreciaciones sobre la escisión del Comité Internacional posiblemente reflejan la divergencia, lingüísticamente ligera pero no obstante real, entre las consignas “por la reconstrucción de la Cuarta Internacional” de la OCI y “por el renacimiento de la Cuarta Internacional” de la SL/EE.UU. Nuestra consigna implica la necesidad de pasar por un proceso fundamental; no es posible tan sólo encajar unos cuantos pedazos, picarlos un poco quizás, y con ellos reconstruir el edificio.

  

Como la SL/EE.UU. tiene diez años de experiencia con el Comité Internacional, no podemos simplemente abordar las discusiones del CORCI como si esta experiencia previa entre nosotros y principales elementos del CORCI, anteriormente integrantes del CI, no existiera. Por lo tanto debemos repasar la experiencia previa, en tanto que ella condiciona nuestro modo de abordar el CORCI.

  

Nuestras opiniones con respecto al desarrollo del Comité Internacional desde 1966 han sido expuestas en Spartacist no. 6 (junio-julio de 1966), que se refiere a la Conferencia de Londres de 1966 y a nuestra expulsión; en el artículo sobre la corriente Healy-Wohlforth en Spartacist no. 17-18 (agosto-septiembre de 1970); en Spartacist no. 20 (abril-mayo de 1971) que es un resumen de los acontecimientos políticos y organizativos desde 1966; y en Workers Vanguard no. 3 (diciembre de 1971) referente a la ruptura entre la SLL y la OCI. Como notarán a partir de este material, protestamos la falta de centralismo democrático en el Comité Internacional desde la primera vez que nos dimos cuenta de ello en la Conferencia de Londres.

  

Nosotros creemos que una de las pruebas necesarias para auténticos revolucionarios es de mostrar la capacidad de autocrítica, incluso en forma despiadada. El “Comité Internacional” dominado por el SWP en el período 1954-63 y por la SLL durante 1963-71, siempre fue parcialmente ficticio y en parte la formalización de bloques de conveniencia por organizaciones esencialmente nacionales. Esto requiere ser explicado por aquellos que no están dispuestos a simplemente repetir su experiencia anterior. No basta pasar por sobre los últimos dieciocho años con la promesa de que de ahora en adelante las cosas se harán de manera diferente.

  

Fuimos expulsados definitivamente del conglomerado internacional healyista en 1966 en el momento mismo que, el CORCI señala como el principio del deslizamiento de la SLL. Creemos ver en eso una relación. Evidentemente como parte del intento de la OCI de permanecer en un bloque común con la SLL, y quizá en parte debido a ignorancia de nuestras verdaderas posiciones, en el decurso de los años la OCI ha imputado a la SL/EE.UU. una serie de posiciones. No sólo no sostenemos, ni hemos sostenido nunca estas posiciones, sino que más aún la mayoría de ellas son exactamente lo contrario de nuestro punto de vista real. Por ejemplo, la OCI declaró que nosotros creíamos en “la familia del trotskismo” aún, cuando en la Conferencia de Londres de 1966, nuestra delegación fue impresionada por lo acertado de la declaración de un representante de la OCI de que “no hay una familia del trotskismo”; nuestro portavoz citó esta observación en forma aprobatoria, como fue reportado en Spartacist no. 6 y varias otras veces desde entonces. En la “Declaración de la OCI” de 1967 con respecto al Comité Internacional, se hace repetida referencia a un “bloque VO-Robertson” y se sacó la conclusión general de que “la lucha contra Robertson está plenamente identificada con la lucha contra el pablismo. Sus posiciones se unen a las del SWP y el Secretariado Unificado cuando no son las de Pablo.” La OCI se disculpó en términos similares a la SLL por haber invitado a un observador de la SL/EE.UU. a la conferencia de Essen.

  

La SL/EE.UU se dió cuenta desde 1962 que la corriente que representa la OCI no debía ser igualada con la SLL, y luego de nuestra expulsión de la Conferencia de Londres hemos seguido notando la diferencia (por ejemplo en Spartacist no. 17-18, al discutir el intento de Healy de acercamiento al Secretariado Unificado, nos referimos al grupo Healy-Banda “y sus aliados franceses políticamente muy superiores pero internacionalmente inactivos, el grupo Lambert”). También nos enterábamos a través de fuentes privadas que por lo menos desde 1967 el grupo de Wohlforth había dirigido una vigorosa campaña interna para desacreditar a la OCI.

  

Nuestra caracterización de la OCI como políticamente superior a la SLL estuvo basada en una serie de posiciones políticas comunes de nuestras dos organizaciones que estaban en directa oposición con los puntos de vista de la SLL. Las polémicas recientes de la OCI contra la SLL (véase La Verité, no. 556) hacen notar la objeción por la OCI contra ciertas posiciones claves de la SLL a las que nosotros también nos habíamos opuesto: el uso deliberado por parte de la SLL de “la dialéctica” como mistificación para ocultar cuestiones políticas; el seguidismo crónico por la SLL al estalinismo en Vietnam; el entusiasmo de la SLL con respecto a los “guardias rojos” chinos; la idea de la SLL de una “revolución árabe” sin contenido de clase; la inescrupulosa tentativa de acercamiento al Secretariado Unificado-SWP que la SLL hizo en 1970. También consideramos importante la objeción de la OCI contra la posición de la SLL de que el revisionismo pablista no había destruido organizativamente la Cuarta Internacional. La posición de la OCI en este aspecto parece corresponder a la opinión que hemos sostenido en forma consistente y sobre lo que insistimos en la Conferencia de Londres de 1966.

  

Además, siempre hemos sostenido una actitud muy seria hacia la OCI, no debido a su tamaño, sino debido a sus cuadros experimentados y su continuidad en el movimiento mundial. En esta carta nos hemos centrado en las supuestas diferencias entre nosotros y la OCI, pero los puntos fuertes de la OCI también se han reflejado en posiciones políticas específicas, de algunas de las cuales hemos aprendido – por ejemplo la insistencia de la OCI con respecto a la unidad fundamental de clase en toda Europa a pesar de la “Cortina de Hierro”. Otras posiciones, como hemos mencionado arriba, han sido desarrolladas de forma independiente pero paralela. Sobre todo respetamos a la OCI por su intento firme de dar vida a su internacionalismo.

  

Es por eso que esperamos pacientemente cuando no teníamos otra opción con respecto a la OCI, y en cuanto hemos tenido la oportunidad hemos buscado la discusión en forma persistente. Pensamos sobre todo en la OCI cuando, en la conclusión de nuestra declaración después de ser excluidos de la Conferencia de Londres de 1966, declaramos: “Si los camaradas siguen con la intención de excluirnos de esta conferencia, pedimos sólo lo que hemos pedido anteriormente – estudien nuestros documentos, incluyendo nuestra proyecto de trabajo en los EE.UU. presentado ante ustedes ahora, así como nuestro trabajo en los meses y años por venir. Nosotros haremos lo mismo, y una unificación de las fuerzas trotskistas apropiadas será lograda, a pesar de este trágico revés.”

  

Recientemente, en el documento “Sobre las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional” (cuya introducción en la edición en inglés declara ser “central a la discusión internacional”), la OCI caracterizó a la SL de la Conferencia de 1966 como “centrista” o “centrista-sectaria”. Así que en lugar de seguir nuestros documentos y trabajo actual como pedimos en 1966, la OCI ha seguido repitiendo la avalancha de falsedades producida por la SLL con el fin de acabarnos políticamente. A la luz de los puntos anteriores, el momento actual nos parece muy apropiado a que la OCI junto con el CORCI procedan a un estudio detallado de la política de la SL.

  

No esperamos y no tendríamos confianza en un simple revocamiento del juicio sobre la SL/EE.UU. por parte de la OCI. Las apreciaciones acerca de la SL/EE.UU. por los grupos componentes del CORCI deben guiarse por dos consideraciones. La primera trata de las cuestiones programáticas y políticas de carácter general que ya hemos abordado. Naturalmente creemos tener la razón con respecto a ellas, pero debido a que nuestras posiciones han sido elaboradas en el marco del movimiento trotskista norteamericano (y durante un período de aislamiento nacional forzado), debemos admitir que ellos pueden ser parciales y, esto en formas que necesariamente desconocemos en el momento actual. Como fue declarado en el principal informe político a nuestra reciente Conferencia Nacional: “La SL/EE.UU. requiere urgentemente la subordinación disciplinada a una dirección internacional que no esté sujeta a las presiones deformadoras de nuestra situación nacional particular” (véase Workers Vanguard no. 15, enero de 1973). Fue con este espíritu que publicamos nuestro artículo “Génesis del pablismo” (Cuadernos Marxistas no. 1) que contenía esencialmente la totalidad de nuestra comprehensión actual del pablismo.

  

La otra cuestión – de carácter subordinado pero de gran importancia dentro del marco del acuerdo programático fundamental, y que podría contribuir a alcanzar dicho acuerdo – es el problema de la comprehensión por parte de los camaradas al nivel internacional de la realidad concreta del movimiento socialista en los EE.UU. en el contexto del desarrollo del movimiento laboral norteamericano y de la configuración específica de las relaciones de clases en este país. Hay una remarcable falta de correspondencia entre las divisiones existentes en el seno de los movimientos ostensiblemente marxistas en Europa y Norteamérica, de manera que todo intento de superponer los grupos europeos sobre grupos norteamericanos “similares” es inapropiado. La estadía de seis meses en Francia del camarada Sharpe fue extremadamente útil para aclararnos este punto. Ayudaría muchísimo al proceso de esclarecimiento si, por ejemplo, un representante de la OCI viniera a este país por un tiempo prolongado, para examinar, por ejemplo, no sólo a la SL/EE.UU. en su trabajo concreto, sino también corrientes tales como la del “Vanguard Newsletter” de Turner-Fender, que parece ser formalmente la más cerca a la OCI; como los International Socialists que consideran a Lutte Ouvriere como sus amigos más próximos en Francia, pero que incluyen en sus filas simpatizantes de la OCI; y el resto de las tendencias dentro del movimiento radical norteamericano. Además, sería necesario examinar los sindicatos tal como se han desarrollado aquí, en las oficinas sindicales así como en los piquetes de huelga. En un sentido más amplio, deberían investigarse las universidades características y la realidad de la Asociación Nacional Estudiantil.

  

Tomamos nuestro compromiso como internacionalistas en forma muy seria, como condición para nuestra supervivencia como revolucionarios marxistas; y con esto no entendemos los pactos diplomáticos de no-agresión con grupos en otros países, ni la exportación a la Healy de serviles grupos que no son más que pequeños transplantes de la SLL. Como un resultado de lo que para nosotros representa un precipitado crecimiento doméstico, estamos adquiriendo por primera vez los recursos humanos y materiales para llevar a cabo nuestras obligaciones internacionales en forma sostenida.

  

Es en el contexto de la necesidad por una internacional disciplinada, y nuestro compromiso firme de luchar con el fin de obtener el acuerdo programático que es la única base posible para dicha internacional, que queremos participar en la discusión iniciada por el CORCI.

  

Adjuntamos a la presente copias de todos los documentos a los que hacemos referencia en esta carta. De ser aceptados en la discusión organizada por el CORCI, con el fin de familiarizar a los camaradas al nivel internacional con nuestras posiciones, nosotros desearíamos entregar tres documentos para la discusión: (1) esta carta, (2) las observaciones de nuestra delegación a la Conferencia de Londres de 1966, y (3) nuestra declaración de principios.

  

Fraternalmente,

Buró Político de la Spartacist League/EE.UU.

CC.: Spartacist League/Australia-Nova Zelandia