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Líder PCE cruza piquete de huelga de Yale

¡Carrillo Esquirol!

  

  

[Traducido de Workers Vanguard No. 184, 2 de diciembre de 1977. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 6, julio de 1978.]

  

La visita de diez días a los Estados Unidos del dirigente del Partido Comunista de España (PCE) Santiago Carrillo, del 14 al 23 de noviembre [de 1977], se planeó como una gira de estreno “eurocomunista”. Fue el primer jefe de un partido comunista de Europa occidental a “quien se le permitió entrar a los EE.UU. desde el comienzo de la guerra fría. Así, su viaje fue considerado como un gran suceso por la prensa europea, indicando que Washington ya no considera al PCE y sus aliados como “prohibidos”. Se esperaba, decía el New York Times del 15 noviembre, que Carrillo utilizara la ocasión “para presentar su imagen de comunista con mentalidad democrática e independiente de Moscú”.

  

En recompensa por este indicio de tolerancia por parte del gobierno del Partido Demócrata, el líder del PCE elogiaría la campaña de “derechos humanos” de Jimmy Carter cuyo blanco fundamental es la Unión Soviética. Concretamente, después del desaire que le dio el Kremlin a Carrillo este mes durante la celebración oficial soviética del 60 aniversario de la Revolución de Octubre, era de esperarse que se hicieran comparaciones poco gratas entre la represión de disidentes en la Rusia de Brezhnev y el aclamado “intercambio libre de ideas” en la América de Carter. Y al proveer la ocasión para una fiesta de propaganda anticomunista él iba a dar una prueba concreta de su confiabilidad como lacayo laboral de la burguesía imperialista.

  

Carrillo jugó su rol con aplomo, codeándose con profesores liberales, llevando a cabo discusiones privadas con el poderoso Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores), elogiando a Jimmy Carter y al rey Juan Carlos de España, tranquilizando a los inversionistas norteamericanos y dándoles señas a los socialistas en casa. Dio toda muestra posible de “moderación” y efectivamente demostró que el PCE no representa una amenaza al dominio capitalista. Pero la prueba más dramática de la lealtad de Carrillo a la burguesía, la cual pronto se convirtió en un escándalo internacional, fue probablemente algo que él no esperaba.

  

Al cruzar los piquetes de los obreros en huelga en la Universidad de Yale, bajo protección de recios policías, Santiago Carrillo le aclaró al mundo entero que él no es un comunista sino un esquirol miserable. No un dirigente revolucionario del proletariado sino un falso dirigente y un impostor. Sus palabras de fidelidad al “pluralismo democrático” y a los “derechos humanos” en definitiva constituyen una apología del capitalismo; en la práctica resultan en los desmanes de un rompehuelgas. Así, cuando este falso “comunista” decidió manifestar su desprecio por la clase obrera, los miembros del sindicato, el American Federation of University Employees (AFL-CIO) Local 35., en la séptima semana de huelga lo abuchearon y le silbaron, dándole la recepción merecida de todo esquirol.

  

Con las manos en la masa

  

Carrillo fue atrapado en el acto por reporteros y fotógrafos de las agencias de prensa y los periódicos más importantes. Informes sobre el incidente en la línea de piquete se publicaron en el New York Times, el Times de Londres y Le Monde de París; informaciones fueron enviadas por la UPI, AFP, Reuters y las agencias de prensa alemana y española. Revistas importantes como Time, L’Espresso de Italia y Manchete de Brasil, hicieron un reportaje del acontecimiento mientras AFP y UPI distribuyeron fotografías de este acto de traición de clase de Carrillo.

  

Pero mientras la prensa burguesa tenía sus propias razones reaccionarias para regocijarse del apuro del más reciente Chubb Fellow [catedrático de honor] de Yale, los intentos miserables de Carrillo de difamar a los manifestantes como anticomunistas es una calumnia transparente. Presentes entre los piquetes estaban más de 50 huelguistas además de militantes de la Spartacist League (SL) y del Partido Comunista norteamericano. Es más, a Carrillo le resultaría muy difícil tachar de anticomunistas las declaraciones ampliamente reportadas del dirigente del sindicato local, Vincent Sirabella; fue característico el informe de la UPI que citaba a Sirabella diciendo, “Me sorprendió enormemente que viniera. Como comunista debería de tener alguna solidaridad con la lucha mundial de los trabajadores.” En el International Herald Tribune del 16 de noviembre esta información fue acompañada por una fotografía de Carrillo atravesando la línea de piquete donde se puede leer claramente un cartel de la Spartacist League que decía “Esquirol en huelga de Yale”.

  

Otros artículos de prensa mostraron lo mismo. El New York Times de la misma fecha presenta la justificación de Carrillo en romper la huelga: “EI movimiento obrero norteamericano no ha hecho nada para promover la democracia en España.” El dirigente sindical, informa el New York Times, replicó “[denunciando] al señor Carrillo por atravesar la línea de piquete y dijo que las palabras del comunista español eran ‘una excusa débil de la acción más atroz que un supuesto partidario de los trabajadores podía cometer’. El señor Sirabella también se burló de la ‘ironía de acostarse con el dueño de casa capitalista’.”

  

La noche siguiente Carrillo debía hablar en la facultad de derecho de Vale. La sala fue cambiada (debido a razones de seguridad) a otro lugar al cual se podía llegar a través de túneles, permitiéndole así al líder del PCE pasar por debajo de los piquetes. Esta vez la protesta fue aún mayor, y contaba con la presencia de corresponsales de la Associated Press, Time, Newsweek, los diarios italianos La Republica (radicales) y Avanti (socialista), el matutino madrileño Diario 16 y equipos de la televisión española (RTVE) e italiana (RAI). Como en la conferencia de prensa, periodistas de Workers Vanguard y del Daily World del PC norteamericano estuvieron presentes en la línea de piquetes pero no entraron. Los sucesos y su contexto se reportaron en el semanario italiano L’Espresso (27 de noviembre):

  

“Al llegar a los Estados Unidos Carrillo se esperaba cualquier cosa menos un desafío por la izquierda. Pero este país está lleno de todo tipo de sorpresas. Así que el miércoles por la tarde, mientras el líder español pronunciaba su conferencia en la Universidad de Yale, el espectáculo que se presentó a los ojos de muchos italianos presentes les recordó curiosamente escenas similares en casa.

  

‘“Llegando de todo Connecticut, de Massachusetts, de Nueva Jersey y de Nueva York, pequeños grupos de trotskistas, espartaquistas, comunistas de la vieja tradición estalinista, veteranos de la Brigada Lincoln que habían combatido en España y militantes sindicales llevaron carteles y gritaron consignas en contra de él. Con todo esto, un observador extranjero pudo imaginarse que se trataba de una tentativa de grupos normalmente marginales que trataban de destacar sus demandas aprovechándose de un acontecimiento de mayor relieve. Pero no fue así por dos razones. En primer lugar el viaje de Carrillo no provocaba el menor interés en América y nadie se había enterado de ello; [y en segundo lugar] tan pronto llegó Carrillo, cometió un error que le saldría caro en el balance de su gira norteamericana...

  

“Así, el martes por la mañana, cuando Carrillo se dirigía al edificio donde iba a dar su primera conferencia de prensa, encontró los piquetes de huelga que le invitaban a no entrar. En este momento Carrillo, después de algunas palabras abstractas de solidaridad, hizo la siguiente declaración: que su misión diplomática tenía una envergadura que sobrepasaba cuestiones locales; que los sindicatos norteamericanos son notoriamente derechistas y ligados al sistema; que los obreros norteamericanos no habían hecho nada por la guerra de España; que los sindicatos apoyaron a la guerra en Vietnam. etc.... Pero esto no fue el punto subrayado por la prensa local, empezando por los moderados. Fue el hecho de que Carrillo había cruzado físicamente el piquete.”

  

[Mientras L’Espresso vio el asunto en forma irónica, y la prensa burguesa norteamericana mal disimulaba su regocijo ante los azares de este eurocomunista rompehuelgas, la prensa española poco menos que se alzó en armas a la defensa de éste, su embajador de buena voluntad eurocomunista. Así pues hubo una extraña coincidencia no sólo de periódicos normalmente favorables al PCE (Mundo Diario) sino también de la prensa que en otras ocasiones ha atacado fuertemente a Carrillo y su partido, como El País o Cambio 16. El tema común de todos los informes fue el anuncio (o en algunos casos la insinuación cobarde) de un complot montado por “la AFL-CIO anticomunista”, la CIA y ¿por qué no? también la KGB, con el propósito de impedirle al líder del PCE de hablar en los Estados Unidos. Mientras Interviu se queja de los alentados al honor de “don Santiago”, Triunfo defiende su “derecho” de atravesar un piquete de huelga con el “argumento” de que “el movimiento laboral norteamericano no había hecho nada para promover la democracia en España”, y por último, Cambio 16 se hace eco de la afirmación infame hecha por Carrillo de cómo los sindicatos norteamericanos “están más a la derecha que la derecha española”.]

  

[Cualquiera ligeramente familiarizado con las luchas del poderoso movimiento sindical norteamericano no puede menos que reaccionar airadamente ante esta muestra de chovinismo y estupidez. Pero, no es de extrañar, después de todo, ésta no es sino la extensión del viejo truco de identificar a los sindicatos con sus direcciones reformistas, identificando a éstas con la más derechista de todas. Pero, aún en esta perspectiva dicha afirmación no deja de ser menos criminal. La derecha española de Francisco Franco, que ahogaría en sangre a los batallones obreros de la República: la derecha española de las bandas de Guerrilleros de Cristo Rey, que hoy persiguen y asesinan los militantes proletarios; la canalla fascista asesina de Atocha — ¡todos están para este traidor reformista “a la izquierda” del movimiento obrero norteamericano! Para Carrillo la línea divisora no es la línea de clase sino la nacionalidad, y se alza en defensa de los representantes más funestos de “su” burguesía como Fraga, pantalla “respetable” de los fascistas, y Suárez/Juan Carlos, administradores del régimen semibonapartista heredado del régimen franquista.

  

[¿Cómo explicar esta preocupación por la buena fama de Carrillo? De hecho, si uno lee el reportaje sobre el incidente de Yale aparecido en la prensa burguesa española, casi recibiría la impresión de que ésta estuviera bajo el control de elementos filocomunistas. Pero en realidad, hay una razón más profunda para la gran prominencia periodística de las CC.OO. y el excelente trato recibido por Carrillo y Cía. Y ella es el importante papel desempeñado por éste en el período actual como control y freno del movimiento obrero. Dada la línea dura presentada por Washington a la entrada de los PC al gobierno de países europeos occidentales, el embajador eurocomunista está “convencido de que tenía que aprovechar la oportunidad de Yale para vender la mercancía eurocomunista” (Cambio 16, 4 de diciembre). Pero el posible comprador no es la clase obrera americana; no, toda ella ha sido identificada con sus dirigentes reformistas anticomunistas y dada por perdida. ¿Quién es entonces el posible interesado? La respuesta es muy clara: “Carrillo y el eurocomunismo han sido examinados por los sesudos cerebros de Yale, Harvard y Hopkins, de donde salen los asesores presidenciales y donde quién más quién menos está encantado de prestar un servicio a la Casa Blanca que todavía no está en plan de tomarse unas copas públicamente con los eurocomunistas” (Interviú, 1-7 de diciembre). Acciones como la ocurrida en Yale no son sino las señales claras de un aspirante a Noske o Ebert dirigidas precisamente a convencer a ese sector de la burguesía de la seriedad de sus proposiciones. Tratando de disculpar a “don Santiago” Interviú escribe que “La tradición americana [léase proletaria] convierte en un crimen de lesa política [léase traición de clase] el atravesar una línea de piquete de huelga.” El esquirol de nombre Carrillo ha hecho su elección y decidido en favor de la burguesía: su desdén por el proletariado norteamericano anuncia ya sus futuras traiciones a los obreros españoles.]

  

Justificando lo injustificable

  

La traición de Carrillo en la huelga de Yale lo persiguió durante todo su viaje. En su discurso del miércoles, se informó que Carrillo aclaraba sin convicción: “Hubiera preferido no hablar bajo tales circunstancias, pero lo hacía para cumplir un compromiso” (El País [Madrid], 18 de noviembre). En la Universidad de Harvard el 22 de noviembre, se le preguntó en la conferencia de prensa cómo se le había recibido en los Estados Unidos. El líder del PCE contestó:

  

“Yo diría que este ‘rojo’ que soy, como ha indicado algún periódico americano, ha encontrado una recepción  verdaderamente amistosa y calurosa en este sector [las universidades].”

  

Luego se verificó la siguiente discusión:

  

WV: Sr. Carrillo, yo creo que en la Universidad de Yale  Ud. recibió una bienvenida no tan amistosa por parte de los huelguistas cuando cruzó la línea de piquete. Quiero saber — hablo en nombre de Workers Vanguard que es un periódico trotskista, nosotros estuvimos allí y nos enfrentamos con Ud. cuando cruzó esa línea...

  

Carrillo: Ah, ¿Uds. estaban allí?

  

WV: Sí, pero al otro lado de la línea que Ud.

  

Carrillo: Ah, lo que no había era obreros.

  

WV: Había muchos obreros en ese piquete, e incluso el Partido Comunista de EE.UU. Ud. ha visto las noticias que salieron en los periódicos y quiero saber, de todas la declaraciones que se hicieron, si nos puede dar Ud. un solo indicio de anticomunismo en esa línea de piquete. Porque nosotros no vimos ningún rasgo de anticomunismo allí.

  

Carrillo: Yo estaba convencido de que en ese piquete que crucé, había muy pocos huelguistas, y que en cambio había bastante gente que había vendo de Nueva York....  En ese piquete también estaba un tesorero del Partido Comunista de EE.UU.... y había también algún miembro de una organización llamada espartaquista, pero muy pocos obreros de Yale.”

  

Carrillo también Justificó su acción de rompehuelga declarando que las actividades docentes se desarrollaron normalmente en Yale, que el domingo anterior el dirigente sindical (Sirabella) “dio su consentimiento para que yo realizara mi programa en Yale”, que había hecho una declaración de apoyo a la huelga, que no había piquetes después de su conferencia de prensa y que “ese piquete fue una manipulación política para impedir que un líder comunista, eurocomunista, hablara en Estados Unidos.” En respuesta, el periodista de WV denunció este montón de calumnias y distorsiones:

  

“En cuanto a la línea de piquete, ha habido otros piquetes en Yale. Ayer 26 obreros de esa universidad fueron detenidos. En segundo lugar, ellos han hecho piquetes para otros oradores, por ejemplo del Partido Demócrata. Y tercero, no fue para evitar que Ud. hablase en Estados Unidos. Nosotros apoyamos su derecho de hablar en este país. Fue para impedir que cualquiera cruzara la línea de piquete. Y esta ha sido la posición firme de ese sindicato. No hubo ninguna manipulación.”

  

Esa misma noche Carrillo fue confrontado de nuevo sobre su actividad de esquirol por un militante de la SL durante la sesión de discusión después del discurso pronunciado por el líder del PCE en Harvard: “Nosotros de la tendencia espartaquista internacional comprendemos que el piquete de huelga es la línea entre los patrones y los obreros. Ud. dejó claro que no quería perturbar a los patrones. ¿Cómo justifica Ud. ese atropello?” Carrillo contestó con las mismas calumnias de antes: “He leído en el Wall Street Journal, exactamente lo que Ud. ha dicho.... El piquete estaba compuesto en su mayoría no de obreros sino de miembros de los partidos cuyos nombres podría mencionar, que... querían impedirle a un comunista el hablar en Yale”; etc. Pero esta vez, agregó algo nuevo: “Estoy convencido de que lo que pasó en Yale ha sido una manipulación política contra el eurocomunismo, probablemente por parte de la CIA y también de la KGB.”

  

Esta acusación increíble demuestra que si Carrillo hoy se adhiere al eurocomunismo como su propia etiqueta reformista de traición de clase, él seguramente no ha olvidado sus lecciones de la escuela estalinista de falsificación y calumnias. Hace exactamente 40 años este mismo burócrata rompehuelga tachaba de putsch a la heroica insurrección de los obreros barceloneses dirigidos por los “trotskos” y “anarcos” “al servicio de Franco”.

  

Respecto a la acusación de Carrillo de que el sindicato anteriormente había autorizado sus actividades, WV le pidió al responsable del Local 35, Sirabella, que comentara sobre esto. Él contestó:

  

“Nosotros le enviamos un télex aproximadamente dos semanas antes de su llegada a Yale, informándole de la huelga y pidiéndole que no viniera bajo ninguna circunstancia.... Durante todo el período transcurrido entre el envío del télex y cuando erigimos el piquete el martes por la mañana, no hubo contacto alguno entre él, sus seguidores o sus compañeros y nuestro sindicato. Absolutamente ninguno.

  

“Ahora, después de haber cruzado nuestro piquete... de haber dado su conferencia de prensa, y de haberse visto en aprietos por nuestro piquete, compuesto primordialmente por miembros de nuestro sindicato -habían otros grupos, claro... eso no es nada nuevo- entonces, sí es verdad que alguien salió del edificio... y dijo que Carrillo quería hablar con nosotros. [Nosotros le dijimos:] ‘Es demasiado tarde, el daño ya está hecho. El cruzó nuestro piquete, él es una rata, él es un esquirol y desde este momento no hay nada que hablar con él’.

  

“Le dijimos que el senador McGovern, el Secretario de Trabajo Marshall, Golda Meir, y mucha otra gente no vinieron en circunstancias similares. Organizamos piquetes también cuando vino el alcalde de Newark Gibson, del Partido Demócrata; organizamos piquetes también cuando vino John Lindsay [antiguo alcalde de Nueva York]...

  

“Ese es el pecado imperdonable -especialmente cuando viene de un llamado dirigente comunista- el cruzar un piquete, porque el piquete de huelga es sacrosanto. En mi experiencia de los años treinta, él señala la diferencia entre los amigos de los trabajadores y los enemigos de los trabajadores.”

  

El hecho de que muchos políticos del Partido Demócrata respeten los piquetes, por supuesto no los convierte en los “amigos del trabajador” que ellos dicen ser. La primavera pasada incluso el rey Gustavo de Suecia se negó a cruzar un piquete de los obreros de la metropolitana de San Francisco. Pero el hecho de que el “eurocomunista” Carrillo no mostró ningún escrúpulo en hacer gala de su desprecio de la línea de batalla en la guerra de clases nos revela la verdad sobre sus credenciales “revolucionarias”.

  

El eurocomunismo al desnudo

  

Durante todo su viaje Carrillo se preocupó por presentarse como “razonable” y por mostrar su buena voluntad hacia el imperialismo norteamericano. Según se informa, Carrillo dijo a los estudiantes de Yale: “Si hoy me encuentro hablando aquí, eso se debe esencialmente a la política de derechos humanos del presidente Carter que ha hecho posible esta visita” (L’Espresso, 27 de noviembre). Él garantizó que “los inversionistas americanos en España no tienen por qué preocuparse” si el PCE entra al gobierno, y citó al primer ministro español Adolfo Suárez, quien calificó de ejemplar la conducta del PCE. Carrillo devolvió el cumplido, diciendo que: “La monarquía está jugando un papel positivo en el restablecimiento de las libertades democráticas” (New Haven Journal Courier, 17 de noviembre).

  

Después de asegurarle al imperialismo norteamericano de la actitud “responsable” de los eurocomunistas en su discurso en Yale, en Harvard se concentró en presentar sus posiciones sobre la dictadura del proletariado. El libro de Carrillo Eurocomunismo y estado es un rechazo completo del leninismo y del marxismo sobre la cuestión del estado,  sacando de la tumba a cualquier basura socialdemócrata y mal citando a Engels, divulgando el pacifismo más vulgar, declarando que la democracia no tiene carácter de clase y comprometiéndose a apoyar el parlamentarismo (burgués). Pero en su discurso en Harvard, fue aún más allá, llamando al nacionalismo norteamericano y al “empeño democrático” del auditorio, en su gran mayoría compuesto por liberales anticomunistas.

  

Los eurocomunistas, dijo él, al rechazar la dictadura del proletariado, rechazan asimismo el derecho del partido de dictar los gustos en “cuestiones íntimas” como el arte y el amor. Respecto a la defensa de la Unión Soviética en una guerra contra los Estados Unidos, dijo que nadie tendría el tiempo suficiente para tomar partido en una guerra entre las “superpotencias”. En los Estados Unidos, agregó, con su gran tradición de respeto a la libertad (!), el socialismo podría triunfar pacíficamente. Y para coronar esta presentación miserable del reformismo filisteo, cuando fue desafiado por un militante espartaquista durante la discusión a confrontar el concepto de la dictadura del proletariado como fue presentado por Marx, Lenin y Trotsky, y no la deformación por Stalin de este concepto marxista fundamental, su única respuesta fue: “Si Uds. [los espartaquistas] quieren la dictadura del proletariado en los Estados Unidos y el pueblo americano está de acuerdo, lo pueden tener.”

  

En Yale el Partido Comunista primero reaccionó con vergüenza al acto de rompehuelga de Carrillo, enviando dos militantes al piquete con carteles que apenas se podían leer. La tarde siguiente llegó en gran número, con un comunicado de prensa del dirigente del PC Gus Hall declarando: “Una huelga es una huelga y un esquirol es un esquirol, no importa quien sea o como se presente.... Las acciones de Santiago Carrillo no se pueden defender. Santiago Carrillo cruzó aquella línea de clase al ignorar el piquete de huelga en Yale.” Luego hubo una declaración oficial del partido vinculando el cruce del piquete por el líder del PCE a la “difamación del socialismo soviético” (Daily World, 19 de noviembre), así como una serie de artículos en la prensa del PC. Pero aun cuando el Partido Comunista estadounidense se encontró en la rara posición de defender la línea de clase, por lo menos en palabras (en contraste con su acción de rompehuelga en la huelga de los profesores en Nueva York de 1968 y su reclutamiento activo de esquiroles durante la huelga de los mineros del carbón en la Segunda Guerra Mundial), éste tampoco había olvidado sus engaños estalinistas: una foto de la UPI de Carrillo cruzando el piquete fue recortada en el Daily World para eliminar los carteles de la Spartacist League.

  

Tanto los estalinistas pro-Moscú como los “eurocomunistas” no tienen nada que ofrecerles a los obreros más que traiciones. Durante la Guerra Civil española, el Partido Comunista bajo las órdenes de Stalin fue el defensor descarado de la santidad dé la propiedad privada contra los intentos de la clase obrera de formar sus propias milicias y echar a los patrones. En los años 30 lo hicieron asesinando a Andrés Nin, Camilo Berneri y a muchos dirigentes anarquistas y trotskistas; hoy Carrillo lo hace elogiando la cruzada antisoviética de “derechos humanos” lanzada por Jimmy Carter en búsqueda del rearmamento moral del imperialismo norteamericano. Brezhnev juega a lo mismo con la conferencia de Helsinki, aunque trata de obtener un mejor arreglo dado que él, a diferencia de Carrillo, tiene un formidable poder estatal que lo respalda.

  

El dirigente del Partido Comunista español dice que el socialismo puede llegar a Europa occidental a través de las urnas; todo lo que se necesita es que la clase obrera se comporte, una vez más, “responsablemente”. Ella tiene que aprender a “cumplir’ su “compromiso” como lo hizo Carrillo -¡al cruzar la línea de clase! El ofrece al PCE como gendarme del proletariado y mientras el incidente del piquete en Yale causó cierto embarazo, fue también una garantía inequívoca de confiabilidad para la burguesía. En contraste, los trotskistas defendemos el piquete de huelga; nosotros no abandonamos nuestra responsabilidad de defender aún al estado obrero degenerado soviético contra el imperialismo; y llamamos a todos los estalinistas y “eurocomunistas” por su nombre: esquiroles. Ese es el mismo papel que jugaron los Gus Hall y Santiago Carrillo en la Guerra Civil española: rompehuelgas de la revolución.