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EL MR-13 y el criticismo histérico-‘marxista’

  

  

Originalmente publicado en ESPARTACO Vol. 1 No. 2, Diciembre 1966

  

No ha transcurrido mucho desde que ciertos accidentales panfletarios nos pintaban al MR-13 (Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre) como la revolución socialista guatemalteca en persona. Pero los eventos ocurridos recientemente prueban exactamente lo contrario, y aún más, desploman por completo las ilusiones fabricadas alrededor de la teoría de “las guerrillas socialistas.”

  

Huberman y Sweezy, de Monthly Review, el histérico guevarista Posadas y el escritor Adolfo Gilly se destacaron como los más insignes mecenas del MR-13, perpetuando una farsa que, se ha derrumbado costosa y cruelmente.

  

El fracaso del MR-13 confirma la necesidad crítica de la construcción de un partido leninista en Guatemala. La llamada “lucha armada” ha probado ser estéril contra la ofensiva criminal imperialista en Latinoamérica, poniendo a la orden del día la esencial lucha de clases, o sea la lucha que sólo puede ser enarbolada por el proletariado contra la burguesía y el imperialismo. Esta lucha de clases fue decapitada docenas de veces por los estalinistas latinoamericanos en los pasados 30 años, traiciones que ahora tratan de ser expiadas a través de las luchas del campesinado y de las guerrillas. Pero las penitencias no han servido de nada aunque si señalan el único camino posible: levantar al proletariado latinoamericano, construir la vanguardia leninista que enfrentará a la burguesía y abrirá las puertas al socialismo en Latinoamérica.

  

Nos limitaremos aquí a tratar sobre el MR-13 y no a las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes), puesto que estas son simplemente un instrumento del PGT (partido comunista guatemalteco) y lógicamente a servicio de la burocracia cubana y la del Kremlin. El MR-13, en cambio, representa un caso aparentemente diferente, el caso de una guerrilla guevarista. Es su fracaso el que nos interesa pues sus objetivos eran honestos y socialistas, pero su programa, tácticas y substancia no eran fundamentalmente diferentes que los de las FAR.

  

¿Por qué fracasó el MR-13 en organizar a los obreros y campesinos guatemaltecos? Por la razón de que el MR-13 jamás cauterizó sus filas de tanta falsificación teórica, producto relacionado con la ausencia física del proletariado, ausencia que no podía ser sino irremediable dado el programa y la base del MR-13. La falta de teoría infecta a la práctica, y la práctica centrista a su vez infecta a la teoría. De esta elemental ley política el MR-13 no se salvó, sellando así su sepultura revolucionaria.

  

Si el MR-13 pensaba emular a Cuba se olvidó de analizar los orígenes y resultados de la Revolución Cubana. El triunfo del M-26 cubano ocurrió debido a la tremenda corrupción de la burguesía cubana y debido a la gran ofuscación imperialista, inepta para reaccionar ladinamente frente a esta situación en particular. Es necesario recordar también que el proletariado cubano no tomó parte alguna en el triunfo de la Revolución. Había sido castrado ya muchas veces por los Blas Roca, los Escalante y los Rodríguez. Como resultado, el proletariado no tiene voz en el gobierno cubano, dependiendo del paternalismo obtuso de la burocracia en vez de regir su propio destino al mando del estado. El programa del MR-13 no prometía sino una repetición de esta clase de revolución: una burocrática, deforme y despótica para los obreros. Pero es exactamente esto lo que los marxistas debemos de evitar que se repita en Latinoamérica, pues semejantes revoluciones son aisladas y fáciles víctimas del imperialismo yanqui.

  

El deber ineludible de los marxistas, ya sea en los E.U. o en Latinoamérica, es el de luchar por la dictadura del proletariado, por el auténtico internacionalismo proletario. En Guatemala, el gobierno obrero y campesino es el slogan necesario, es la realidad requerida por la situación. El MR-13 usó este slogan, aunque con la intención de transformarlo en un partido,  no gobierno, de obreros y campesinos.

  

Pero esto es absurdo y suicida, pues no es posible moldear al proletariado conforme al campesinado, y esto es lo que un partido biclasista quiere decir. Trotsky, en 1928, repetía lo que en ese entonces era conocido por todos los marxistas: “Para llegar a una alianza revolucionaria con el campesinado, y esto no ocurre gratuitamente, es necesario antes que nada separar a la vanguardia proletaria, y de ese modo a la clase obrera toda, de las masas pequeñoburguesas. Esto puede ser logrado sólo entrenando al partido proletario en el espíritu de inconciliabilidad inmovible de clase... El partido de obreros y campesinos sólo puede servir como una base, una pantalla y un trampolín para la burguesía.” (La Tercera Internacional después de Lenin)

  

Y el MR-13 servía de trampolín cuando decía: “El punto de vista guatemalteco (el del MR-13) considera que el rol de las guerrillas es organizar a los campesinos y convertirse en su instrumento revolucionario” (Palabras de Huberman y Sweezy, impresas en el órgano del MR-13 y jamás desmentidas por el mismo, Revolución Socialista, N. 16 año II.)

  

Pero si un movimiento se dedica a organizar y a representar los intereses sólo de los campesinos, no puede ya hacerlo con los obreros, pues se transforma en un partido campesino, con intereses propios de clase. El partido de los obreros puede sostener alianzas con el de los campesinos y puede contener campesinos en sus filas, pero la política del partido debe de ser obrera, basada en la hegemonía obrera. El partido del proletariado debe de tener las manos libres y debe de dar el carácter al estado. El gobierno, entonces, aunque democrático, tendría la preponderancia clasista de la vanguardia obrera. La última palabra sería siempre el derecho del proletariado. Cualquier otro camino terminaría en una guerra civil entre el proletariado y el campesinado o en una vuelta de la burguesía. Estamos hablando de estados obreros y no de utopías agrarias. Quien no comprenda qué quiere decir la dictadura del proletariado debe de abandonar su careta de “marxista” y encerrarse en el armario en donde la historia guarda a las reliquias revolucionarias.

  

El programa del MR-13, proclamado en el Frente Guerrillero Edgar Ibarra, en diciembre-enero 1965, exponía: “El objetivo estratégico de nuestra revolución es... la instauración de la dictadura del proletariado en un estado obrero y campesino...” ¡No era, entonces, sólo un partido biclasista, ni un gobierno democrático de obreros y campesinos lo que el MR-13 tenía como propósitos, sino también un estado formado por dos clases!

  

Aunque ésta era tal vez la “fórmula guatemalteca” del MR-13, semejante aberración no tiene base social alguna para existir ni en Guatemala y ni en ninguna parte del mundo ya que las únicas clases capaces de mantener estados en esta época del ocaso imperialista, son la burguesía (el statu quo) y el proletariado, pues tienen base social y económica, formada en la sociedad clasista, para existir. Decir que el proletariado debe formar un estado con los campesinos significa pensar que el proletariado es una clase igual al campesinado. Pero ésta es  una profunda equivocación, típica de aquéllos que han abandonado el programa de la IV Internacional.

  

El campesinado es una clase revolucionaria sólo cuando sigue al proletariado. No estamos aquí hablando meramente de tomar, de agarrar el poder. Cualquiera pude de hacer eso si las circunstancias históricas le son favorables. Pero para cambiar la naturaleza del estado capitalista es necesario que el proletariado intervenga, al menos simbólicamente cuando un liderazgo pequeñoburgués toma medidas antiimperialistas. En un estado obrero deforme, como Cuba, el proletariado dio el apoyo a la burocracia cuando ésta se vio forzada a tomar medidas socialistas debido a las presiones del imperialismo. En este caso su apoyo figuraba en el segundo plano, pero vital aún. Si el proletariado toma el poder con su partido y organizaciones proletarias como los soviets (como en la Revolución Rusa de 1917), su presencia en el primer plano consolidaría directamente la construcción de un estado obrero sano, con metas internacionalistas. De cómo se llega al poder determina qué desarrollo tomara: una revolución. El campesinado no puede realizar el socialismo sin la pía del proletariado y por lo tanto es ridículo pensar que el campesinado puede ser el catalizador de una revolución socialista por sí sólo. La esencia del campesinado debido a su modo productivo, es pequeñoburguesa; su aislamiento de los centros urbanos forma en los campesinos una ideología similar.

  

Naturalmente que el problema de la tierra debe de ser solucionado en Latinoamérica, pero éste es un problema burgués que sólo puede ser enfrentado de manera revolucionaria por el proletariado. Sólo el proletariado puede proteger las demandas de mejor vida que hace con todo derecho el campesinado, sólo él puede realizar una reforma agraria socialista y una división industrial de la labor continental que transforme a las paupérrimas economías latinoamericanas.

  

Pero de la misma manera que el campesinado no puede llegar al socialismo sin la guía del proletariado, éste no puede tomar el poder sin la ayuda revolucionaria del campesinado, sin tener tras de sí a los millones de campesinos latinoamericanos. Sin esta alianza revolucionaria no es posible hablar de socialismo en América Latina.

  

La degeneración del MR-13 se hizo aparente después del ataque alevoso que le hizo el sardanápalo de Castro en la Tricontinental en la Habana. En esta conferencia Castro defendió miserablemente a las FAR y a su enfant gâté, Luis Turcios, presentándolo como la promesa del futuro guatemalteco. En realidad sus deseos se concretizaron pronto: Turcios no atacó al gobierno títere de Méndez Montenegro, limitando a las FAR a atacar a “la extrema derecha.” Al servicio del PGT, las FAR no estaban interesadas en tumbar a la burguesía y cuando Turcios murió en un accidente “misterioso”, “un cierto “impasse” existía entre Méndez y las FAR.

  

El MR-13 no pudo resistir la acometida de la burocracia cubana, y el New York Times y el National Guardian reportaron que el MR-13 había capitulado frente a las FAR en la segunda mitad de 1966. Así terminaban las ilusiones de “las guerrillas socialistas,” capitulando frente a la servil y menchevique FAR.

  

El gobierno del “popularmente electo” Méndez se ha lanzado recientemente a aplastar brutalmente a las guerrillas en Guatemala, pues la burguesía guatemalteca se encuentra en severo estado de sitio debido a su total bancarrota política, social y económica, siendo la represión uno de los caminos para desviar la atención de las masas del país. Pero el MR-13 no podrá responder; se replegará en la esterilidad del terrorismo y el derrotismo y la oportunidad de responder efectivamente a la histeria de la burguesía guatemalteca se escurre de sus manos. Su programa le impide sacar ventajas de esta situación que el MR-13 mismo ha ayudado a crear, o sea, aumentar el alocado desasosiego de una burguesía históricamente condenada.

  

Si el MR-13 falló en su intento de dirigir la Revolución Guatemalteca, el proletariado guatemalteco y sus hermanos centroamericanos no fallarán en cercenar la cabeza de la rapaz burguesía local y del imperialismo yanqui. Pero para que esta tarea se consume, tomando una armadura indestructible, los cuadros leninistas latinoamericanos tendrán que ser organizados. ¡Es ahora o nunca!

  

  

continuará: Fidelismo y Guevárismo en Guatemala