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NUEVA YORK:

¿QUIEN MATÓ A LA JUNTA?

  

  

Esto artículo fue publicado en Espartaco Vol. I No. 2, Diciembre 1966.

  

La Junta Civil de Querellas Policiacas ha muerto. El pasado 8 de noviembre la reacción, chasqueando la lengua, le asestó un golpe mortal. ¿Pero quiénes lloran a la Junta? ¿El gueto puertorriqueño y negro? ¿O los camaleones de Lindsay y Kennedy? ¿Qué perdían las clases oprimidas con la muerte de la Junta? No mucho, pero no la lloran como estos sagaces camaleones.

  

Aunque la muerte de la Junta no cambiará nada fundamental que no estaba ya pasando, había que defenderla cuando estaba viva. La Junta representaba, indirectamente, una pequeña y débil voz de protesta contra la brutalidad de los polizontes. Naturalmente que fue creada para servir los intereses primordiales de la clase opresora, pero en su estructura había una posibilidad de que el gueto se hiciese sentir, aunque indirectamente y de manera reformista. La Junta contenía, de siete miembros, tres policías. Las recomendaciones que la Junta hacía (bajo ningún punto eran sanciones u órdenes) podían ser rechazadas por el Comisionada Policiaco según le era conveniente. Desde julio la Junta había investigado 113 casos pero sólo había recomendado tres para que fuesen sancionados disciplinariamente. Ni siquiera estos tres casos fueron tomados en serio por la policía.

  

La Junta probó ser inútil en evitar las represiones policiacas del verano pasado en el Este de Nueva York. No hizo nada para defender al joven negro Ernest Gallashaw contra una cruda y racista trama policiaca. Como es lógico, ninguna junta dijo ni pío contra las múltiples represiones ocurridas a través del país en Filadelfia, Chicago, etc.

  

Pero examinemos lo que provocó el lagrimeo delos reptiles Lindsay y Kennedy. Cuando no hay una conciencia clasista en la clase obrera, una conciencia capaz de tomar cuerpo en movimientos radicales contra el sistema opresor, los capitalistas “progresistas” se ufanan en respaldar medidas “democráticas” que distraigan la ira de los explotados, canalizándolos hacia el reformismo, el paternalismo y una “esperanza” en el sistema que los explota. La Junta, así como el HARYOU-ACT, la Guerra contra la Pobreza y todos los otros trucos dadivosos tienen una labor que realizar: engañar a la clase obrera y castrar el sentimiento radical de las masas explotadas en el infierno del gueto.

  

Por eso la Junta era una “buena idea” para los reptiles aunque no para la crasa estupidez e imbecilidad de los polizontes. Los polizontes habían probado ya el sabor de sangre en 1963-1964, cuando los reptiles los lanzaron en contra del movimiento de los Derechos Civiles. Ahora que los Lindsay y los Kennedy quieren emplear los trucos reformistas, los polizontes no son de la misma opinión. Es más, el movimiento de Black Power los ha aterrorizado enormemente y quieren tener las manos en paz para poder aplastar más criminalmente al gueto. La Junta, en este caso, es un estorbo idealista. Al menos así lo pensaron la Sociedad John Birch, el Partido Conservador, la Asociación Benévola (?) Patrullera y otros grupos reaccionarios que, unidos políticamente, mataron a la Junta Civil de Querellas Policiacas.

  

¿Qué puede hacer el gueto, entonces, si ya no tiene ni la voz indirecta de una junta? Pues debe de organizarse por su propia cuenta así como lo han hecho los Deacons Armados en el sur. Las clases oprimidas en este país no pueden sino unirse en contra de lo que se viene encima. La reacción ha realizado una ofensiva rápida y muy peligrosa. Pero no solamente la defensa en contra de la brutalidad policiaca es lo requerido. A la organización de las masas oprimidas debe de ser sumada la acción política, contra la clase opresora que dio a luz a la policía, caseros y tanto otro explotador.