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EL MARXISMO Y EL RACISMO

  

  

Esto fue impreso en ESPARTACO Vol. I, No.3 en febrero-marzo de 1967.

  

PARTE PRIMERA ― En el próximo número: La Unión de Obreros Negros y Puertorriqueños en la Revolución.

  

En un artículo titulado “Boricuas y Negros” (Desafío, septiembre 13, 1966), Juan A. Corretjer, secretario de la Liga Socialista de Puerto Rico, titubea ante la necesidad de una crítica pertinaz; retrocede torpe ... y cae pesadamente en un lodazal idealista. En vez de analizar, en términos marxistas, las razones por las cuales existe la hostilidad racial, etc., entre los obreros negros y puertorriqueños del gueto estadunidense, se dedica a defender una tesis puramente racionalista; es decir, en vez de sacar a la luz los orígenes materiales, clasistas, que engendran diversos fenómenos sociales como la hostilidad mutua de los grupos minoritarios, Corretjer “sermonea” como un vulgar filisteo en una conferencia contra el amor premarital.

  

Veamos, entonces, qué dice Corretjer: “Un día la pesadilla de la división habrá pasado. La sensatez vencerá sobre la locura y la tontería... La triste verdad es que tanto los unos como los otros andan mal de la cabeza. Ser obrero, y encima negro o puertorriqueño, y no pensar como obrero, es cosa triste. Tan triste que es irracional.” Y agrega: “Así es de irracional la conducta de los obreros puertorriqueños y negros en Estados Unidos, desorientados porque no piensan con ideas de su clase, sino con las ideas que sus explotadores les ponen en la cabeza. Sacarse de la cabeza esas ideas es lo que tienen que hacer ambos grupos.” Corretjer finaliza diciendo que lo que se necesita es “una buena educación marxista,” sin olvidar añadir, naturalmente, ¡cómo hacerlo! Un poco de “pelea” contra los patrones... “hasta dejar establecido el socialismo.”

  

Indudablemente Corretjer repite lo mismo que diría un rector a sus bachilleres durante la ceremonia de graduación, con la diferencia que Corretjer usa diferentes adjetivos de vez en cuando.

  

Examinemos la lógica de Corretjer, o sea, su silogismo implícito. Esto nos expone lo siguiente: a) Los obreros negros y puertorriqueños pertenecen a la misma clase; b) los citados obreros luchan entre sí, cosa que no debe de suceder entre los proletarios; c) por lo tanto, algo anda mal entre los dos grupos. Elemental, elemental, dirá Corretjer. ¡Qué sencilla sería la vida ―la teoría marxista incluida― si todos los problemas se solucionasen con un texto de lógica elemental!

  

Al hallarse prisionero de su propio silogismo, Corretjer sólo puede hallar la siguiente explicación: “algo anda mal en la cabeza.” Pero, ¿es ésta una explicación marxista? ¿Por qué, si aceptamos el veredicto de Corretjer, no aceptamos que el proletariado tiene fallas en la cabeza ―no sólo por pelear entre sí― sino también porque no ha hallado todavía medios para deshacerse de la burguesía? Si es que el proletariado, según Corretjer, debe tener “ideas de su clase,” ¿por qué no le es posible, por sí solo, el derribar a la burguesía? No, el silogismo de Corretjer es un raciocinio derrotista, presentado para excusar la esterilidad política de su partido; para excusar de esta manera su incapacidad para servir como partido de la clase obrera; para distraer la atención de la cruz de las cosas: que el proletariado se encuentra bajo el control material, psicológico, ideológico, etc., de la burguesía mientras no tenga una dirección marxista que lo guíe hacia una política de inconciliabilidad clasista, de conciencia clasista definida. Sin un partido marxista, el proletariado sucumbe bajo el control burgués pese a todos los estudios psicológicos de Corretjer, el cual trata de lavarse las manos usando la falsificación teórica y echando la culpa al proletariado por su “falta de consciencia”.

  

La lógica formal ―método de insolventes― no refleja el desarrollo social sino de una manera deforme e incompleta; o sea, estática. Esta lógica, que esencialmente se encuentra arraigada en la manera de pensar burguesa, debe ser extirpada de los partidos y movimientos obreros, ya que el basarse en ella sólo revela síntomas de profunda degeneración política, propios de organizaciones que hace tiempo han aprendido a separar la teoría de la práctica, y el marxismo revolucionario del alcance de las masas.

  

El análisis marxista exige que, para descubrir las causas de la hostilidad mutua de los obreros negros y puertorriqueños, examinemos las razones materiales de tal hostilidad; tratando de predecir objetivamente el desarrollo de las relaciones entre estos grupos minoritarios. Descubriremos entonces que los obreros negros y puertorriqueños no luchan entre sí porque son “insensatos” y descubriremos ―y esto es más importante― que no necesitan de la tal “campaña de educación marxista”; al menos no como la vislumbra Corretjer, sino que requieren de acciones y perspectivas mucho más amplias y fundamentales.

  

El racismo es un producto histórico del capitalismo, sociedad basada en la más despiadada explotación clasista; es un resultado social que se nutre de las diferencias de clase y de la división clasista de la labor. En otras palabras, la burguesía no “planeó” el origen del racismo; por lo tanto, éste no existe debido solamente a las campañas racistas que la burguesía perpetúa en su radio, revistas, televisión, etc. Nadie niega que la burguesía, una vez enterada del miasma que ha creado en su seno, no la usa con toda premeditación, moldeando al racismo, agravándolo, extendiéndolo, con el fin de continuar embruteciendo y dividiendo al proletariado. Pero esta faz es la única que Corretjer toma en cuenta en su estudio “marxista.” Ésta es sólo una cara de la moneda; es el plano superestructural que la burguesía si controla científicamente de miles de maneras. Pero esta faz no es criticada solamente por Corretjer; cualquier pequeñoburgués liberal lo hace y con más maestría.

  

Corretjer, al decir que la hostilidad racista de los obreros puede ser eliminada con una “campaña de educación marxista,” comete un grave error que puede ser usado de la misma manera por la burguesía. Haciendo un paralelo obvio, podríamos decir que si la burguesía decide “ser sensata,” si decide acabar de un golpe con el racismo, podría aliviar su estado de descomposición social tal vez por largo tiempo. Al situar y aislar el racismo puramente en el plano de la superestructura, Corretjer descubre un flanco al reformismo: la burguesía, que controla la superestructura en gran manera, podría también, “racionalmente,” eliminar el racismo ya que éste refleja la profunda descomposición capitalista.

  

Pero así como no es posible eliminar el racismo de las filas del proletariado, ya sea puertorriqueño o negro, por medio de  “una educación marxista”, la burguesía tampoco puede eliminarlo en la sociedad; por el contrario, lo aumenta en proporciones cada vez más denigrantes y totales. La burguesía, que ha entrado en su etapa de imperialismo en podredumbre, no podrá sino, en el futuro próximo, agrandar el número de desempleados en proporciones cada vez también más alarmantes. Y al hacer esto, deberá de fomentar aún más el racismo entre la clase obrera, para posponer una confrontación unida con la misma que señalaría el fin de la sociedad de clases.

  

La burguesía simplemente no puede controlar su modo de producción, que es el origen irracional del racismo y todas las excrecencias que existen, íntimamente ligadas, en el sistema de la propiedad privada. Del mismo modo, el proletariado no puede curarse del racismo que la burguesía estimula en la fábrica o el gueto, sin antes destruir totalmente el aparato estatal burgués.

  

Esta tarea histórica del proletariado norteamericano, aliado con grandes masas de obreros puertorriqueños residentes, puede hallar eco en el proletariado puertorriqueño y negro sólo a través de largas y duras experiencias en la lucha organizada de clases. Esta lucha organizada sólo puede ser dirigida por un partido marxista-leninista que marque resolutamente los pasos de la clase; organizando a los obreros negros, puertorriqueños y blancos; enlazando el gueto con el proletariado unido, poniendo a la orden del día demandas transicionales con la intención irrevocable de despedazar de una vez por todas al capitalismo. Sólo así es posible combinar la educación marxista de las masas, haciéndoles accesible por primera vez en la historia el antirracismo y el internacionalismo proletario. Semejantes perspectivas no podrán ser enarboladas por un club de académicos en tours de educación “marxista”; en otras palabras, tales perspectivas están ocultas, como si en otra dimensión, para el Partido Laboral Progresista, la Liga Socialista de Puerto Rico y... Corretjer.