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La “vía mixta” sandinista ― callejón sin salida

Nicaragua al filo de la navaja

  

  

Traducido de Workers Vanguard No. 277, 27 de marzo de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9, julio 1981.

  

A continuación reproducimos la versión ampliada y revisada de la segunda parte de la conferencia dada por Jan Norden, director de Workers Vanguard y miembro del Comité Central de la Spartacist League/U. S., en Boston y Nueva York bajo el título “Por la revolución obrera en Centroamérica”.

  

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tomó el poder en Nicaragua en julio de 1979, al derrocar al dictador Anastasio Somoza. Y si El Salvador es el ejemplo clásico del país sujetado a la oligarquía, Nicaragua es el régimen títere por excelencia. Pareciera retórica izquierdista, pero Somoza I fue instalado por Franklin Roosevelt ― dicho sea de paso, fue producto de la política apelada del “Buen Vecino”. Ustedes recordarán que el Secretariado de Estado de FDR, Cordell Hull, hizo el comentario notorio sobre Somoza ― puede que sea un hijo de puta, pero “es nuestro hijo de puta.” Y cuando Jimmy Carter comenzó a hablar de los “derechos humanos”, e hizo saber que los EE.UU. no iban a intervenir, Somoza III se desvaneció. Apenas tardó unos pocos meses y se fue. Así pues que era un verdadero títere y Washington el titiritero. Y no eran sólo los Somoza. La burguesía salvadoreña se enorgullece de que nunca ha necesitado que vengan los marines a su ayuda. Nicaragua, por el contrario, ha sido invadida cuatro veces por fuerzas estadounidenses desde 1855. Somoza III no era sino el último de un linaje largo.

  

Era también un dictador sanguijuela, casi en el sentido literal. Luego del terremoto de 1972 en Managua, Somoza decidió que era ésa su gran oportunidad para aumentar su prepotencia sobre la burguesía tradicional nicaragüense. Así expropió toda la ayuda humanitaria estadounidense, y les indujo a adquirir para la reconstrucción lotes pertenecientes a Somoza en los alrededores de las ciudades. Y se sirvió de todo medio a su alcance para enriquecer a su clan a costa no sólo de la clase obrera, sino también de los terratenientes, industriales, etc. Una de sus empresas fue una compañía llamada Plasmaféresis, la cual iba a solucionar la escasez de divisas para Nicaragua al agregar al café y algodón otro producto de exportación: la sangre. Así que procedió a iniciar exportaciones masivas de sangre a los Estados Unidos. Luego estaba Howard Hughes, quien se pasó los últimos años de su vida en el piso alto del Hotel Intercontinental de Managua, mientras seguían creciendo sus uñas. El embajador de los EE. UU. se asemejaba más a un procónsul. El enviado de Nixon, Shelton Turner, era amigo de Bébé Rebozo. Se convirtió en un compinche tan íntimo de Somoza que el tirano puso su retrato en un billete equivalente a US $3. Así que si buscan la clásica dictadura de sanguijuela, títere de los EE.UU., falsa como un billete de tres dólares, es la Nicaragua de Somoza.

  

Los sandinistas llegaron al poder al movilizar una auténtica insurrección nacional, a la que se sumó casi la totalidad de la burguesía criolla fuera de la familia Somoza y su ejército privado, la Guardia Nacional. Pero el poder real en la insurrección quedó en manos del FSLN pequeñoburgués, un movimiento que en sus rasgos generales se parece al Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro. Es decir, es una fuerza bonapartista, un ejército guerrillero en el poder, pero no está aferrado a formas de propiedad específicas. Como enseña el marxismo, el capitalismo se basa en la propiedad privada de los medios de producción, y la clase obrera sólo puede ejercer su dominio sobre la base de la propiedad colectivizada. Pero la pequeñaburguesía no tiene un modo de producción característico. Como resultado, a menudo cuando llegan al poder o no saben adónde ir o son rápidamente derrocados. Como clase intermedia sin claros intereses de clase, que es sumamente contradictoria y desorganizada, normalmente la pequeña burguesía es incapaz de ser la fuerza dirigente en luchas políticas. Por regla general, se reduce a las fuerzas de la clase obrera o de la burguesía.

  

En ciertas circunstancias excepcionales, sin embargo, la pequeña burguesía puede llegar al poder a la cabeza de movimientos democráticos radicales. En este caso fue la debilidad de la burguesía criolla, la ausencia del proletariado como factor independiente, y la combinación de hostilidad y abstencionismo de parte del imperialismo. Pero lo que ocurre luego no está predeterminado; puede seguir uno de dos caminos. El caso argelino, por ejemplo, donde un movimiento de independencia nacional dirigido por fuerzas pequeño burguesas tomó el poder. En este caso, la antigua metrópoli colonial intentó comprarlos. De Gaulle ofreció pagar a todos los ex terratenientes coloniales, comprar todo el vino argelino, firmar contratos a largo plazo para la compra del gas y el petróleo argelinos. Finalmente, Argelia no era sino una neocolonia francesa. Al principio había un gobierno izquierdizante bajo Ben Bella, pero pocos años después fue reemplazado por el más dócil Boumediene. Es éste, por ende, uno de los posibles caminos.

  

También hay el camino cubano, que llegó hasta la expropiación de la burguesía, sentando las bases para un estado obrero deformado. Es decir, desde fines de 1960, Cuba tiene las formas de propiedad de un estado obrero, encima de las cuales se sienta una capa gobernante, una “casta” dominante, análoga a la burocracia estalinista en la Unión Soviética que expropió políticamente a los obreros rusos, al mismo tiempo que se basaba en las conquistas sociales y económicas de la Revolución de Octubre. En este caso, el imperialismo estadounidense tomó una actitud distinta, menos complaciente. Forzó a Castro entre la espada y la pared, haciéndole elegir entre la autodestrucción, por un lado, o el arrasamiento revolucionario de la clase capitalista cubana y no sólo de aquellos individuos más comprometidos en la dictadura batistiana. Ese es el segundo camino. Desde luego, no es el camino que Castro les está aconsejando a los sandinistas: recuerden su declaración inmediatamente después de la toma del poder por el FSLN indicando que Nicaragua no sería una “segunda Cuba”. Y tampoco es la única alternativa. Hay una posibilidad muy concreta de una contrarrevolución auspiciada por el imperialismo para reponer un régimen títere dócil. Y también hay nuestro camino, no el derrocamiento burocrático de las formas de propiedad capitalistas sino una auténtica revolución obrera dirigida por un partido trotskista.

  

Reagan ha dicho que Nicaragua ya ha “sucumbido al marxismo”. Pero, si trata de actuar a lo Eisenhower, podría obligar a la dirección sandinista pequeñoburguesa a ir más allá de lo que se proponían y expropiar a la burguesía. También podría llevar a una escisión del FSLN. La fracción dominante al momento del triunfo, los llamados terceristas, defendían una alianza estratégica con la “burguesía antisomocista”. Pero ¿qué piensa hacer Reagan? ¿Por qué no conciliar? Bueno, claro que no se propone renunciar ni un palmo de territorio a la revolución proletaria. Aparentemente, se proponen despachar a los sandinistas por medios militares, una vez que hayan aplastado las fuerzas obrero-campesinas y de izquierda de El Salvador, más radicales que el régimen nicaragüense. Y si en el caso de Cuba hubo un elemento de desacierto burgués, en el presente caso Washington se ha embarcado en una campaña a gran escala, concebida globalmente y dirigida contra su principal blanco: Rusia. No crean que aquí no pueda suceder. No es imposible en absoluto que una fuerza invasora respaldada por la CIA irrumpa en Nicaragua. Y los únicos preparativos capaces de enfrentarla los constituye la movilización revolucionaria.

  

Gobierno” sandinista/burgués

  

Nicaragua se encuentra, entonces, en una situación similar a la de Cuba a partir de 1959, pero sin saber necesariamente dónde va a terminar. Así que quisiera repasar la historia del último año y medio, desde el 19 de julio de 1979, para conocer qué se ha propuesto hacer el Frente Sandinista. Para empezar, en el período inmediatamente anterior a la caída de Somoza, a principios de julio de 1979, fue negociado un acuerdo con la burguesía antisomocista en San José, Costa Rica. Fundamentalmente, era un programa para preservar el capitalismo sin Somoza, dando cabida a un Consejo de Estado con mayoría burguesa y un acuerdo para mantener el ejército en alguna forma. Específicamente, oficiales y soldados “honestos” de la Guardia Nacional que no habían participado en masacres de ningún tipo serían integrados en el nuevo ejército. Y finalmente, incluía estipulaciones para una economía “mixta”, es decir, garantías para la preservación de la propiedad privada de los medios de producción. Sólo serían nacionalizados los bienes del dictador y sus esbirros.

  

Ese era el acuerdo que negociaban en vísperas de la toma del poder. En la secuela, sin embargo, hubo una modificación sustantiva e inmediata. La Guardia Nacional se desintegró tan pronto como Somoza abandonó el país. Hicieron un cálculo muy sencillo: murieron en la guerra 50.000 personas, y sólo habían 5.000 en el ejército. Lo cual quiere decir que por cada guardia había diez viudas o madres que lo querían ver muerto. Así que huyeron con toda prisa por la frontera hondureña. Esa fue la primera y más fundamental “modificación”: a partir de ese momento el poder real quedó en las manos del ejército sandinista y el acuerdo con la burguesía no fue cumplido a ese nivel.

  

Al nivel de la junta y el Gobierno de Reconstrucción Nacional, sin embargo, hubo desde el principio una coalición. Así, la junta de gobierno cuenta con cinco miembros, dos de los cuales son burgueses y no miembros del Frente Sandinista. Al principio, uno de estos dos fue Alfonso Robelo, el rey del aceite de cocina de Nicaragua, y la otra fue Violeta Chamorro, viuda del director del periódico burgués antisomocista, La Prensa. Pedro Joaquín Chamorro fue asesinado a principios de 1978 por asesinos “gusanos” entrenados por la CIA y en la paga de Somoza. Además, hay una serie de fuerzas, burguesas dentro del propio gobierno; así, por lo menos nueve sacerdotes son miembros del gobierno. Ernesto Cardenal por ejemplo es ministro de cultura, y Miguel D’Escoto, sacerdote Maryknoll, es ministro de relaciones exteriores. También hay una cantidad de tecnócratas burgueses de diversa índole, especialmente en el ministerio de economía. Así que al nivel del gobierno, al nivel de la implementación de la política gubernamental, hemos caracterizado a éste como un gobierno sandinista/burgués.

  

En este momento, sin embargo, no hay en Nicaragua un verdadero estado burgués en el sentido marxista ― es decir, una formación de clase comprometida a la defensa de la propiedad privada. Hay un régimen pequeñoburgués, fundamentalmente el ejército sandinista, y casi es necesario, usar el término “gobierno” entre comillas porque no tiene  poder real. Pero si representa el compromiso de los sandinistas de tratar de seguir lo que ven como una “vía intermedia”. Así estaba la situación en agosto de 1979, y continuó fundamentalmente sin cambios hasta mayo del año pasado cuando las fuerzas burguesas amenazaron con abandonar el Consejo de Estado. Como ya he mencionado, este consejo iba a tener una mayoría burguesa, pero entretanto, los sandinistas habían modificado las reglas del juego y ahora estaba compuesto por una mayoría de organizaciones encabezadas o dominadas por el FSLN, además el grueso de los sindicatos independientes, etc. Como resultado, los dos miembros burgueses de la junta, Chamorro y Robelo, dimitieron de sus puestos y los representantes capitalistas amenazaron con retirarse de la primera reunión del Consejo de Estado.

  

Fue un período de gran tensión, durante el cual el régimen se vio reducido fundamentalmente a su núcleo, un gobierno sandinista. Pero la respuesta del FSLN fue de escoger a otras dos figuras burguesas, Arturo Cruz y Rafael Córdova. Cruz era director del Banco Central y ex funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo de los EE.UU.; Córdova era un miembro del Tribunal Supremo. Y ambos eran miembros del Partido Conservador Democrático, portavoz de los intereses de los terratenientes cuyo símbolo es un triángulo con la inscripción: “Dios-Patria-Orden”. Así que al nivel político, el FSLN ha tratado de mantener la misma situación que antes. Luego, en noviembre último, las fuerzas burguesas se retiraron del Consejo de Estado (pero no Cruz y Córdova). El supuesto motivo del boicot fue que el gobierno había anunciado (en agosto) que las elecciones serían postergadas hasta 1985. Mientras tanto, los partidos capitalistas llamaban por elecciones inmediatas para la asamblea constituyente a fin de desalojar a los sandinistas del poder.

  

Y había otros aspectos aún más siniestros. El boicot estaba ligado a un gran mitin antigubernamental anunciado por el Movimiento Democrático de Nicaragua de A. Robelo (MDN), quien antes de hacer una movida siempre consulta primero con el Departamento de Estado. Y se conjugaba con conjuras internas, enfocadas sobre el ejército sandinista, así como ataques armados a través de la frontera con Honduras. Dos días antes de la manifestación del MDN, el vicepresidente del gremio patronal CQSEP, Jorge Salazar, fue asesinado al resistir su detención por fuerzas gubernamentales bajo la acusación de conspiración contrarrevolucionaria. Al mismo tiempo, ex guardias somocistas hicieron una incursión contra un puesto fronterizo nicaragüense. Y apenas un mes antes, a principios de octubre, habían ocurrido protestas masivas superando a más de mil personas, dirigidas por reaccionarios, que por varios días paralizaron Bluefields, el pueblo más grande de la Costa Atlántica, de habla inglesa, una región con población predominantemente negra e indígena. Los manifestantes fueron encabezados por un movimiento separatista regional y protestaban la presencia de varias decenas de médicos y profesores cubanos.

  

¡No hay vía intermedia!

  

Así que políticamente el FSLN todavía busca un equilibrio, pero al mismo tiempo la burguesía se ha distanciado, llevando a una situación precaria en la cual los sandinistas pueden verse obligados a actuar. La economía nicaragüense, mientras tanto, se encuentra predominantemente en manos privadas. Se calcula que un 60 a 70 por ciento de la economía está en el sector capitalista privado, mientras que en sectores claves el porcentaje es aún más alto: 75 por ciento de la industria manufacturera y 80 por ciento de la agricultura. Eso fue in 1980, el “Año de la Reactivación Económica” cuando el razonamiento era que había que poner en marcha a la economía incluso reforzando a los capitalistas. 1981 debería ser el “Año de la Producción y la Defensa”, mientras Nicaragua se prepara para resistir una posible invasión contrarrevolucionaria. Y sin embargo, en un informe reciente sobre la economía el ministro de agricultura, comandante Jaime Wheelock, dice sin ambages que el patrón básico de propiedad de los medios de producción permanecerá el mismo en 1981.

  

Wheelock llamó a esta política en su discurso una “unidad nacional de nuevo tipo”. Este es el eje central de la política del FSLN. Hay una actitud de “todos somos patriotas nicaragüenses, todos luchamos contra Somoza,” ¿no es cierto? Un ejemplo que, me parece, capta la esencia de la “nueva Nicaragua” actual, es el de los periódicos. Hay tres diarios en el país. La Prensa, el diario de la oposición burguesa, cuyo director es otro Pedro Chamorro; luego está El Nuevo Diario, que le da apoyo crítico al régimen sandinista y cuyo director es Xavier Chamorro; y finalmente hay el periódico del FSLN, Barricada, cuyo director es... Carlos Chamorro. Es como quien dice, “entre la familia”. Pero no para rato.

  

Ahora bien, en términos económicos el año pasado salió muy bien para Nicaragua. El desempleo bajó de la tercera parte de la fuerza laboral a un 17 por ciento, y la producción aumentó en un 19 por ciento. El plan fue cumplido en un 99 por ciento ― bastante bien para un país que se está recuperando de la devastación de una guerra civil. En la agricultura, los niveles de exportación de café y algodón fueron más o menos las metas planeadas, y en cuanto a la producción de alimentos básicos, la cosecha fue la más grande en la historia del país. Un rendimiento notable. ¿Cómo se explica? Bueno, si el gobierno nicaragüense se ha sostenido económicamente durante el último período es porque han recibido una cantidad extraordinaria de ayuda extranjera. Mientras Washington estaba dando vueltas con sus 75 millones de dólares, la ayuda de Cuba, la Unión Soviética, y países europeos como Alemania y Suecia sumó un total de casi 500 millones de dólares durante el año pasado. E incluso contaban con banqueros “amistosos”. En septiembre pasado, un grupo de 13 bancos renegoció más de 500 millones de dólares de la deuda exterior de Nicaragua, otorgándoles tasas de interés bajas y un moratorio de cinco años con tal de que Managua aceptara pagar en forma comercial las deudas contraídas por la corrupta dictadura de Somoza.

  

En conclusión: mientras que Reagan ha adoptado una línea dura para con los sandinistas, no sólo el gobierno Carter, los soviéticos y los socialdemócratas pro-“distensión” se han orientado hacia un camino argelino, sino también las multinacionales y los grandes bancos imperialistas. Esto es, por supuesto, lo que esperaban los dirigentes del FSLN, la base para su esperada “vía intermedia”. Pero tan sólo demuestra cuán fino es el hilo del que están pendiendo sus esperanzas. Tal economía abiertamente capitalista es, por supuesto, una poderosa arma en manos de los imperialistas, a pesar de toda la palabrería sandinista sobre la “unidad nacional”. Porque en un enfrentamiento, la burguesía criolla no puede resistir las presiones de sus amos yanquis y obedecerá sus intereses de clase capitalistas comunes. ¿Ven? eso es lo falso en el mito estalinista de la revolución por etapas ― en esta época no hay una “burguesía nacional antiimperialista”, como el FSLN pronto va a descubrir, y por tanto no puede haber una “etapa antiimperialista”. Al dejar intacto el poder económico de la burguesía, los sandinistas han fortalecido las posibilidades de una eventual reestabilización del dominio capitalista.

  

Peor aún, no sólo están manteniendo la “economía mixta”, capitalista, sino que además la defienden contra todo ataque desde la izquierda. He aquí lo que dijo Jaime Wheelock, dirigente del FSLN, en su discurso ante 100,000 manifestantes en la Plaza de Sandino en Managua durante la ofensiva de presiones derechistas en noviembre del año pasado:

  

“Que si nosotros queríamos demostrarle a ellos la popular idea del sandinismo, de la Revolución, bastaba con decirles a los obreros y a los campesinos: ‘Son suyas desde hoy todas las haciendas y todas las fábricas de este país. Pónganlas a producir, y ustedes sabrán producirlas con sus manos, con su experiencia y con su fervor patriótico’.”

  

Qué buena idea, ¿no? Eso lo pensaron los manifestantes, porque según un periodista chileno escribiendo en el Manchester Guardian Weekly [1 de febrero], “En ese momento, él fue interrumpido por una ovación tremenda, y tuvo que añadir apresuradamente”:

  

“Pero no era esa la posición de un dirigente revolucionario que tiene que comprender las cosas de la Patria por encima de las banderas y de los partidejos.”

  

El futuro es del pueblo, La burguesía reaccionaria jamás retornará al poder, 19 de noviembre de 1980

  

Así que en el interés de la “unidad nacional” y la Patria, no van a tomar todas las fábricas y haciendas y a ponerlas en las manos de los trabajadores. Son muy conscientes de su política.

  

Obreros contra los sandinistas

  

Así que esto ha llevado a una serie de incidentes durante los últimos dos años. Uno ocurrió poco después de que los sandinistas tomaran el poder ― se trata del enfrentamiento con la llamada Brigada Simón Bolívar, dirigida por un seudotrotskista llamado Nahuel Moreno. A quien hemos apodado el Cantinflas del movimiento trotskista, porque siempre anda cambiando sus disfraces. Saben, a veces se disfraza de peronista, otras veces de maoísta, y así sucesivamente, y en este caso particular trató de disfrazarse de sandinista. En realidad trató de combinar una táctica reformista de presión y una maniobra aventurera. Sea lo que sea, organizaron a varios miles de obreros en la zona de Managua para marchar frente al estado mayor del FSLN con grandes pancartas diciendo “Poder al Proletariado”. Y el mero hecho de que pudiera suceder algo semejante es altamente significativo. La respuesta de los sandinistas fue detener a los brigadistas, interrogarles y embarcarlos para el Panamá donde fueron apaleados por la policía burguesa del general Torrijos. Así que fue la primera respuesta de los sandinistas a una oposición de izquierda a su régimen.

  

Por aquel entonces clausuraron brevemente el periódico de un grupo ex maoísta, Frente Obrero (FO). El periódico El Pueblo fue clausurado por llamar por ocupaciones de tierras. Luego le permitieron reabrir pero [a fines de 1979] arrestaron al director de El Pueblo, además de miembros de un pequeño grupo nicaragüense que se reclama del trotskismo. La Spartacist League/U.S. protestó los arrestos. Luego de pasar unas semanas encarcelados fueron puestos en libertad, pero otra vez en enero fueron arrestados la dirección de Frente Obrero y el director de El Pueblo. El periódico fue clausurado de nuevo, esta vez aparentemente en forma definitiva. Las acusaciones fueron de “posesión no autorizada de armas” y “sabotear la producción”. Y eso, ¿qué significa en realidad? Para empezar, Frente Obrero participó en la lucha contra Somoza. Además, si no tuvieran armas serian prácticamente los únicos en el país. “Sabotear la producción” ― bueno eso ya saben de lo que se trata, huelgas. Así que cuatro dirigentes de Frente Obrero fueron sentenciados a varios años de trabajo forzado por la llamada justicia “revolucionaria” del FSLN.

  

En febrero de 1980 el FO dirigió una huelga en el ingenio azucarero de San Antonio, el principal ingenio de Nicaragua, produciendo un 70 por ciento de todo el azúcar del país. La respuesta del gobierno fue romper la huelga y detener a varios de los dirigentes de FO, aunque eventualmente fueron puestos en libertad. Los apologistas del FSLN proclamaban luego por todos lados como el conflicto había sido “resuelto en forma pacífica”. En el mismo ingenio San Antonio, sin embargo, estalló otra huelga en noviembre, con las mismas demandas, excepto que esta vez estaba bajo la dirección del sindicato demócrata cristiano. Y otra vez los supuestos “revolucionarios” del FSLN rompieron la huelga.

  

Luego hay otro grupo, el Partido Comunista de Nicaragua, o PCN, y su central sindical llamada CAUS [Centro para la Acción y Unidad Sindical]. Se escindieron del Partido Socialista de Nicaragua (PSN), el principal partido pro Moscú. Durante algún tiempo se inclinaba el PCN hacia Mao; pero fundamentalmente ha sido un grupo estalinista disidente pro Moscú. Controlaban la dirección de varios sindicatos textiles en la capital. Entretanto, el PSN, los principales moscovitas, controlaban a los obreros de la construcción a través de su central sindical, la CGT-i, o sea Confederación General del Trabajo-Independiente. Y en enero de 1980 los obreros de la construcción en Managua y 18 fábricas textiles entraron en huelga contra el gobierno.

  

La respuesta del FSLN fue detener a la dirección del PCN y del CAUS y romper la huelga. Los mantuvieron encarcelados por varios meses; eventualmente fueron puestos en libertad aunque algunos recibieron condenas de un año. Al PSN le fue mejor, quizás porque entró en una coalición de apoyo al gobierno llamado el Frente Patriótico Nacional.

  

Lo que quiero subrayar es que ha habido una inquietud considerable en la clase obrera de Nicaragua. La clase obrera no es muy numerosa, pero de lo que hay, parece que muchos de sus elementos más atrevidos no están bajo el control del movimiento sandinista. Y esto no es casual. Mientras en Cuba la lucha contra el ejército mercenario de Batista se limitó fundamentalmente a la sierra y las provincias orientales, y el único intento de huelga general fue un fracaso, en Nicaragua hubo repetidos paros generales e insurrecciones, no controlados completamente por los sandinistas. Las masas plebeyas jugaron un papel clave en la ofensiva final, lanzando luchas callejeras en Managua y otras ciudades mientras las tropas regulares del FSLN estaban embotelladas en el Sur. No es tan fácil sujetarlos cuando jugaron un papel activo en el derrocamiento del dictador.

  

Pero mientras que los obreros y sectores urbanos pobres estuvieron presentes en la lucha, fue como auxiliares a los guerrilleros sandinistas pequeño burgueses y su alianza con la “burguesía antisomocista”, y no como una fuerza independiente de clase obrera. Conforme se ve cada vez más claro que el programa de “unidad nacional” del FSLN es un camino sin salida, todavía falta el elemento clave para una revolución obrera. Ante todo es necesario un partido proletario leninista-trotskista, como en octubre de 1917. No es imposible que elementos del movimiento sandinista puedan romper con él y pasar al lado obrero de las barricadas en medio de una polarización aguda de clases. Pero no van a dirigir una tal polarización, y, como acabamos de ver, estos bonapartistas se han mostrado hostiles a toda forma de organización de la clase obrera que escapa de su control.

  

Más aún, al conservar la economía capitalista, le proporcionan a la reacción burguesa e imperialista una palanca poderosa. Por ejemplo, el año pasado fue un gran éxito al nivel económico. Pero eso aumenta la fuerza de la burguesía, porque en la medida en que recupere su poderío económico tendrá más control político sobre las masas. Si quieren ver un ejemplo donde fue aplicado este tipo de presión económica, basta con mirar a Chile. Lo que dijo Nixon a su embajador en Chile fue “haga gritar a la economía”. Ese fue el llamado “Carril I”, ¿se acuerdan? Y tuvieron éxito. A fines de 1972 y otra vez en 1973, por ejemplo, hubo la movilización de los pequeños camioneros para parar el abastecimiento, con el propósito fundamental de someter a la población al hambre. Apenas recortaban el transporte público, cuando comenzaba a escasear el arroz en las tiendas y llegaba la tasa de inflación al 300 por ciento, entonces comenzó a desesperarse la pequeña burguesía.

  

Es entonces que reconocemos el “Carril II”. Como nos ha enseñado la experiencia de Alemania e Italia, la pequeña burguesía desesperada es tierra fértil para la reacción. Y no se equivocan, Reagan ya tiene un “Carril II” para Nicaragua. El país vive de un día para otro y si los EE.UU. lo quieren, ellos pueden hacer que la economía grite al cielo. Por ejemplo, el paso más importante por Reagan en las últimas semanas no fue terminar la ayuda ―que los sandinistas ya habían dado por perdida― sino parar todo embarque de trigo a Nicaragua. Y punto. Es decir que a partir de marzo, nadie en Nicaragua va a comer pan. Ya se pueden imaginar qué clase de impacto eso tendrá sobre la “unidad nacional”.

  

¡Por la revolución permanente!

  

Así pues, en su tentativa de abrir una vía intermedia en Nicaragua, los sandinistas simplemente dejan la vía libre para que la subversión imperialista degolle a los obreros y campesinos con un sangriento terror blanco... Igual que en El Salvador, el programa para Nicaragua debe ser: romper con la burguesía, movilizar a los obreros tras un programa de clase, expropiar a los explotadores. Es decir, confrontar no sólo las tareas “democráticas” de derrocar al tirano Somoza, etc., sino romper los lazos del imperialismo, y barrer con los latifundistas e industriales, que condenan a las masas a una vida de miseria, sea por la esclavitud del salario o el hambre de tierra. Y esto requiere una dirección comunista proletaria, un partido trotskista que luche por la revolución permanente, por gobiernos obrero-campesinos en toda la región y una federación socialista de México y Centroamérica.

  

¿Podemos detallar algunas de las demandas transitorias concretas que levantarían los trotskistas en este momento en Nicaragua que van en este sentido? Bueno, un elemento sería por supuesto el apoyo a las luchas de las masas trabajadoras contra sus explotadores, en lugar de tratar de reprimirlos o conciliar con la burguesía antisomocista, tal como han hecho los sandinistas. Simultáneamente, una oposición comunista al actual régimen pequeño burgués trataría de ampliar estas luchas en una ofensiva general contra el poder capitalista, reivindicando el control obrero en todas partes, dirigido a la expropiación de los capitalistas como clase por un gobierno obrero y campesino.

  

Bien, ¿qué más? Bueno, hay que recordar que estamos tratando desde lejos con la cambiante situación nicaragüense. Una cosa queda clara, sin embargo, y es que ha habido una multiplicación de organizaciones de masas de los trabajadores. En un principio eran los Comités de Defensa Sandinistas, grupos de vecinos modelados sobre los Comités de Defensa dé la Revolución cubanos. En las últimas semanas los dirigentes del FSLN han ampliado las milicias basadas en estas organizaciones de masas. También hay, por supuesto, los múltiples sindicatos, tanto la central sandinista, la CST, como los otros que hemos señalado. Así que una demanda clave sería unir a las organizaciones de masas en un consejo representativo ―asamblea obrera nacional o soviet― libre de toda tutela gubernamental y garantizando la democracia obrera a todos excepto las fuerzas directamente contrarrevolucionarias. Además, los trotskistas llaman a romper con los representantes de la burguesía, por un gobierno obrero y campesino basado en órganos soviéticos de dominio proletario.

  

Seguro que hay muchas otras demandas que levantaría un grupo trotskistas nicaragüense: contra el programa de austeridad capitalista de la falsa “unidad nacional” de los explotadores y explotados; o por el pleno armamento de milicias campesinas y obreras, por ejemplo. Pero lo más importante es el cuadro general y la meta: un partido bolchevique-leninista independiente de oposición intransigente, obreros y campesinos al poder, la revolución proletaria es el único camino.

  

Nicaragua, Cuba, Unión Soviética

  

Así que las cosas se están poniendo bravas en Centroamérica, especialmente en Nicaragua. Una anécdota que capta esto sucedió en enero en el aniversario de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, el director de La Prensa quien fue asesinado por matones somocistas. Esta vez hubo dos manifestaciones. Una por parte del FSLN bajo la consigna “Nicaragua venció, El Salvador vencerá.” y hubo una contramanifestación por parte de la oposición burguesa que tenía por consigna “Jamaica venció, Nicaragua vencerá.” Ahora bien, en Jamaica el gobierno populista de izquierda de Michael Manley fue derrotado en las elecciones de octubre pasado en parte porque, como gobierno burgués, no podía dar trabajo a las masas desempleadas. Pero también fue debido a la desestabilización de la economía por el Fondo Monetario Internacional de Washington, que rehusó refinanciar la deuda de Jamaica y con ello cortó toda importación. Fue efectivamente un bloqueo económico estadounidense. Así que Manley fue echado y reemplazado por Edward Seaga, conocido en Jamaica como CIAga. En otras palabras, los manifestantes burgueses estaban levantando consignas directamente contrarrevolucionarias.

  

Los dirigentes sandinistas se encuentran, pues, ante una encrucijada. La cuestión de qué camino seguir se presenta en forma aguda en Nicaragua hoy. Un asunto que la pone en forma tajante es el apoyo a los insurgentes de izquierda en El Salvador. Y no es sólo una cuestión estratégica, porque los salvadoreños hicieron un aporte importante al financiar (con los millones de dólares obtenidos en sus secuestros) muchas de las armas que hicieron posible el derrocamiento de Somoza por el FSLN. Así que también es una deuda revolucionaria. Pero a fin de cuentas los sandinistas siguen siendo fundamentalmente nacionalistas, y su actitud acerca de una revolución en el país vecino ha sido ― bueno, lo mejor que se le puede llamar es “contradictoria”. ¿Sabían que el gobierno nicaragüense saludó a la “junta militar de derechos humanos” instalada en El Salvador en octubre de 1979 por Jimmy Carter? y no rompieron con la junta ni permitieron ayuda para los guerrilleros hasta el asesinato del arzobispo Romero en marzo de 1980. Incluso se ha informado de que impidieron a izquierdistas nicaragüenses unirse a la guerrilla salvadoreña. ¡Los pararon en la frontera y los mandaron a casa!

  

Recientemente ha habido una avalancha de propaganda de Guerra Fría originada en Washington exigiendo del gobierno nicaragüense el cese del suministro de armas a los izquierdistas salvadoreños, o que se atenga a las consecuencias. ¿Y cuál ha sido la respuesta de Managua? Hace poco en la cadena de televisión CBS, uno de los miembros burgueses de la junta nicaragüense, Arturo Cruz, dijo que no querían apoyar ninguna actividad que coadyuvara a la Unión Soviética en Centroamérica. Parecía que el general Haig era el que hablaba. Quiso decir que para aquellas figuras burguesas que todavía están dispuestas a trabajar con los sandinistas, la ayuda a los guerrilleros salvadoreños es una cuestión de ruptura, allí es donde ponen el límite. Pero no son sólo los liberales. Se ha informado repetidamente de tensiones al interior del FSLN sobre esta cuestión, lo que no estamos en posición de verificar. Sin embargo, cuando el New York Times [15 de febrero] le preguntó a un alto funcionario sandinista, la respuesta fue: “El mensaje de Washington ha sido recibido con toda claridad. Hay reconocimiento del alto costo político para Nicaragua del envolvimiento en El Salvador.” No hay duda de que el costo político es alto. Pero si no ayudan a la extensión de la revolución a través de la región sería como cortarse la garganta.

  

¿Y qué van a hacer los sandinistas? Cuando se trata de cuestiones militares tienden a ser más realistas que cuando hablan de la “unidad nacional” y la “economía mixta”. Su respuesta inicial al gobierno Reagan ha sido aumentar las milicias e iniciar el entrenamiento de decenas de miles en el uso de armas. Han dicho que esperan un ataque respaldado por los imperialistas dentro de los próximos meses. En lo político, han indicado que bajo presiones pudieran eliminar a los miembros burgueses de la Junta de Reconstrucción Nacional para formar un gobierno sandinista puro. Tal gobierno, sin embargo, se basaría en la misma economía capitalista que existe actualmente, y sería susceptible al mismo tipo de presión imperialista como en el pasado. Es decir, sería igual a la situación inestable que existió en Cuba desde mediados de 1959 hasta mediados de 1960.

  

Extender la revolución a El Salvador, expropiar a la burguesía ― estos son los pasos indispensables simplemente para defender lo que ya ha sido conquistado. Incluso eso no es suficiente. Un estado obrero aislado, ocupando no más de una tajada del istmo centroamericano, no será viable por más que un instante histórico. Toda Centroamérica debe estallar en llamas para que la revolución triunfe en cualquier parte de la región. Y es lejos de ser imposible. Por primera vez, los guerrilleros en Guatemala han ganado el apoyo de la mayoría indígena, y desde hace mucho tiempo tienen apoyo obrero. Además, en los últimos meses han habido huelgas a gran escala de trabajadores bananeros en Honduras y Costa Rica. (Dicho sea de paso, en enero Nicaragua finalmente expropió las plantaciones bananeras ligadas a la Standard Fruit Company, integrante del conglomerado Castle & Cooke. En efecto, se ha convertido en el primer estado centroamericano que ha dejado de ser una “república bananera”. Pero a menos que se extienda esta conquista, pronto será una victoria hueca pues las multinacionales todavía controlan la comercialización.)

  

Una tal ofensiva retumbaría por toda América Latina. Las dictaduras del tipo Pinochet se verían amenazadas; habrían huelgas políticas, inmensas manifestaciones de masas, etc. Y también en los EE.UU., donde hemos llamado por el boicot laboral de todo embarque de material bélico a las dictaduras derechistas de Centroamérica. Hay que notar que durante toda la guerra de Vietnam no pasó nada por el estilo en los EE.UU., mientras en los últimos días del gobierno Carter el sindicato de estibadores de la Costa Oeste, el ILWU, decretó, al menos formalmente, el boicot [al envío de armas a El Salvador]. Militantes sindicales clasistas lucharán por hacer de tal boicot una realidad, lo que podría causar agudos enfrentamientos con el gobierno y con la burocracia sindical. Otro elemento clave sería la solidaridad combativa del movimiento obrero mexicano, incluyendo ayuda en el armamento de los rebeldes salvadoreños. López Portillo puede llamar a Fidel “mi comandante”, pero los obreros y campesinos en lucha contra una dictadura sangrienta armada por el imperialismo yanqui necesitan una ayuda más concreta. Y, exactamente como temen los capitalistas, las repercusiones de Centroamérica pueden originar una radicalización explosiva de la clase obrera mexicana, una de las más poderosas de América Latina. Lo que hace falta es una dirección trotskista que no llame por la “distensión” sino por la más enérgica lucha de clases internacionalista.

  

Y esto nos lleva a la cuestión de Cuba y la Unión Soviética. Ahora bien, en respuesta a las acusaciones del gobierno Reagan, tanto Castro como Brejnev han negado ayuda a los rebeldes de El Salvador. El 26 de febrero, un portavoz del Comité Central soviético, Zamyatin, dijo que “la Unión Soviética no ha enviado armas y no está enviando armamento alguno a El Salvador.” A partir de la información existente, y a pesar de las alegaciones del “Libro Blanco” del Departamento de Estado, parece que dicen la verdad. ¡Cómo quisiéramos que no fuera así! Pero es la lógica contrarrevolucionaria de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo. Entretanto, por supuesto, los EE.UU. están enviando dólares, helicópteros y “asesores” militares a El Salvador, mientras acusa a Moscú de auspiciar el “terrorismo internacional”. Fidel Castro, por su parte, se encuentra directamente en la línea de fuego, enfrentando un posible bloqueo naval y quién sabe qué más, así que ha adoptado un tono más duro con Washington. Pero en Centroamérica, todos están de acuerdo en indicar que Cuba se ha juntado a los socialdemócratas europeos y los liberales latinoamericanos en instar a los izquierdistas salvadoreños a buscar un “arreglo político” con miembros de la junta asesina. Que sólo quiere decir que comenzará otra vez el ciclo de golpes.

  

Nuestra consigna, “Defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador,” subraya el hecho de que Reagan está jugando a los dominós de Guerra Fría. Si puede acabar con los insurgentes salvadoreños, el paso siguiente será rumbo a Managua y de allí a La Habana, y así sucesivamente. Se trata de un combate a escala mundial. Y como ha repetido el general Haig una y otra vez, donde Washington realmente querría poner presión es en el patio delantero de Rusia ― Polonia. Así pues que en última instancia son las formas de propiedad proletarias logradas por la Revolución de Octubre de Lenin y Trotsky que son el verdadero blanco. Podemos afirmar, muy concretamente, que si se preocupan por la amenaza a la economía colectivizada en Polonia, dejen que Reagan aplaste a Centroamérica con sus botas y verán incrementarse la presión imperialista sobre Europa Central. La intención de los EE.UU., como dijo el prestigioso comentarista pro Reagan, William Safire, no es simplemente el “quebrar la cadena de triunfos comunistas”, sino el “voltear la marea global”.

  

Así que nos encontramos en la posición de advertir que “¡ya vienen los yanquis, vienen los yanquis!” Y lo que traen consigo no son los “derechos humanos”. Los hijos de puta del Pentágono buscan vengarse de la humillación que sufrieron en Vietnam y la masacre que preparan efectivamente va a hacer que Somoza parezca un “autócrata moderadamente represivo” por comparación ― esa fue la forma como calificó al derrocado dictador nicaragüense la nueva embajadora norteamericana ante la ONU, un “AMR”. Safire se preguntó sobre el significado de “ganar”: “¿Quiere decir apoyar a una junta militar que mata a la oposición pero que por su naturaleza represiva produce más oposición que luego es necesario matar?” Su respuesta: “Si es necesario, sí.” Recuerden la expresión de Rosa Luxemburgo, de que la alternativa es el socialismo o la barbarie. Bueno, he allí el Sr. Barbarie de 1981. Por lo tanto, si quieren evitar el holocausto en Centroamérica, si quieren evitar la gran explosión nuclear en Berlín, entonces toca parar a la banda de Reagan en El Salvador. Una revolución obrera en el “patio trasero” de los EE.UU. seguramente acercará el día cuando llame a la puerta delantera el futuro socialista para toda la humanidad.