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¡Romper con el peronismo, estalinismo, guerrillerismo – por un partido trotskista!

El fin del régimen peronista en la Argentina

  

  

por la Organización Trotskista Revolucionaria (OTR) de Chile

15 de abril de 1976

  

Publicado en “Suplemento en Español”, Workers Vanguard No. 108, 7 de mayo de 1976.

  

EI golpe de estado en Argentina, con la toma del gobierno por una junta compuesta de las tres armas, es el trágico y lógico desenlace de la crisis burguesa existente en ese país, que se ha ido acentuando en forma creciente con la total incapacidad de resolverla por parte del gobierno peronista. Es importante destacar que el golpe se comenzó el martes 23 y no el miércoles 24 como ha trascendido oficiallmente.

  

La señora presidente pretendió desconocer las tensiones sociales resultantes del escalabro económico. Abusando del prestigio demagógico que había alcanzado el justicialismo a través de su líder máximo el general Perón. Asimismo el control de la clase obrera que el peronismo había logrado en base a una verdadera mafia burocrática en la principal central sindical argentina, la CGT, ya no era tal. El proletariado argentino buscaba romper la dependencia con estos dirigentes rufianes, representantes de la burguesía; la prueba más evidente la constituyó el reciente paro general anterior al golpe militar.

  

Como la burguesía se vio incapacitada de dirigir la planificación económica y social, fue retirando todo su apoyo al gobierno de la viuda de Perón. Por supuesto a la clase obrera no pueden engañarla con los argumentos morales burgueses de dilapidación de fondos públicos de la presidente y su amigo Lopez Rega. Las verdaderas razones por las cuales la burguesía restó su sostén al gobierno son de orden político, es decir, la crisis económica galopante y el ascenso de la lucha obrera.

  

Cuando la burguesía no puede detentar el gobierno, recurre al aparato del estado, por supuesto a las fuerzas armadas como ejecutoras de éste. El momento elegido para quebrar la institucionalidad democrática fue dramáticamente correcto de su parte; es así que no existió ninguna oposición de fuerza. La clase obrera no cuenta con partidos de masas capaces de presentar alguna resistencia de clase considerable (el Partido Comunista, por ejemplo, en su política contrarrevolucionaria de colaboración de clases se ha entregado frente al peronismo). En Chile una parte importante del proletariado estaba organizada en los dos partidos obreros de masas, Partido Socialista (PS) y Partido Comunista (PC), que pese a su estrategia reformista fueron casi destruidos por Pinochet (principalmente el PS). Los guerrilleros del Partido Revolucionario de los Trabajadores/Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT/ ERP) y Montoneros no estaban en condiciones políticas ni físicas necesarias; su guerra con el ejército de la burguesía esta irremisiblemente perdida desde el incio, por muy heroicos que puedan ser sus militantes.

  

Las FF.AA. argentinas cuentan con una larga experiencia de golpes de estado y no estaban dispuestas a presentar una imagen internacional desfavorable como es el caso del vecino país Chile. Existen importantes intereses económicos en juego que tienen que ver con las inversiones extranjeras que no pueden ser echados por la borda en ningún caso. Hay incluso muy buenas relaciones y proyectos económicos con la URSS. Por las anteriores razones los sectores dominantes de la FF.AA. argentinas se opusieron al intento de golpe protagonizado por la aviación.

  

De esta forma el golpe argentino se presenta como casi “pacifico” o sin derramamiento de sangre. El llamado de huelga general de la CGT solo tiene el objetivo de maniobrar para poder negociar las posiciones que la burocracia ha conquistado. Pero estas son solo las apariencias; por detrás se oculta una represión silenciosa. No por eso menos sangrienta que la que ha caracterizado otros golpes similares en el continente, evidentemente Chile. Esta represión se ensaña fundamentalmente sobre la clase obrera argentina y también de la misma forma sobre sus hermanos de clase de otras partes de América Latina que han debido emigrar a Argentina, ya sea por razones políticas o económicas, aceptando que sea posible hablar de política o de economía pura. En particular de Chile han pasado a través de la cordillera cientos de miles de obreros y campesinos y ya ha comenzado descargarse sobre ellos una persecución brutal. De común acuerdo los representantes del capital abrirán sus fronteras para entenderse en el idioma de la muerte y la destrucción del proletariado. Si antes de marzo ya la Perón entregaba cientos de chilenos a la burguesía chilena, hoy este comercio humano se acentuara fatalmente.

  

El populismo demagógico del peronismo ha quedado desenmascarado; las ilusiones que había levantado en las masas trabajadoras argentinas posiblemente han sufrido un golpe mortal. Pese al corto lapso de gobierno peronista, este ha sido suficiente para demostrar que la burguesía, aún sus partidos con apoyo obrero, solo basa su sistema en la explotación del proletariado y las capas más bajas de la sociedad, que no existe la burguesía nacional “antiimperialista”, progresista. El capitalismo es un sistema de dominación mundial basado en la explotación del hombre por el hombre. El antiimperialismo, el progreso, la liberación de la humanidad, solo pueden ser concebidos con la destrucción violenta del sistema capitalista, basado en la propiedad privada, y la expropiación de la burguesía como clase, edificando las bases de la futura sociedad socialista.

  

El Frente Justicialista argentino (Frejuli) es un partido populista burgués, que fue levantado por la propia burguesía para dominar al movimiento obrero en ascenso en la década del 40. Es así que surge la CGT actual como una organización sindical creada y sustentada por la burguesía para destruir la combatividad proletaria. Cuando el general Perón se demostró incapaz de cumplir su cometido de clase, fue sacado con violencia de su cargo y obligado a tomar unas vacaciones en España. Pero los gobiernos militares que se sucedieron a la caída de Perón tampoco pudieron traer la tranquilidad social. De esta forma nuevamente la burguesía debe recurrir al exilado ibérico y ofrecerle el control del gobierno.

  

Las ilusiones que el peronismo conservaba en la clase trabajadora le permitieron un triunfo electoral abrumador. El apoyo crítico al gobierno peronista por los llamados “marxistas”, como el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), contribuyo objetivamente al desarrollo de la derrota obrera consecuente al golpe militar.

  

Es interesante observar las posiciones que frente al peronismo populista han adoptado las distintas organizaciones de izquierda. Por un lado tenemos los grupos guerrilleristas pequeño burgueses PRT/ERP y Montoneros, cuya estrategia no difiere y es aquella de la “liberación nacional”. Juegan el rol de cara izquierda del estalinismo, encabezados por Fidel Castro. Para ellos la contradicción principal esté dada entre el imperio y la nación y no entre la burguesía y el proletariado; por lo tanto la revolución es en dos etapas: la primera democrático-burguesa, en alianza con la burguesía “progresista” por supuesto, y la segunda nunca se realizara, alcanzando esta estrategia en el mejor de los casos la constitución de regímenes burocráticos antiobreros, como el estado obrero deformado de Cuba.

  

Es así como el castrismo/mandelismo ha llevado a la muerte a miles de jóvenes valerosos que creyeron en su estrategia traidora. Los otros grupos que acompañan al ERP en la Junta Coordinadora Revolucionaria han sido prácticamente destruidos en sus países: es el caso del Ejercito de Liberación Nacional (ELN) boliviano, del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) – Tupamaros – del Uruguay, y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno, que no cuentan ya con casi ninguna incidencia real en sus lugares de origen. Los Montoneros entregaron las armas cuando Perón tomó el poder, y luego se vieron obligados a empuñarlas frente a la represión de sus propios padrinos. El PRT/ERP por otra parte no tiene nada que ver con el trotskismo autentico y lleva su propia guerra con el ejército de la burguesía a espaldas de la clase obrera, que en la mayoría de las veces recibe las repercusiones de las operaciones desesperadas de estos modernos “Robin Hood”.

  

Están presentes así mismo los representantes del Secretariado Unificado (SU) de la autollamada Cuarta Internacional, una federación sin principios de foquistas (mayoria) que construyeron el PRT/ERP castrista, y reformistas (minoria) del PST de Moreno/Coral. El PST, consecuente con su política de colaboración de clases, la misma desplegada por su hermano mayor el Socialist Workers Party (SWP) de los EE.UU. (en el movimiento contra la guerra de Vietnam, por ejemplo), dio su apoyo al gobierno burgués del peronismo al que caracterizaba como “el partido peronista... desde 1946 fue la organización y la ideología de la clase trabajadora” (Revista de América, marzo de 1976).

  

Y por otro lado, Política Obrera adjunta al Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, liderado por la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa, ha abandonado los principios básicos del Programa de Transición al propugnar para América Latina la creación de un frente único antiimperialista para empujar a la burguesía a cumplir el programa de liberación nacional, es decir, la creación de un Kuomintang latinoamericano.

  

Es así como la implantación en Argentina de esta junta militar burguesa bonapartista es el resultado de la crisis de la burguesía que, incapaz de frenar el avance obrero, de disminuir las tensiones económico-sociales a través de los métodos democráticos tradicionales recurre a su instrumento de explotación y opresión de clases: el estado. De este modo la institución armada toma su verdadero papel de guardián de los intereses capitalistas, no de “defensa dela patria” y se eleva transitoriamente por encima de las clases.

  

Se cierra otro capítulo de traiciones e ilusiones reformistas, de colaboración de clases en América Latina, que se suma a las lecciones del frente popular en Chile, donde la solución burguesa a la crisis, la “Alianza Para el Progreso” de Kennedy, fracaso en el gobierno demócrata-cristiano de Frei. El estalinismo contrarrevolucionario construyo la Unidad Popular con la burguesía – Partido Radical (PR), Partido Social Demócrata (PSD), API; los partidos obreros de masas PS y PC, siendo el MIR su apéndice de izquierda, llevaron a la derrota sangrienta del proletariado y a la destrucción de sus organizaciones de clase.

  

Vivimos la crisis del capitalismo, su agonía, pero solo el proletariado conducido por un verdadero partido trotskista, armado del programa revolucionario, puede darle muerte. Este debe ser un partido de oposición irreconciliable a la burguesía y a sus representantes frente populistas. Los obstáculos para construirla dirección obrera revolucionaria en Argentina hoy día son principalmente aquellos tránsfuga del trotskismo que van a intentar levantar el cadáver putrefacto del peronismo. Estos son los centristas y reformistas renegados del Programa de Transición y liquidadores de la Cuarta Internacional, el pablismo del SU y el Comité de Organización de la OCI. La burguesía y su sistema de opresión no serán derrotados por los frentes antiimperialistas ni antifascistas, o cualquier otro nombre rimbombante que puedan utilizar los traidores para encubrir su claudicación al programa burgués.

  

La crisis de la humanidad es la crisis de la dirección obrera revolucionaria y esta solo puede ser superada por el renacimiento de la Cuarta Internacional. La explotación no reconoce fronteras – solo bajo una dirección centralizada a nivel mundial el socialismo sustituirá a la barbarie capitalista.