For the rebirth of the Fourth International! - Pelo renascimento da Quarta Internacional!

HomeLinksPortuguêsFrançaisEspañol PublicationsHistoric DocumentsContact

Cuba y la Teoría Marxista

  

  

PREFACIO 11 de junio de 1966

ADDENDUM Al PREFACIO 8 de agosto de 1973

LA REVOLUCION CUBANA Y LA TEORIA MARXISTA por Mage, Wohlforth y Robertson, 17 de agosto de 1960

NOT A DE INTRODUCCION (al documento "Cuba y los estados obreros deformados") por J.R., 9 de junio de 1966

CUBA Y LOS ESTADOS OBREROS DEFORMADOS por Tim Wohlforth, 20 de julio de 1961

LA REVOLUCION CUBANA, resolución de la minoría presentada a la convención de la YSA' ["Alianza de las Juventudes Socialistas"] por Shane Mage, 21 de diciembre de 1961

APUNTES SOBRE LA DISCUSION ACERCA DE CUBA DENTRO DE LA TENDENCIA REVOLUCIONARIA por James Robertson, 30 de abril de 1963

ACLARACION TEORICA, parte de los comentarios presentados a la conferencia del Comité Internacional en Londres por James Robertson, 6 de abril de 1966

  

Nota de introducción

(Al documento “Cuba y los estados obreros deformados”)

  

por James Robertson

9 de junio de 1966

  

Publicado Originalmente en Marxist Bulletin No. 8. Esta versión fue impresa en español en Cuadernos Marxistas No. 2.

  

El documento que a continuación sigue fue escrito en julio de 1961 por Tim Wohlforth que se separó en 1962 de la tendencia que más tarde se transformó en el grupo espartaquista. La posición que aquí reimprimimos fue mantenida por Wohlforth durante solo unos meses, ya que después volvió a defender variantes de las posiciones de la Socialist Labor League (SLL “Liga Laborista Socialista”) británica. A pesar de todo, Wohlforth ha legado una contribución meritoria al exponer en forma escrita el entendimiento de cómo la Revolución Cubana condujo aún estado obrero deformado.

  

Resumimos aquí, a partir de documentos posteriores, las opiniones que Wohlforth desarrolló ulteriormente y que presumiblemente todavía están en vigor. En su carta a James Robertson del 12 de agosto de 1964, en la que presentaba objeciones a la propuesta de Robertson de reunificar a los dos grupos, Wohlforth declara:

  

“Debemos, empezar por entender el proceso que se está desarrollando en Cuba. Una vez que entendamos este proceso dentro del marco de los hechos sociales mundiales, no tendremos entonces ninguna dificultad en caracterizar correctamente a Cuba.

  

“Hemos analizado este proceso con considerable detalle en nuestro artículo ‘La vía cubana — ¿un modelo para el futuro?’ en el boletín de discusión del SWP en 1963. Se puede encontrar un análisis más actualizado en el artículo de Ed Stillwell, en el número del 18 de julio del Newsletter. En ningún momento en el proceso revolucionario cubano ha llegado el proletariado a la dictadura, deformadamente o de ninguna otra manera. Desde el principio hasta el final el proceso fue llevado a cabo con el control estatal en manos de la formación pequeño-burguesa de Castro. Por lo tanto bajo ninguna condición podemos considerar a Cuba como un estado obrero de ningún tipo. Los pasos que está dando actualmente Castro hacia la reintegración al mercado capitalista confirman plenamente nuestra posición.

  

“Se desprende claramente de nuestro análisis que no creemos que haya habido una revolución socialista en Cuba. Por lo tanto es obvio que debemos continuar la lucha por una revolución social en Cuba que conducirá a la clase obrera al poder. ¿Cómo puedes pretender tener unas opiniones similares a las nuestras sobre las tareas políticas en Cuba?”

  

En los otros lugares a los que Wohlforth se refiere más arriba, centra su argumentación alrededor de los siguientes puntos:

  

“La Revolución Cubana tuvo en sus primeras etapas un aparato estatal capitalista, debilitado, sí, pero capitalista.... Este aparato estatal ha sido profundamente socavado bajo el impacto de profundos sucesos revolucionarios.... Así pues debemos caracterizar este estado como un estado capitalista en descomposición, parcialmente corroído, y susceptible de ser presionado por la clase obrera tanto como por otras fuerzas sociales, pero no bajo el control directo o indirecto de la clase obrera.” [“La vía cubana — ¿un modelo para el futuro?” 17 de abril de 1963.]

  

“Cuba puede ser y será definida como un estado obrero solamente cuando un partido revolucionario basado sobre el programa de la Cuarta Internacional haya derrotado con éxito al estado capitalista —actualmente representado por la dictadura bonapartista de Castro— y lo haya remplazado por la dictadura de la clase obrera.” (“Un corrompido programa de clase media lleva a Castro a las manos de los Estados Unidos,” Newsletter; 18 de julio de 1964.]

  

La contestación de Robertson en representación del comité de redacción de Spartacist a la carta de Wohlforth de 12 de agosto del 1964, manifiesta:

  

“Aunque no ha surgido un enfrentamiento programático inmediato entré nosotros a causa de tu reciente y mucho más dura posición (ya que tu continúas manteniendo tu posición de defensa de Cuba contra el imperialismo norteamericano basándote en otros argumentos), la tendencia de tu proposición sobre este problema nos perturba considerablemente ya que constituye una negación burda de la realidad al tratar del desarrollo de la Revolución Cubana. Aún más, tu posición está a un paso de poner también en duda el carácter proletario básico del estado chino actual.

  

“Queremos llamar tu atención sobre nuestras propias opiniones sobre la cuestión cubana. Creemos que estas opiniones son una contribución importante al necesario rearmamento teórico del movimiento trotskista en el periodo desde la Segunda Guerra Mundial en la lucha contra el revisionismo pablista y contra reacciones sectarias hacia semejante revisionismo. Vemos que, de acuerdo con el resto de tu carta del 12 de agosto, prefieres caracterizar nuestra orientación hacia la Revolución Cubana como una calificación estática y externa. Tienes derecho a creer, si quieres, que estamos equivocados, en nuestras conclusiones sobre la cuestión cubana. Pero tú mismo participaste en nuestro entonces común esfuerzo para entender las dinámicas internas de clase de la revolución que conducirían a un estado obrero deformado. De hecho, fue considerablemente inspirado por mí como entonces escribiste un importante borrador [“Cuba y los estados obreros deformados”] en el que esbozaste el curso de la revolución y sus implicaciones para los revolucionarios proletarios. Entiendes así por qué nosotros hemos llegado a creer que tu caracterización de nuestra posición fue deliberadamente concebida para engañar a los incautos y a los ignorantes. Lo que nos molesta particularmente de tu procedimiento en el presente contexto es que refuerza nuestras dudas sobre la seriedad de tus pretensiones de unidad.” [22 de diciembre de 1964].

  

El grupo de Wohlforth respondió en una carta del 25 de enero de 1965 admitiendo la previa adhesión de Wohlforth al concepto del estado obrero deformado: “Hemos adoptado un método diferente, después de haber compartido por supuesto con vosotros vuestra incorrecta orientación metodológica.” Después demostraron su miedo latente al decir que: “En verdad vuestra, teoría no deja en absoluto ningún papel al proletariado en los cambios sociales en las regiones atrasadas, y lo mismo que el pablismo, abre el camino hacia el rebajamiento del papel del proletariado en los países avanzados.” Aquí Wohlforth comete un error de entendimiento intencionado. El bien sabe que nuestro reconocimiento de la deformación fundamental de una revolución social en desarrollo, que se mantiene dentro de un marco maoísta, no nos lleva a apoyar pasivamente la lucha armada de los estalinistas basados en el campesinado, sino a todo lo contrario. Nuestra posición da una base teórica a la necesidad urgente, como hoy en Vietnam, de que el proletariado se reagrupe baj0 su vanguardia revolucionaria e intervenga para tomar el mando de la lucha, dando así forma concreta a la perspectiva de la Revolución Permanente.

  

Lo que esta afirmación de Wohlforth indica en el fondo es que él cree o teme que el estado de Lenin y el estado de Stalin son idénticos en cuanto a sus posibilidades para avanzar hacia el socialismo. Así las ideas actuales de Wohlforth son metodológicamente idénticas a las de Joe Hansen del SWP, cuya contribución a la teoría de la Revolución Cubana fue defender el que la democracia obrera es un concepto de carácter meramente normativo. Por consiguiente la democracia obrera variaría sólo cuantitativamente: mucha en los estados obreros muy buenos (la Rusia de Lenin), y muy poca en los malos (como la de Stalin). Así Hansen trató de negar la diferencia cualitativa entre el ejercicio del poder político por las propias masas trabajadoras, o por una burocracia bonapartista. De esta manera trató de hacer pasar a la Cuba de Castro por un estado obrero muy bueno “aunque faltándole todavía las formas de democracia obrera” o La historia ha dado ya su veredicto en contra de las teorías pablistas de Hansen. En su método Wohlforth sigue de cerca los pasos de Hansen sólo que invirtiendo completamente sus conclusiones.

  

La justificación básica para la revolución política proyectada por L. D. Trotsky no existe para Wohlforth. De otra manera ¿cómo Wohlforth podría afirmar que la transformación de Cuba en un estado obrero deformado “como China” elimina cualquier papel de la clase obrera? Nosotros insistimos en que los regímenes en Yugoeslavia, Cuba, China, etc., requieren por su carácter nacionalmente limitado y burocráticamente deformado tal revolución política por los obreros, igual que la requiere Rusia. La burocracia estalinista debe ser aplastada para abrir el camino hacia el desarrollo socialista.