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“La Pasionaria”:

¿Voz de resistencia o eco de traición?

  

  

Traducido de Workers Vanguard No. 161, 10 de junio de 1977. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 5, Octubre de 1977. * Todas las citas seguidas de un asterisco han sido traducidas de una transcripción en inglés o francés, y pueden no coincidir con el original.

  

El 13 de mayo Dolores Ibárruri, la oradora estalinista conocida como “La Pasionaria”, regresó a España después de 38 años de exilio en la Unión Soviética. Esposa de un minero asturiano, ella durante la guerra civil llegó a ser una dirigente del Partido Comunista Español (PCE); y fue nombrada presidente del partido durante los años de exilio. Su regreso a España ocurre un mes después de la legalización del PCE por el primer ministro Suárez. Ibárruri encabezará las listas del partido en Asturias en las elecciones parlamentarias de junio.

  

Ibárruri entró al país discretamente. Los militantes del partido recibieron instrucciones de no asistir al aeropuerto de Madrid para celebrar su llegada, y tan pronto como el avión aterrizó, fue trasladada sin ceremonias a un lugar desconocido. De acuerdo con el New York Times del 14 de mayo, el PCE había realizado lo que un representante llamó “un acuerdo de caballeros” con Suárez de no darle una bienvenida tumultuosa que podría “ofender” a los “franquistas atrincherados en la burocracia y el ejército”. Así, igual como durante la Guerra Civil Española los estalinistas lucharon para mantener la “legalidad republicana” (es decir, el orden capitalista), hoy el PCE mantiene la “tranquilidad” de la monarquía franquista “reformada”.

  

Pero si el PCE ha restado importancia al retornó de Ibárruri la prensa burguesa extranjera le ha puesto en primera plana. El New York Times, por ejemplo, anunció en tono sensacionalista el regreso de “una leyenda comunista viviente”. Estos mismos “demócratas imperialistas” que encabezaron la oposición al envío de armas a la República y luego apoyaron al régimen asesino de Franco por décadas, desean ahora limpiar sus nombres con un gesto vacío de “amnistía” periodística. Así, ahora se muestran hipócritamente nostálgicos por los buenos días del pasado cuando la ardiente voz de “La Pasionaria” era transmitida por altavoces a través de Madrid instando a la resistencia contra los fascistas. Con el retorno de Ibárruri y la legalización del PCE los liberales buscan pulir la imagen de “reforma” de Suárez, gravemente empañada cuando la policía reprimió brutalmente las manifestaciones del Primero de Mayo hiriendo a centenares en todo el país.

  

Para aquellos que vivieron las angustiosas semanas y meses del sitio de Madrid, y para el proletariado del mundo entero que compartió desde lejos la angustia de los mártires caídos, la memoria de aquella batalla heroica fue y continuará siendo una inspiración a la lucha. Lejos de los trotskistas estaría el denigrar el ardiente grito de desafío de “La Pasionaria”, “¡No pasarán!” Captada para la historia en el documental “Morir en Madrid”, la voz de Ibárruri resonando a través de la capital urgiendo a las mujeres de España a verter aceite hirviendo sobre el ejército invasor franquista no se olvidará. Pero detrás de la imagen de la elocuente “Pasionaria”, ahora tan cuidadosamente cultivada, se encuentra la otra faz de su papel que también debe ser recordada: aquella de verdugo perverso estalinista y rabioso lacayo anticomunista que no desperdició ocasión para calumniar y denunciar a todos aquellos que proclamaban la necesidad de una revolución para ganar la Guerra Civil.

  

  

Calumnia y asesinato de obreros barceloneses

  

Citando al revolucionario campesino mexicano, Emiliano Zapata, Ibárruri gritó en su famoso discurso, “¡Es mejor morir de pie que vivir de rodillas!” No obstante los fascistas pasaron para ahogar a los obreros españoles en ríos de sangre, y fueron los estalinistas quienes les abrieron la puerta. Con su negativa a formar milicias obreras unidas, sus llamadas de confianza en el ejército burgués, bajo los oficiales “leales”, muchos de los cuales pronto pasaron al lado de Franco, entregando ciudades enteras a los fascistas, el PCE preparó al proletariado para la derrota.

  

Desde el momento inicial de la sublevación del ejército, el Frente Popular, con la participación del Partido Comunista inició su labor de sabotaje de la resistencia obrera. Sólo el día anterior al discurso durante el cual “La Pasionaria” lanzó la consigna “¡No pasarán!” el 17 de julio de 1936 cuando Franco estaba a punto de sublevarse en el Marruecos español, ¡el gobierno del Frente Popular suprimía las noticias de la invasión como excusa para rehusar las demandas de miles de obreros que habían marchado al palacio presidencial a pedir armas! Cuando, aproximadamente un año después, durante las Jornadas de Mayo de 1937, el proletariado de Barcelona intentaba romper las cadenas del gobierno burgués ―que había guardado los fusiles bajo llave y había privado de materiales a las fábricas de municiones― fue únicamente el pequeño grupo trotskista, la sección Bolchevique-Leninista de España, y los “Amigos de Durruti”, anarquistas de izquierda, quienes pelearon hasta el final al lado de los obreros.

  

En ese tiempo una política revolucionaria habría movilizado las masas de obreros y campesinos en una enorme lucha social contra la explotación capitalista; tal política revolucionaria habría dividido el ejército de Franco en sus componentes de clase y dejado a los generales fascistas sin soldados. Pero el PCE y su componente catalán, el PSUC, leales a la garantía dada por Stalin a sus aliados burgueses del que no habría revolución social en España, se echaron al lado del gobierno para aplastar la sublevación. En su autobiografía escrita 30 años más tarde, Ibárruri trata de minimizar la acción nefasta del PCE en aplastar el levantamiento de Barcelona:

  

“Durante mis largos años de exilio, muchos camaradas me han preguntado con frecuencia: ¿Pudo el Partido Comunista haber tomado el poder en España? Y si pudo hacerlo, ¿por qué no lo hizo?...

  

“Si en un momento dado de la guerra, por ejemplo en 1937 cuando el gobierno de Largo Caballero estaba en crisis, ciertas condiciones existieron que habrían permitido la toma del poder, los comunistas no lo hicimos (aunque muchos de nuestros combatientes así lo deseaban) por una razón básica: ni la situación nacional ni la internacional eran favorables para el cambio.” *

  

― Dolores Ibárruri, They Shall Not Pass!, 1966

  

En retrospectiva Ibárruri adopta un tono blando. Este es un sonido muy distinto a la infamia y la calumnia que desató en su época contra los obreros revolucionarios y los trotskistas, y que ha sido conservado para la historia en su informe al Comité Central, presentado en Madrid el 23 de mayo de 1938:

  

“Fueron ellos, los criminales trotskistas quienes constantemente han soplado el fuego del desacuerdo entre las fuerzas antifascistas. Fueron ellos quienes organizaron el golpe contrarrevolucionario en mayo de 1937, con el fin de apuñalar a los defensores heroicos de Euskadi (la región vasca) por la espalda, cuando el enemigo había lanzado su brutal ataque contra ellos....

  

“Fueron ellos quienes han, figurado en el liderazgo del mayor número de organizaciones del espionaje fascista descubiertas hasta el presente por las autoridades de la República....

  

“Fueron ellos quienes, en aquellos pocos lugares donde pudieron engañar a unos pocos obreros, por Gerona, por ejemplo, los incitaron a conducir huelgas y así impedirle a la población la obtención de refugios para protegerse contra las agresiones desde el aire....

  

“No debe permitirse vacilación de ninguna clase, ni sentimentalismos en presencia de esta banda de criminales. Uno de los objetivos de la unidad total del pueblo debe ser aplastarlos de una vez por todas.” *

  

Pero los estalinistas hicieron más que calumniar a los obreros barceloneses. Un funcionario del PCE dirigió la unidad de Guardias de Asalto republicana que precipitó el levantamiento de las Jornadas de Mayo al intentar tomar posesión de la Telefónica de Barcelona de las manos del comité obrero dirigido por los anarquistas. Mientras la CNT (central obrera anarquista) se rehusó a apoyar la resistencia obrera, el centrista POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) peleó por varios días en las barricadas junto a los obreros barceloneses, hasta qué sus líderes asustados ordenaron a los militantes del POUM entregar sus armas. La traición de la dirección del POUM no protegió a sus militantes de ser el objeto de una persecución asesina, lanzada por los estalinistas, que eventualmente resultó en el asesinato del dirigente del POUM Andrés Nin, un ex-trotskista.

  

Hoy, el líder del PCE Santiago Carrillo quiere lavarse las manos del asesinato de Nin, llamando a éste en su libro Eurocomunismo y Estado “un acto abominable e injustificable”, pero Carrillo estaba a la cabeza de la organización de la juventud estalinista en ese entonces, y Dolores Ibárruri era miembro del Buró Político del PCE. Su postura de Poncio Pilatos contradice la historia. En su libro, Yo fui ministro de Stalin, el ministro de educación del PCE en el gobierno republicano de Caballero y Negrín, Jesús Hernández, nos informa de la siguiente respuesta de “La Pasionaria” a una pregunta sobre quién ordenó el arresto de Nin: “Nosotros, como no era cuestión de molestarse por cosa tan intranscendente… ¿Qué importancia puede tener la detención por la policía de un puñado de provocadores y espías?”

  

  

El gobierno de la victoria

  

Además de su llamada “¡No pasarán!” Ibárruri se recuerda ante todo por haber inventado la frase “el Gobierno de la Victoria”, con referencia al gobierno de Negrín, y por su discurso a la salida de la Brigadas Internacionales de España. En ambas ocasiones sus ardientes palabras enmascaraban crímenes horrorosos perpetrados por los estalinistas contra los obreros de España.

  

El gobierno de Negrín (basado en sus famosos “13 puntos” garantizando protección de la propiedad capitalista, fin a la toma de tierras y retirada de todos los ejércitos extranjeros) se formó como resultado de la decisión del PCE de sustraer su apoyo del previo régimen, encabezado por el socialista Largo Caballero. Después del levantamiento de Barcelona los estalinistas habían decidido que no se podía confiar en Caballero para llevar a cabo la represión de la izquierda que ahora estaba a la orden del día. “El 9 de mayo de 1937” escribe Ibárruri en su autobiografía, “luego de que Largo Caballero se rehusara a castigar a aquellos que le estaban haciendo el juego al enemigo” (es decir, a lanzar una redada contra los dirigentes anarquistas y los del POUM) el PCE se rehusó a participar en el gobierno a menos que él dimisionara. Caballero aceptó y fue reemplazado por Juan Negrín López. Fue con ocasión de la formación del nuevo gabinete que Ibárruri bautizó al régimen de Negrín “el Gobierno de la Victoria” Este luego procedió a aplastar todo residuo de la rebelión obrera y a preparar la rendición final a Franco.

  

A finales de 1938 las Brigadas Internacionales fueron retiradas de España, una decisión resultante del deseo de Stalin de acordar el pacto Stalin-Hitler. Después de la capitulación de las potencias occidentales ante Hitler en Múnich, Stalin, viendo la futilidad de un acuerdo con las democracias imperialistas, cambió su orientación internacional y decidió entregar España a Franco. Fue en la última marcha de las Brigadas Internacionales, al salir de España, cuando Ibárruri pronunció el discurso ahora tan cariñosamente recordado por los liberales: “Os podéis ir con orgullo”, dijo a las Brigadas que estaban abandonando al proletariado español a su suerte. “Sois historia”, dijo “Sois leyenda, sois un ejemplo heroico de la solidaridad y universalidad democrática.” *

  

Así como casi 35 años más tarde, el Frente Popular chileno preparó el camino para el golpe pinochetista del 11 de septiembre de 1973, predicando la confianza en los cuerpos de oficiales “constitucionalistas” ― en España a principios de 1939, el coronel republicano Segismundo Casado, quien contaba con la confianza del PCE, realizó un golpe de estado en Madrid a fin de deponer al gobierno de Negrín quien todavía apoyaba, aunque débilmente, la resistencia armada contra Franco. El Partido Comunista que había colaborado con Casado en toda la línea fue desorientado profundamente por su “traición”. En sus memorias Ibárruri escribe que, “La formación de la junta de Casado con el propósito de entregar la república nos sorprendió debido a nuestra confianza mal merecida”. Ella describe un encuentro con Casado pocos días antes del golpe en el cual ella le pide su colaboración para el almacenaje de algunos embarques de alimentos que el PCE había recibido de una organización femenina antifascista en el exterior:

  

“Casado no solamente estaba deseoso de ayudarnos, se mostró incluso entusiasta con nuestros planes. Siguió hablando sobre la dificultad en conseguir alimentos para la población...

  

“Nuestra conversación fue tan cordial que antes de irme insistió en que yo viera a su hijito, y llamó a uno de los sirvientes de la casa para que trajera al niño, quien realmente era, como todo niño sano de dos años, un hermoso bebé...

  

“Que lejos estaba yo de imaginar que este hombre había hecho ya planes para traicionar a la República y entregar el pueblo al fascismo.” *

  

Sin embargo, incluso en este momento tardío la lucha todavía no estaba necesariamente perdida. En su libro La Guerra Civil Española, Hugh Thomas escribe que en los días finales, mientras Casado estaba negociando los términos de la rendición con Franco, fuerzas dirigidas por los comunistas permanecían en control de Madrid y su fuerza durante este período era tal que, si el partido lo hubiera ordenado, el PCE podría haber derrotado fácilmente a las fuerzas de Casado e impedido la consolidación de la junta. Pero el Comité Central, profundamente desorientado por el golpe, se rehusó a ofrecer cualquier directivo a los generales.

  

Al conocer las órdenes de Casado de arrestar a los comunistas, el Comité Central ―incluida Ibárruri― se las arregló para escapar a una pequeña base aérea. Esperando frente a un avión la dirección partidaria recibió la noticia que Casado se negaba a una reconciliación con Negrín. Los miembros del Comité Central simplemente abordaron el avión y volaron a Francia dejando el ejército sin instrucciones. Así, los comandantes comunistas que tenían el control militar de la ciudad, ¡simplemente esperaron la derrota!

  

Hoy día, mientras asume una posición “ceremonial” como presidente del PCE “eurocomunista” de Carrillo, Dolores Ibárruri ha continuado alabando la “madre patria socialista” de Brezhnev y Stalin. Los trotskistas defienden incondicionalmente al estado obrero degenerado soviético contra el ataque imperialista, algo que es cada vez más dudoso que lo harían Carrillo y Cía. Pero continuamos denunciando los crímenes de la burocracia estalinista, que ordenó el asesinato de Nin y de Trotsky y que continúa suprimiendo la democracia proletaria en la Unión Soviética.

  

El New York Times informa que en la primera reunión pública de “La Pasionaria”, una manifestación en el País Vasco, un pequeño grupo (supuestamente trotskista) entre los asistentes gritó que Dolores Ibárruri debía ser enviada a un instituto siquiátrico ― una alusión a la práctica de la burocracia del Kremlin de encerrar disidentes, especialmente socialistas declarados, en los hospitales mentales. No creemos que los crímenes de Dolores Ibárruri contra el proletariado internacional sean una aberración mental, ni estamos dispuestos, como ella pide, a “olvidar esas pequeñas historias” de la Guerra Civil Española. Nosotros exigimos la formación de una comisión de investigación obrera para revelar los verdaderos hechos sobre los asesinatos viles llevados a cabo por los estalinistas, de trotskistas españoles y militantes anarquistas y del POUM, empezando con Nin. Sobretodo exigimos que se nos entregue ese hombre, Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky, quien hasta estos días sigue siendo miembro del Partido Comunista Español. ¡Nosotros sabremos qué hacer con él!