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¿Pedimos de la burguesía que proscriba al fascismo?

  

  

[Originalmente publicado en Workers Vanguard no. 27, 17 de agosto de 1973. Traducido en Cuadernos Marxistas No. 3.]

  

En el artículo “Falla un golpe de las derechas en Chile” se pide “la proscripción y el desarme de todas las organizaciones fascistas”. La línea política general del artículo es claramente una de lucha de clases sin compromisos, reclamando la distribución de armas a los obreros; la formación de milicias obreras basadas en los sindicatos; la abolición del ejército oficial y el cuerpo de oficiales y la organización de las tropas en comités de soldados aliados a los sindicatos; la formación de un comité central de las milicias obreras, los consejos de soldados y las organizaciones obreras (sindicatos y partidos). Sin embargo, aún en este contexto pedir al estado burgués (aún con un gobierno de frente popular como el de Allende) qué proscriba y desarme a los fascistas es sembrar ilusiones en las masas. Solamente la clase obrera puede aplastar el fascismo, a través de la revolución proletaria. El fascismo es otra forma de gobierno del capitalismo del que echa mano la burguesía si otras formas más democráticas se demuestran incapaces de reprimir al movimiento obrero. Por lo tanto los sectores decisivos de la clase capitalista no pueden permitir a su gobierno que elimine esta arma crucial en potencia.

  

Aunque el ex-trotskista Socialist Workers Party se concentró durante las recientes demostraciones en defensa de la Ligue Communiste en el eslogan “a la cárcel los fascistas, no la Ligue”, Trotsky mismo rechazó tales consignas que fueron elevadas por los estalinistas en Francia. Cuando Cachin, un líder del PC, exhortó a un bloque con los radicales socialistas de Daladier en 1934, uno de sus argumentos era que los radicales habían pedido el desarme de los fascistas. Trotsky replicó:

  

“Ciertamente, los radicales se declararan en favor de desarmar a todo el mundo-incluyendo las organizaciones obreras. Ciertamente, en las manos de un estado bonapartista; una medida semejante sería dirigida especialmente contra los obreros. Ciertamente, los ‘desarmados’ fascistas recibirían en el futuro sus armas, no sin la ayuda de la policía” 

  

— “¿Adónde va Francia?”, noviembre de 1934

  

Trotsky contrapuso el desarme de los fascistas por las milicias obreras. En un sentido programático trató de la cuestión en la tesis “La guerra y la Cuarta Internacional” (1934) que declaraba:

  

“Volverse hacia el estado, esto es, al capital, con la demanda de que desarme a los fascistas significa sembrar las peores ilusiones democráticas, adormecer la vigilancia del proletariado, desmoralizar su voluntad.”

  

En un sentido más inmediato, el pedir al estado burgués que desarme y proscriba a los fascistas es una invitación a la burguesía a que apruebe leyes que proscriban a “grupos armados extra-legales tanto de la izquierda como de la derecha”. Una ley semejante fue promulgada en Francia durante el período del frente popular de 1936-38 y fue utilizada exclusivamente en contra de los trotskistas. Allende apoya un decreto similar hoy, y aunque el lenguaje suene imparcial, si se implementa con efectividad colocaría armas sólo en las manos del ejército burgués, dejando la clase obrera totalmente desarmada; y en la práctica se está utilizando exclusivamente contra los sindicatos y las organizaciones obreras, mientras que las organizaciones fascistas como Patria y Libertad continúan asando armas en cantidades ingentes.