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Leon Trotsky, el posadismo y ‘Espartaco’

  

  

La Liga Spartacist refuta los ataques histéricos de J. Posadas hechos en ‘Frente Obrero’ y aprovecha otra oportunidad para mostrar la esencia revisionista del posadismo en Latinoamérica.

  

[Esto fue publicado originalmente como un boletín especial en español de Espartaco de la Spartacist League en agosto de 1967. Las notas constan en el final del documento.]

  

  

ESPARTACO Y POSADAS

  

Criticamos hace algunos meses la línea ultimista que seguían Posadas y su grupo en el MR-13 guatemalteco (ver “El MR-13 y el criticismo histérico-marxista” en Espartaco de diciembre 1966, vol. 1, no. 2, y “Posadas in the MR-13” en Spartacist de enero-febrero 1967, no. 9). Los eventos que culminaron con la expulsión de los camaradas posadistas del MR-13, en abril de 1966, comprobaron una vez más que las tareas de los marxistas-leninistas latinoamericanos pueden ser desarrolladas sólo si arraigados firmemente en la clase obrera latinoamericana y no en aventuras guerrilleristas y populistas.

  

Pero el revisionista Posadas no halló manera de concordar con esto. Es más, nuestros criticismos le enfurecieron tanto que se vio forzado a lanzar excremento encima de excremento sobre la teoría revolucionaria con el fin de desviar nuestros criticismos (ver Frente Obrero de marzo 2, 1967). Dicha reacción no hizo sino resaltar más el carácter oportunista de Posadas. A nuestros puntos específicos contestó con calumnias de lo más bajas y absurdas (como lo de “agente imperialista”) y a nuestros puntos teóricos generales contestó con un vulgar revisionismo que hacía resaltar la irremediable alienación del posadismo con respecto a Marx, Engels, Lenin y Trotsky. No hubo punto del marxismo que Posadas no haya atacado: el concepto del partido obrero, el Programa de Transición, la necesidad del socialismo (al que substituye con “guerra atómica inevitable”), el análisis sobre la ideología pequeñoburguesa del campesinado (al que considera “base social” del proletariado), la necesidad de la vanguardia leninista (a la que intercambia con direcciones  “centristas”) y la teoría de la revolución permanente (a la que confunde con lo de “masas en ascenso”). Se hace necesario, entonces, reafirmar los principios del marxismo, atacados frontalmente por Posadas, y a la vez, desenmascarar los revisionismos posadistas que, al tildarse falsamente “trotskistas”, obstaculizan el desarrollo del trotskismo en ciertos países de América Latina.

  

El trotskismo latinoamericano no tiene ningún futuro si no se libra de todos los agregados revisionistas que ―a través de años― se han depositado descaradamente sobre la teoría revolucionaria. Tan crítica es la situación que una “vuelta” al “¿Qué Hacer?” de Lenin sería uno de los primeros pasos de cualquier grupo de marxistas serios en América Latina. Pero para siquiera levantar un pie para dar tal paso, es necesario empezar a machacar, con el tacón, el revisionismo con todas sus caras: castrismo, guevarismo, maoísmo, estalinismo y posadismo.

  

EL POSADISMO Y LA AUTOLIQUIDACIÓN

  

La principal concepción posadista es la de disolver su organización en otras, usualmente también pequeñoburguesas. [1] Claro que este resultado “práctico” ultimista no es ensalzado teóricamente por Posadas. En sus escritos, Posadas usualmente se limita a elogiar movimientos pequeñoburgueses de todo tipo (como el MR-13, el peronismo, el brizolismo, etc.), diciendo que dichas organizaciones “son influidas por la Revolución Mundial”. Sin embargo, las entradas de lleno en dichas organizaciones se efectúan calladamente cuando surge la oportunidad. Al mismo tiempo que implícitamente Posadas desea frentes populares con la pequeñoburguesía, él insiste burocráticamente sobre la necesidad de su partido: irónicamente, el lema de la publicación posadista Red Flag es: “Sin el partido, no somos nada. Con el partido, somos todo.” Este centrismo, que confunde a sus cuadros, contiene tensiones oportunistas que buscarán soltarse en los momentos más cruciales de la lucha de clases. No es posible insistir sobre la necesidad del partido y al mismo tiempo rendir homenaje a cualquier mercachifle que aparece a la vuelta de la esquina llamándose “socialista” y “revolucionario”. Posadas no considera el partido leninista como indispensable, sino como algo “útil” o que “no está mal” si se lo tiene, pero no como la piedra angular de la organización proletaria. [2]

  

Claro que el posadismo no es el único revisionismo del trotskismo que trata de disolverse dentro de organizaciones que no tienen nada de proletarias. La Liga Obrera Marxista mexicana (LOM), inspirada por el pabloísta “Secretariado Unificado”, ha pedido permiso a la burocracia cubana para “entrar” como buena sirviente en la OLAS. [3] El pabloísmo parece llevar en su sangre ―que es 100% pequeñoburguesa― la necesidad irresistible e intrínseca de entregarse cuerpo y “alma” a pequeñoburgueses “más fuertes” (y qué mejor si son gobernantes) como Perón, Cárdenas, Brizola, Nasser, Castro, Mao, etc., con la intención de hallar al fin descanso a su propia postración política.

  

En Ceilán, esta necesidad irresistible, patológica, de la pequeño burguesía pabloísta, fue satisfecha en los brazos del partido burgués Sri Lanka, entonces al timón del gobierno. El partido “trotskista” Lanka Sama Samaja, fruto del pabloísmo y su política entreguista, entró en 1964 en coalición con dicho gobierno, traicionando así los intereses de los obreros y campesinos cingaleses. El mismo Pablo entró de oficial en el gobierno nacionalista de Ben Bella en Argelia. Acerca de Guatemala, ya hemos discutido el rol oportunista de Posadas en el MR-13 (ver Spartacist No. 9, enero-febrero 1967). Ahí decimos: “El rol de la Internacional [de Posadas] dentro del MR-13 demuestra innegablemente que Posadas y sus seguidores abandonaron la clase obrera guatemalteca ―al proletariado urbano y los trabajadores de las plantaciones bananeras― a cambio de un nicho pasajero en los altos Círculos del MR-13. Esta acción, además de fracasar en desarrollar la conciencia revolucionaria de los obreros guatemaltecos al mismo tiempo que descartaba la necesidad que tiene dicho proletariado de un partido, aisló el Buró de Posadas, transformándolo en poco más que una estéril secta con tendencias populistas.”

  

En Posadas esta desmedida tendencia a la autoliquidación se centraliza en el maoísmo. Así, nos dice en Revista Marxista Latinoamericana, No. 11-12: “Si hoy los chinos organizaran una Internacional Comunista de Masas, nosotros estaríamos ahí como fracción. Ingresaríamos inmediatamente, y entrando sin condiciones pero con el derecho de poder, dentro de la Internacional Comunista de Masas, discutir como tendencia revolucionaria de la IV Internacional. ¡Entramos!” He aquí al trotskismo considerado como “tendencia” del estalinismo chino. “Discutir” es lo único que pide el claudicante oportunista, nada más. Quién no tiene convicción de sus propias fuerzas, de su programa y de su misión independiente en la historia, buscará otras fuerzas sociales, usualmente opuestas al programa que dice defender, para que le “hagan” el trabajo. [4]

  

Las derrotas del proletariado mundial, a manos del estalinismo, son bien conocidas. El maoísmo, como el mismo Mao afirma, es otra variedad (“agraria”) del estalinismo. Ya que el maoísmo fue y es una respuesta de la pequeñoburguesía “radicalizada” y chovinista a las presiones periódicas que creaba el imperialismo sobre ciertos estratos nacionalistas de China, es de esperar que el maoísmo hallará siempre maneras de arreglárselas con el imperialismo. La actitud de Mao no puede ser sino puramente impresionista, y depende su hostilidad al imperialismo del grado de hostilidad que éste le presente. No es, por tanto, una política internacionalista sino oportunista, defensiva en el sentido más obtuso. La burocracia china es políticamente responsable de la horrible matanza ocurrida contra el PKI indonesio, partido pro-chino que pagó con la sangre de cientos de miles de obreros y campesinos la traidora política coalicionista de Mao, Aidit y Sukarno. [5] Internamente, son los obreros y campesinos chinos los que sufren la ineptitud burocrática del cesarismo maoísta. En la presente “revolución cultural”, los obreros de Cantón y Shangai y campesinos de Sinkiang han sido brutalmente aplastados por el ejército de Mao. Recientemente, obreros industriales de Wuhan han chocado con los guardias rojos y el ejército, lanzándose a huelgas. El hecho que Mao les ataque demuestra la hostilidad y terror del burócrata contra los obreros, a la vez que refleja la profunda insatisfacción, todavía inconsciente, de los obreros para con la ineptitud social de la burocracia.

  

Posadas, es verdad, no “olvida” que Mao asesinó a miles de trotskistas; el jefe posadista no deja pasar oportunidad para derramar lágrimas de caimán. Pero al mismo tiempo expresa absoluta devoción al Bonaparte chino: “revolucionario honrado” lo llama en Época de octubre 28 de 1966. ¿Acaso tomará en cuenta Posadas que el pasado mayo, en una circular titulada “Un gran documento histórico”, publicada en Pekín, toda la vieja guardia bolchevique (Trotsky, Bujarin, Zinóviev, Kaménev, etc.) es rabiosamente atacada, y la “revolución cultural” es comparada a las purgas estalinistas de 1936-38 que masacraron a toda la vieja guardia? [6]

  

El poder obrero en China, al igual que el partido independiente trotskista, es algo que no le da ni frío ni calor a Posadas. En Época de octubre 29,1966, declara: “Eso es correcto [¡los dazibao!] y lo apoyamos. Es ingenuo, reiteramos, porque todavía no es la expresión de lo mejor que puede hacerse. Es preferible [¡!?] el control obrero directo.” (Subrayado nuestro.) Leed de nuevo lo que nos dice: “Es preferible.” Eso y nada más. Así, es “preferible” tener control obrero “directo”, pero si no se puede... lástima. “Después de todo, qué más da.” Entonces, que venga lo que es un “poquito” inferior: control obrero “indirecto”, o sea, los dazibao y los Mao Tse-tung y los Lin Biao. Más bien, dejemos que la pequeñoburguesía empuje a los obreros, dejemos que la burocracia cesarista “exprese” los deseos de las “torpes” masas obreras, incapaces de obtener control obrero “directamente”, por sus propios medios. Posadas comete el mismo crimen que los maoístas “oficiales”: capitulan al “jefe”, al “líder todopoderoso” que es el que despóticamente señala ―desde arriba― lo que las masas deben de hacer, ya sea besar las estatuas y los calcetines del “líder” o lanzarse a las calles al grito ―muy controlado por los burócratas― de “revolución cultural”.

  

Si es que debido a diferentes factores de las relaciones internacionales entre la burocracia china, la rusa y el imperialismo yanqui, Mao y los suyos (o cualquier ala de la burocracia) deciden consolidar una “internacional” sin duda alguna ésta será usada para extender y asegurar posiciones “jugosas” para la burocracia china a cambio de aquellas secciones de las masas de otros países que entren en dicha organización internacional. Las traiciones de la III Internacional en Alemania, Francia, China, etc., sólo hallarían de esta manera su vínculo maoísta en la cadena de las derrotas del proletariado internacional. Cualquier organización internacional controlada por las burocracias estalinistas (el actual PSP de Castro no es excepción) será simplemente un vil instrumento estupefaciente contra las masas. Sin duda, las burocracias siempre hallarán colecciones enteras de falsarios y tenderos de la revolución en todos los países. A través de ellos (y del dinero que reciben) las masas revolucionarias podrán ser “excitadas” o no según convenga a los intereses diplomáticos nacionalistas de Moscú, Pekín y La Habana. En lo que respecta a China, su prácticamente insuficiente ayuda a Norvietnam contra el imperialismo yanqui y los ríos infestados de cadáveres decapitados de comunistas del PKI indonesio son la mejor expresión de su capacidad “internacionalista”. Trotsky, que jamás dejó de basar su política en los intereses históricos del proletariado internacional, dijo una vez: “Nosotros no somos un partido del gobierno. Somos el partido de la oposición irreconciliable.” [7]

  

Lenin y Trotsky no dejaron nunca de repetir el principio marxista que dice que en los países coloniales y semicoloniales es el proletariado la única clase que puede tomar exitosamente la responsabilidad de la independencia nacional sin parar de ahí a la revolución socialista. Es decir, una revolución ininterrumpida que se extiende genuinamente en la arena internacional después de haber alcanzado la independencia nacional con el proletariado ya a la cabeza de las masas revolucionarias. El posadismo ha falsificado este principio marxista y cree que cualquier oportunista (aunque “honrado”) puede substituir a la clase obrera en la revolución. Tal aberración ha ocurrido, pero lo que ha resultado en China y Cuba no es el socialismo. Son estados obreros profundamente deformados y limitados nacionalmente por castas reaccionarias y bonapartistas que tratan de convivir con el imperialismo a la vez que creen posible desarrollar el socialismo en un solo país. Huelga decir que esta utopía reaccionaria es absolutamente imposible de realizar en nuestra etapa del imperialismo agónico que todo lo cubre económicamente y todo lo amenaza constantemente. China y Cuba, por ejemplo, avanzarán sólo si sus proletariados despedazan totalmente a todas las alas de la burocracia, tomando el poder político de sus estados, y si la revolución se extiende en la arena internacional. “Aconsejar” a las burocracias china y cubana, vicio posadista, sólo coloca al posadismo en el ala “izquierda” de dichas burocracias pero no ayuda ―más bien entorpece― las tareas independientes del proletariado en esos países.

  

El futuro autoliquidador del posadismo se encuentra desde hace tiempo grabado en la pared. Para leer tal mensaje, no hace falta consultar a un Daniel. Basta leer los escritos de Posadas.

  

EL POSADISMO Y EL PARTIDO OBRERO

  

Debido a que no entiende la importancia histórica de la intervención del partido trotskista para luchar y expresar los intereses políticos y revolucionarios del proletariado, Posadas confunde la cuestión del partido obrero con la del propio partido trotskista: “Por eso esta gente [Spartacist] deja de aplicar a Trotsky en los Estados Unidos, que propuso, que analizó, demostró la necesidad del Partido Obrero Basado en los Sindicatos. Hoy sigue siendo válida esta necesidad, pero este grupo Spartacist ignora, como el SWP, el padre de este grupo lo ignoraba. [8] Y seguidamente, Posadas nos dice: “[Hay que unir la lucha] por la escala móvil de salario y escala móvil de horas de trabajo; por la jornada semanal de 40 y 36 horas de trabajo, que es generalizar las conquistas de los obreros gráficos por 36 horas de trabajo.” Posadas no sabe que la actual demanda, adoptada por la Liga Spartacist, es de 30 horas de trabajo que sean pagadas por los capitalistas como si fuesen 40. [9] Pero la pedantería de Posadas no se limita a exhibir su ignorancia (¡40 Y 36 horas!) sino que se atreve a decir lo siguiente: “Hay que hacer una campaña por el Partido Obrero Basado en los Sindicatos explicando que se deben designar direcciones, grupos, delegados de los sindicatos para organizar las bases de este partido, discutir en el seno del movimiento obrero.” [10]

  

Pues bien, todo a su tiempo. Explicaremos con paciencia a Posadas que Trotsky jamás dijo que la necesidad del partido obrero era una tarea central. Tarea central era y es preparar el partido trotskista, la vanguardia leninista, que no es lo mismo, que no puede ser nunca lo mismo, que el partido obrero salido de los sindicatos. Trotsky consideraba que nuestra intervención dentro de tal partido se basaría en que éste sería una “arena en la cual actuaremos como un partido comunista absolutamente independiente.” [11] Pero Posadas confunde aquí esto y reduce la táctica de entrada en tal partido a la categoría de “tarea central”. No es eso sólo un dogmatismo propio de un cretino que no sabe pensar, sino de un cretino que falsifica lo que sabe leer. Leamos lo que decía Trotsky acerca del partido obrero: “Un largo período de confusión en la Comintern llevó a muchos a olvidar el muy simple pero absolutamente irrevocable principio que dice que un marxista, un revolucionario proletario, no puede presentarse ante la clase obrera con dos estandartes. Él no puede decir en una reunión de obreros: Tengo boletos para un partido de primera clase y otros boletos más baratos para los estúpidos. Si soy un comunista debo luchar por el partido comunista.” Y ante la posibilidad de la creación de un partido obrero al estilo del Partido Laborista británico, Trotsky advirtió: “Alguien puede afirmar que en las condiciones estadunidenses un ‘partido obrero’ en el sentido británico [o sea, basado en los sindicatos] sería un paso progresista. Al reconocerlo y enunciarlo así nosotros, ayudaríamos, aunque indirectamente, a establecer tal partido. Pero aquélla es precisamente la razón por la que yo no asumiré jamás la responsabilidad de afirmar, abstracta y dogmáticamente, que la creación de ‘un partido obrero’ sería un ‘paso progresista’ aun en los EE.UU., debido a que yo no sé en qué circunstancias, bajo qué dirección y con qué propósitos sería creado ese partido. Me parece más probable que especialmente en los Estados Unidos, donde no existe ninguna tradición importante de acción política independiente de la clase obrera (como, por ejemplo el Cartismo en Inglaterra) y donde la burocracia de los sindicatos es más reaccionaria y corrompida que la británica durante la plenitud del imperio británico, la creación de un ‘partido obrero’ en los Estados Unidos sería causada sólo por una poderosa presión revolucionaria de las masas obreras y por la creciente amenaza del comunismo. Es absolutamente claro que bajo estas condiciones el partido obrero significaría no un paso progresista sino que significaría un obstáculo para la evolución progresista de la clase obrera.” [12]

  

Cuando Trotsky hablaba acerca de la formación de un partido obrero se refería específicamente a las condiciones objetivas y concretas de la lucha de clases en este país. Es decir, no transformaba este argumento en un fetiche, cosa que a Posadas le encanta hacer. Trotsky, en 1938, sostenía que debido a que en ese momento el partido de los trotskistas norteamericanos (el SWP) era muy pequeño a la vez que enfrentaba grandes convulsiones económicas de las masas, era necesario llamar a la formación de un partido obrero independiente salido de los sindicatos, con el fin de ayudar a las masas a liberarse de los dos partidos burgueses y del reformismo de la aristocracia laborista. Esta sigue siendo una demanda táctica que nos permitiría agitar en favor de nuestro programa y nuestro partido. “El primero [slogan] por el partido obrero independiente, prepara la arena para nuestro partido. El primer slogan prepara y ayuda a los obreros a avanzar y prepara el camino para nuestro partido. Este es el sentido de nuestro slogan.” [13]

  

Es obvio para cualquiera que lo que Posadas pide es disolución de nuestras fuerzas dentro de su fetiche sindicalista, al servicio de la burocracia. La lucha contra la burocracia laborista es olvidada por Posadas. Para el, lo práctico sería entrar a formar parte de la burocracia para dizque “empujar” a los burócratas que son oportunamente llamados solo “centristas” por Posadas. [14] La perspectiva de tomar poder estatal requiere precisamente que la burocracia laborista sea echa a un lado y que los obreros se liberen totalmente de su influencia. Presintiendo que nace un tonto cada instante, Trotsky aclaró terminantemente: “La disolución de nuestra organización está absolutamente excluida. De manera absoluta aclaramos que tenemos nuestra organización, nuestra prensa, etc., etc.” [15]

  

EL POSADISMO Y LOS ESTADOS OBREROS DEFORMADOS

  

El posadismo no pudo comprender los desarrollos ocurridos en la Europa Oriental a raíz de la II Guerra Mundial. Para Posadas, los estados obreros deformados creados en esa región “demostraban” que la burocracia estalinista podía ser revolucionaria “pese” a su carácter social claudicante y pequeñoburgués. Es decir, Posadas abandonaba de esta manera un análisis marxista y sucumbía ante un impresionismo revisionista, pasivo, que no podía sino terminar desarrollando en el entreguismo hacia los burócratas estalinistas de Pekín, Moscú y La Habana.

  

Para los marxistas, los desarrollos de Polonia, Checoslovaquia, Hungría, etc., tuvieron y tienen un carácter dual que a la larga sólo puede ser un “impasse” reaccionario si es que el proletariado de esos países, y el de Rusia, no derrocan a las burocracias estalinistas y toman el poder por cuenta propia en todo el bloque soviético. No es posible olvidar que aunque Stalin eliminó parcialmente a las tremendamente debilitadas burguesías de esos países, lo hizo de manera puramente burocrática y defensiva contra el imperialismo que en ese entonces ocupaba Europa occidental. Aún más importante es el hecho innegable que el verdugo termidoriano masacró por completo en esos países a las vanguardias proletarias que podían haber tomado el poder de los años cruciales de 1944-49. Por tanto, aunque el estalinismo destruyó la influencia capitalista en esos países, también destruyó a las únicas fuerzas subjetivas que, históricamente, podían avanzar y hacer uso consistente y revolucionario de lo que estaba haciendo deforme y disgregadamente la burocracia.

  

Sin la intervención consciente del proletariado y su vanguardia, todo lo que la burocracia haga se vuelve en la última instancia definitivamente reaccionario. Las dislocaciones económicas de Yugoslavia, la falsa “revolución” cultural maoísta y las reformas libermanescas dentro del bloque soviético son serios síntomas de lo que la burocracia seguirá haciendo mientras el proletariado de esos países no se vuelva la fuerza subjetiva de la historia en vez de ser un mero peón objetivo ―un factor pasivo― de las reacciones burocráticas del estalinismo. Es decir, el proletariado tiene que volverse la fuerza activa histórica en esos estados para que lo que es progresivo en ellos deje de tener aquel carácter contradictorio crónico que permite la existencia parasitaria de las burocracias. No puede haber tregua entre las burocracias estalinistas y los obreros que ellas oprimen. Tampoco es posible hablar acerca de “las presiones en ascenso” de las masas sobre las burocracias. La revolución húngara de 1956 prueba que una vez decididos los obreros a tomar el poder estatal por su cuenta, la burocracia reaccionará tan brutalmente como cualquier burguesía amenazada.

  

Posadas, ya sabemos, considera esta perspectiva como “imperialista”. El, al igual que todos los estalinistas, no puede pensar como marxista sino como un dogmático pequeñoburgués. “El que ataca a Stalin ataca a la Unión Soviética,” rugían los apologistas estalinistas de antaño. Ahora, en 1967, Posadas dice: “El llamado de este ‘Spartacist’ a derrocar a Mao Tse Tung y a Fidel Castro es aliarse objetiva, directa y materialmente al imperialismo yanqui, tal como antes se aliaron sus padres del SWP contra la revolución nacionalista en América Latina.” [16] ¡Sin duda alguna, otra “perla” del pensar posadista! Posadas, deshonestamente, oculta nuestras posiciones sobre China y Cuba. Confunde, como ya veis, el concepto leninista del estado con el del gobierno. Al contrario, nosotros no llamamos a la destrucción de los estados obreros deformados de China y Cuba, sino que llamamos a su consolidación revolucionaria e internacionalista por medio de una revolución política efectuada por los proletariados chino y cubano contra los bonapartistas burocráticos y parasitarios en los gobiernos de esos estados. Defendemos incondicionalmente la victoria militar de esas burocracias cuando atacadas por el imperialismo, pero no cejamos de atacar políticamente ―en ningún instante― a esas mismas burocracias porque en la práctica dichas castas sólo traicionan y traicionarán los intereses de las masas que dicen defender. Apoyamos a los estados chino y cubano, y sus nacionalizaciones, medidas sociales radicales, control del comercio exterior, etc. Para los Castro, los Kosyguin, los Mao, los Tito, etc., es decir, para los gobiernos despóticos y bonapartistas de esos estados, reservamos nuestra oposición irreconciliable y proletaria.

  

La incapacidad política de Posadas le hizo sucumbir, como ya hemos visto, de manera impresionista ante los eventos de posguerra y la creación de la República Popular China en 1949. Para él, el estalinismo era “revolucionario” debido a las presiones “incontenibles” de las masas, que, “objetivamente”, avanzaban hacia el “socialismo”. [17] Tomó los desarrollos de China, las comunas, por ejemplo, como si fuesen grandes momentos históricos. Pero no pudo criticar nada ya que según él toda crítica es “imperialista”. Es tan cerrado que todavía habla maravillas sobre las comunas cuando Mao Tse-tung decidió hace tiempo que habían sido un fracaso rotundo y ordenó su terminación en 1961.

  

De la misma manera, Posadas cree que la Revolución Cubana de 1959 no hubiese triunfado a no ser por “las luchas constantes” del proletariado y la huelga de diciembre de 1958. Esto es totalmente falso. Si el proletariado cubano actuó contra Batista, lo hizo contenido por su dirección laborista, confundido por la falta de coordinación en las ciudades, disciplinado criminalmente por el mujalismo. Si se opuso a Batista, lo hizo esporádicamente dentro de una especie de frente popular burgués, en donde su potencia se diluyó, disgregó y perdió todo carácter independiente. La huelga de abril de 1958 fracasó miserablemente en Cuba, pero Posadas “olvida” este detalle. Castro tomó el poder no a través de “las luchas constantes” del proletariado sino debido a la momentánea incapacidad coyuntural del gobierno de Batista y del imperialismo. El M-26 pudo polarizar una lucha paramilitar contra Batista debido a ausencia de organizaciones proletarias revolucionarias y a la ineptitud orgánica de la burguesía cubana para deshacerse exitosamente dé Batista de otra manera. Fueron circunstancias que no llegaron en 1959 a una lucha abierta de clases sino a una cura neo-parlamentaria-guerrillerista de la crisis de la burguesía cubana. El proletariado cubano, sin dirección propia, traicionado innumerables veces por los Roca, Peña y Rodríguez, reaccionó con pasividad frente los desarrollos de 1958-59. No hay nada de “irresponsable” por parte del proletariado cubano en esto ni nada que niegue la capacidad revolucionaria del mismo. Ahora, el PC cubano y Fidel Castro han tratado, pese a lo que dice Posadas, de falsificar el rol del proletariado cubano. Rinden culto a su actuación al igual que Posadas, pero los dos lo hacen desde el punto de vista del frente popular; es decir, alaban el rol del proletariado cubano como un miembro más de las “masas revolucionarias-democráticas”. El rol independiente del proletariado, actuando con su propia dirección y a la vanguardia de las masas revolucionarias, es algo que asusta terriblemente a los Castro y los Posadas. La próxima jornada de la Revolución Cubana pertenece a los obreros cubanos. ¡Que tiemblen Castro y Posadas!

  

LA GUERRA ATOMICA

  

La “inevitabilidad” de la guerra atómica constituye otra contraseña del posadismo. Las innumerables uniones que surgirán entre el posadismo y organizaciones pequeñoburguesas de diverso cuño traerán, sin duda alguna, reacciones de desagrado y confusión entre muchos cuadros de Posadas. ¿Qué puede ser más útil, entonces, que excusar toda clase de maniobra, todo manipuleo debajo de la mesa, aludiendo a la tal “guerra atómica inevitable”? Con esa linda excusa todo queda arreglado: ya que la guerra atómica está tan cerca, hay que hacer “frente único” con todas las “tendencias” que dizque son antiimperialistas. La preparación del partido queda, ipso facto, relegada a un segundo plano si es que no es echada al tarro de basura de una vez (como pasó en el caso del MR-13).

  

Pero examinemos también las formulaciones “teóricas” de Posadas sobre la guerra atómica: “Comprendemos que va a ser tremendo el daño que van a causar el imperialismo y la burocracia soviética. Pero es el pago [¡!] que debe hacer la humanidad [¡!] para avanzar [¡!]. Así se ha hecho la historia [¡!]. No tenemos la fuerza para impedirlo. El socialismo es inevitable; pero este es el costo de la historia. De la misma manera como los otros progresos de la historia costaron, como costó la aparición del capitalismo.” [18] Y él que se oponga a este reaccionario dogma recibe el siguiente castigo: “Decir que la guerra atómica no es inevitable es basarse sobre las perspectivas de poder convivir con el régimen capitalista, de la coexistencia pacífica. Esta es la política del imperialismo, de la burocracia soviética, de la pequeñoburguesía radicalizada impotente para comprender el partido bolchevique y comprender la guerra atómica tal como es.” [19]

  

En realidad, uno no sabe cómo empezar a refutar semejante babosada. Posadas dizque el socialismo es inevitable, pero vemos que considera, al mismo tiempo, que la guerra atómica es también inevitable. ¿Hay una contradicción en dicha fórmula? Para un marxista, sí. Para un loco, no. Por primera vez en la historia de las ideas políticas, Posadas ha combinado, con el deus ex machina de la guerra atómica, la idea que contiene, en una cápsula, la venida del socialismo y el barbarismo. ¡La guerra atómica, que sería la prueba concluyente del fracaso del proletariado en tomar el poder del sistema burgués para evitar precisamente el barbarismo, es considerada por Posadas como el socialismo en persona!

  

Pero no nos dejemos impresionar por lo de “pequeñoburguesía... impotente para... comprender la guerra atómica tal como es.” Muchas sectas religiosas chillan en nombre de la mesiánica guerra atómica; muchos clubes existencialistas, histéricos consumidores de “la decadencia”, seguidores de Nietzsche, Schopenhauer y Spengler, también creen que el apocalipsis atómico es “inevitable”. Pero estos señores y estas sectas, al igual que Posadas, se encuentran bastante alejados del marxismo. Están bien apegados a un misticismo muy común en nuestra época de reacción y desintegración social. [20]

  

El socialismo, como lo comprendían Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo, Liebknecht, Trotsky y muchos otros luchadores proletarios, no tenía el carácter inevitable mecanicista que Posadas le da. Para ellos, el socialismo era inevitable sólo si nuestras luchas conscientes, arduas y fructíferas lo hacían realidad inevitable a través de la lucha de clases. El barbarismo, era, de la misma manera, inevitable si es que las luchas del proletariado fracasaban en transformar la necesidad histórica del socialismo en realidad inevitable. La intervención activa y consciente de las masas obreras y sus auténticos partidos de vanguardia es imprescindible para lograr esto. Como se ve, esta posición está en completa contradicción con el mecanicismo contemplativo del posadismo. En la manera que Posadas se entrega a cuanta corriente “en ascenso” pequeñoburguesa aparece, en esa manera obstaculiza el desarrollo de la conciencia proletaria independiente, y ayuda objetivamente a perpetuar la crisis de dirección obrera. Bajo este punto de vista, el posadismo es un agente de la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero latinoamericano. Esto, señores, sí es una manera activa de ayudar al desencadenamiento inevitable del barbarismo.

  

CONCLUSIÓN

  

A primera vista, el posadismo ofrece una impresión contradictoria. Su énfasis mesiánico sobre las masas en “ascenso”, que todo lo curan, que todo lo resuelven inevitablemente al empujar a sus direcciones oportunistas y estalinistas, constituye la primera impresión. La segunda, aunque parece tener un carácter opuesto a la primera, no contiene en verdad nada contradictorio. Esta es la reaccionaria tendencia a entregarse en la práctica a aquellos estratos de las direcciones “centristas”, oportunistas, estalinistas, etc., que parecen ser “empujados” por las masas. Si es que Posadas en verdad cree que las masas son invencibles y que su “ascenso” es inevitable, ¿por qué entonces no trata de ganárselas independientemente? Es decir, ¿por qué no trata Posadas de dirigir a las masas a través de su grupo, por qué no prepara a su “internacional” para que se ponga en la cabeza de las masas con el fin de que el programa del trotskismo pueda ser desenvuelto en la lucha de clases?

  

¿La respuesta? Muy sencilla ―el posadismo en verdad no cree posible que las masas puedan desarrollar sus propias vanguardias ni liberarse por sus propias manos. Posadas acepta el fait accompli de que “existen” otras direcciones de masas en un momento dado, y oculta sus orígenes, su composición clasista, sus programas, etc. Al entregarse a estas direcciones, el posadismo demuestra que no tiene la menor convicción en la potencia revolucionaria independiente del proletariado. Proceder diferentemente implicaría preparar arduamente a sus cuadros con la convicción de su lugar irremplazable en la vanguardia del proletariado. En fin, significaría preparar partidos leninistas en la tradición bolchevique, conscientes de su propia importancia y celosos de resguardar irreconciliablemente las conquistas históricas del proletariado internacional.

  

Posadas no puede hacer esto; hace tiempo que ha abandonado cualquier perspectiva marxista. Por tanto, claudicar ante la pequeñoburguesía nacionalista y las burocracias estalinistas no tiene nada de extraño: es el resultado lógico de la incapacidad posadista. Como él no puede formar partidos capaces de luchar por sí mismos, ha decidido subastar su grupo a cualquier organización pequeñoburguesa que se halle en esos momentos con posibilidad de engañar exitosamente a mayores números de las masas revolucionarias.

  

Las dos caras de la medalla posadista, entonces, no poseen ningún carácter contradictorio. Es una vulgar excusa para evitar construir partidos de vanguardia. La catálisis de la guerra atómica retoca un poco el revisionismo posadista: provee el raciocinio para reafirmar la negación del partido leninista. Ya que la guerra atómica es “inminente”, ¿para qué darse la molestia de preparar partidos leninistas? Posadas recalca esta idea sobre la “inminencia” repetidas veces en su prensa con el fin de “preparar” a sus cuadros en el arte del ultimismo y la desaparición en grupos más grandes. Los pabloístas y Posadas han hallado manera de contraer matrimonio con el estalinismo a la par que “afirman” su lealtad al programa revolucionario. Lo que ha resultado son productos bastardos. Los revolucionarios legítimos no pueden sino mirar con asco y desprecio los productos ideológicos surgidos como reacción a las tremendas derrotas sufridas por el proletariado a lo largo de 40 años. ¡Lo que son las ironías! Al revisar el marxismo, el estalinismo contribuyó a las derrotas del proletariado internacional desde 1924 hasta nuestros días. Los pabloístas y Posadas, decepcionados cínicamente por estas derrotas, han revisado también el marxismo y han ido a parar en el estalinismo. Una vez así políticamente castrados, estos señores serán incapaces de prepararse para las nuevas oleadas revolucionarias del proletariado en la próxima etapa histórica.

  

Finalmente, ¿qué posibilidad de cambio existe para el posadismo? Es decir, nos referimos a otra alternativa que la de la autoliquidación. Por desgracia, la máquina burocrática del posadismo niega toda posibilidad de regeneración.

  

El posadismo sólo puede sobrevivir mientras se mantenga estructuralmente como “internacional”. Pero aun esto es artificialmente espoleado por Posadas ya que la autoliquidación se impondrá al fin y al cabo. Políticamente, el posadismo es un aborto salido del pabloísmo. El posadismo no ha desarrollado teoría marxista de igual manera que sus progenitores, el Secretariado de Michel Pablo, tampoco han hecho. Ellos más bien revisaron todos los puntos fundamentales del marxismo. Así, se podían mantener sólo gracias a la maquinaria del partido, a la organización. Y ya que ésta misma era enormemente debilitada debido a la insolvencia teórica y política de su dirección, su propia desintegración podía ser evitada sólo usando métodos estalinistas. Esta tendencia a volverse un cadáver político a la vez que el sudario de la organización se volvía más rígido y despótico, apareció como cualidad común de los pabloístas; Posadas la heredó por completo. 

  

Debido a que su existencia depende, en la última instancia, de su burocrático estilo de organización, Posadas no contestó nuestros criticismos de una manera política sino que se limitó a señalar que no nos habíamos doblegado ante el dogma posadista, que no habíamos aceptado la reaccionaria ideología posadista. Esto es lo que molestó a Posadas y no la substancia teórica de nuestros criticismos.

  

Cuando Posadas salió del Secretariado de Pablo en 1962, no publicó ningún documento que explique y clarifique la razón de tal ruptura. Mas esto obedece también a designios burocráticos posadistas. Es de esperar, por tanto, que Posadas nunca abandona la idea de volver a Pablo o de consolidar unificaciones con cualquier otro “reconstructor” de la IV Internacional, ya se llame Frank, Germain, Hansen, Healy, Moreno, o lo que sea. Sin duda alguna, tales “reunificaciones” no obedecerán principios leninistas sino que serán hechas debido a los intereses burocráticos partidistas de los revisionistas.

  

Todo esto, naturalmente, es efectuado por Posadas sin prestar la más mínima atención a la opinión de sus cuadros. Ellos se enteran de lo ocurrido sólo cuando Posadas así lo decide. Por eso nadie más puede escribir en su prensa, y todos los artículos son firmados por él. Lo que ocurre en el mundo real no llega a los cuadros de Posadas por medio de su prensa. Si se enteran de algo que contradiga la mitología posadista, es debido a que el ímpetu de los hechos forza a veces a algunos individuos a mirar la realidad. Giros a la izquierda, giros a la derecha, cambios totales de línea, retiradas bruscas, etc., todo esto no es explicado a los cuadros. Simplemente aparecen de repente en las páginas de su prensa. Aclaremos que aunque Posadas cambia de línea muchas veces, estos cambios no son presentados como tales sino que aparecen como lo usual, como que la “Revolución Mundial” avanza al igual que siempre.

  

El estilo burocrático no halla límites. Peor en semidioses. Tan despótica es la estructura burocrática posadista que se filtra hasta a las páginas de su prensa como cosa cotidiana: “Estos errores [gime el Comité de Redacción de Voz Obrera (julio 1966) en una de sus confesiones “a nuestros lectores”] revelan superficialidad política y falta de conciencia sobre la importancia de este documento del Cda. J. Posadas.” En Voz Proletaria (marzo 13, 1966) tenemos la oportunidad de leer: “El Buró Político ha discutido que este no es un error de imprenta o de diagramación, sino que esto es un serio error político que tiene su base en la todavía insuficiente comprensión del rol de los documentos del cda. J. Posadas (…). Los otros errores como la equivocación en la fecha (aparece como siendo un documento del año 1965) y la ausencia de la firma del cda. Posadas en la página central reconocen como causa la misma limitación política.... El Buró Político afirma su decisión de superar rápidamente estas fallas.”

  

Este es el estilo posadista. Es apolítico y confía solamente en el despotismo burocrático estalinista. ¿Es posible desarrollar cuadros de esta manera? [21] Claro que no. Posadas sólo se mantendrá por medio de engaños [22] y de amenazas a sus cuadros. De esta manera los convertirá en monigotes dispuestos a las peores amalgamas y entreguismos, capaces de traicionar a las masas obreras a cambio de aventuras exitistas.

  

No dudamos que hay muchos trotskistas honestos y serios dentro del grupo de Posadas. El número de muertos que tienen prueba eso. La culpa es, naturalmente, del aventurerismo burocrático y putschista de Posadas y no de los que murieron valientemente, luchando por lo que ellos creían era el trotskismo.

  

Sólo un lucha despiadada contra el Stalincito de Montevideo libertará a muchos de los que ahora se encuentran atrapados en su engaño revisionista; sólo un análisis teórico profundo del revisionismo en general ayudará a la tarea de preparar partidos leninistas en América Latina. El futuro del marxismo latinoamericano radica en eso, y en la capacidad de organizar partidos basados orgánicamente en el proletariado urbano de América Latina.

  

  

NOTAS

  

[1] Las organizaciones que Posadas escoge para “influir” en realidad son organizaciones que se volverán contra el proletariado cuando flujos y reflujos de la lucha clasista así lo requieran. Aunque Posadas tiende a ver en todo grupo pequeñoburgués “algo socialista” (¡hasta los provos son echados en el saco de la “Revolución Mundial”!), es necesario reiterar que es la base clasista proletaria lo fundamental para que el programa marxista sea desarrollado independientemente y con posibilidad de éxito. Si se disuelven los cuadros en grupos que son pequeñoburgueses-nacionalistas, las tareas propias se confunden y se disgregan; el programa proletario pierde su independencia y se amarra a un estrato que ―a la menor presión― sucumbirá a la burguesía y el imperialismo a costa de los obreros y los campesinos.

  

[2] Esto es comprobado cuando Posadas escribe: “Podrán matarnos a todos nosotros. Podrán lograrlo. Pero no lograrán jamás detener el curso en ascenso de la revolución mundial, porque el marxismo ya está en la cabeza de la humanidad Es aún un instrumento no consciente para las masas, pero emplean y se basan en las conclusiones fundamentales del marxismo.” (Frente Obrero, mayo 5 1966). En otra ocasión, dice: “... el proceso concentrado y centralizado de la revolución permite inmediatamente traspasar, desarrollar la influencia de un país al otro y de un continente al otro de una revolución a otra y de un país al otro sin interrupciones, rápido, rápido, sin partido. La base de este proceso concentrado y centralizado, es que las masas acogen el proceso de avance de la revolución sin tener partido ni sindicatos que se los trasmita, sin vida política, sin periódico, sin resoluciones y sin direcciones. Lo hacen las masas.” (Subrayado nuestro. Voz Obrera, octubre 1966).

  

[3] Esto es lo que los “trotskistas” de la LOM piden: “Las secciones latinoamericanas de la IV Internacional han manifestado repetidas veces [¡fijaos en su insistencia!] su solidaridad con la Tricontinental y con la OLAS. Su férrea organización y funcionamiento disciplinado bajo las normas del centralismo democrático leninista le colocan como valiosas entidades para aportar a la tarea de consolidar a la OLAS.” (Perspectiva Mundial, No. 18, abril 16, 1967.) Cómo corrompen estos señores los principios del centralismo democrático, ¡como si Lenin hubiese “aportado” su partido a la “conferencia de los pueblos y razas subyugadas”, por ejemplo, celebrada en junio de 1910 por “representantes” nacionalistas! La Tricontinental no es sino una repetición de esas reuniones seudo-revolucionarias celebradas por caudillos y faquires nacionalistas de Latinoamérica, Asia y África. Cada vez que el imperialismo roba “en demasía” las migajas que usualmente paga a esos mismos nacionalistas con el fin de que controlen a sus masas trabajadoras, ellos se enojan.

  

[4] En Revista Marxista Latinoamericana, No. 11-12, Posadas se vende al maoísmo bastante descaradamente: “Son vividores [los maoístas uruguayos, argentinos, peruanos, etc.] que no tienen ningún valor político ni entienden absolutamente nada. Los chinos deben romper con esa gente, y al contrario, apoyar a las organizaciones revolucionarias que luchan por el programa de la revolución fusil en mano, como ellos llaman. No es esa gente la que lucha, sino nosotros, los trotskistas. Los llamamos a que nos apoyen a nosotros.” ¡Ah! Pero, ¿será el “luchador” Posadas el que ponga las condiciones a la burocracia maoísta? No, en ningún momento. Lo que Posadas pide ahí es simplemente venderse al mejor postor. De esta manera el posadismo se ofrece a sí mismo con el fin de extender las traiciones de Mao y Cía. El maoísmo, ya sabemos, entregará “apoyo” en metálico a Posadas como ya hizo con el PKI. Y Posadas, ¿qué ofrece? Simplemente venderse, vía Pekín, a su propia burguesía nacionalista como hizo el PKI. Le diremos a Posadas que La Habana, como la LOM ya lo sabe, está más cerca que Pekín.

  

[5] Recientemente la hipocresía maoísta ha responsabilizado a la burocracia rusa por la destrucción del PKI. ¡Como si la intromisión papelesca de un segundo gánster redimiese las culpas del primer gánster! Tales son los caprichosos devaneos que Posadas tanto admira en Pekín Informa.

  

[6] Peking Review (Pekín Informa) No. 21, mayo 19,1967, “comenta” sobre tal documento.

  

[7] Trad. del inglés de En Defensa Del Marxismo, Nueva York, 1965, pág. 17. Posadas no sólo desea ansiosamente ser algún día un “partido del gobierno estalinista” sino que trata de extender esa traición a una “internacional” del gobierno maoísta.

  

[8] Frente Obrero, marzo 2, 1967. El lector interesado en saber si es que es verdad que hemos “ignorado” esta demanda, puede referirse a los siguientes números de nuestras publicaciones, en donde llamamos a la formación de un partido obrero independiente: Spartacist: No. 2, julio-agosto de 1964, pág. 5; No. 4, mayo-junio de 1965, pág. 5; No. 8, noviembre-diciembre de 1966, pág. 4; No. 10, mayo-junio de 1967, pág. 5. Spartacist West: Vol. 1, No. 4, abril 29, 1967, pág. 4; Vol. 1, No. 7, agosto 29, 1966, pág. 3; Vol. 1, No. 8, septiembre 30, 1966, pág. 3. Espartaco: Vol. 1, No. 2, diciembre de 1966, pág. 7, etc., etc. Lo nombrado es suficiente para desmentir esta calumnia posadista.

  

[9] Fundamentalmente, el sentido de las demandas transicionales es el de preparar a las masas obreras para la toma del poder. La demanda posadista de 40 y 36 no es sino reformista ya que pide que se “generalicen” las conquistas de los obreros gráficos. Si esto es hecho por la burguesía, extendiendo paulatinamente 40 y 36 a otras industrias, los problemas del racismo, el desempleo, etc., todavía quedarían sin resolverse. La cuestión en este caso es de exigir a la burguesía que satisfaga una demanda que ella no puede aceptar; es decir, 40 y 30, para que toda la clase obrera encuentre empleo y se rompan las barreras del racismo. Esto traería a la orden del día numerosas otras medidas que abrirían más posibilidades para las luchas de los obreros, tanto de los sindicatos como los no organizados en ellos. En fin, es una verdadera demanda transicional. Es doloroso tener que explicar esto a un “trotskista”, que ha adoptado una posición economista al abandonar el Programa de Transición.

  

[10] Frente Obrero, marzo 2, 1967.

  

[11] Trad. del inglés de El Partido Obrero en América, Toronto, pág. 5.

  

[12] Ibídem, pág. 2.

  

[13] Ibídem, pág. 28.

  

[14] “Esta declaración de Reuther [referente a sus disputas con la AFL-CIO] la realiza en pleno auge del proceso de la revolución política en China...” nos dice Posadas en Frente Obrero de marzo 2, 1967. Así, Reuther, el Torquemada anticomunista de los sindicatos industriales, “avanza” presionado por las masas chinas.

  

[15] El partido Obrero en América, pág. 20. Basta conocer la actuación posadista en el MR-13. La fracción ce Posadas dejó de publicar su propia prensa y se dedicó, al contrario, a publicar Revolución Socialista, órgano oficial del MR-13. Ahí aparecían artículos escritos por Posadas, pero la publicación no era del partido posadista. ¡Un típico ejemplo de mimetismo!

  

[16] Frente Obrero, marzo 2, 1967.

  

[17] El ruso L. Leóntiev, académico estalinista y autor de textos “oficiales” sobre economía política, concuerda con el posadismo al repetir el reaccionario idealismo “objetivista”: “Cada día es mayor el número de países que emprende la vía de desarrollo no capitalista, la vía socialista. La humanidad en su conjunto atraviesa ahora por el período de tránsito del capitalismo a un régimen social más elevado, el comunismo.” (Fundamentos de la Economía política marxista, pág. 95.) Esta palabrería, que transforma la comprensión marxista en una contemplación académica, olvida recalcar el papel fundamental e imprescindible de la vanguardia proletaria, la clase proletaria y su partido leninista. Como no, mientras esto sea “olvidado” por los Leóntiev, Deutscher, Pablo y Posadas, el duro trabajo de la preparación proletaria es abandonado en favor de lo “inevitable” y lo comodón. En la práctica, esto es realizado a través de aventuras “objetivas” con la pequeñoburguesía nacionalista y las burocracias estalinistas.

  

[18] Frente Obrero, febrero 19, 1966. ¡Qué coincidencia! En 1932-33, excusando su traidora postración ante Hitler, Thaelmann y los otros estalinistas del KPD alemán, se consolaban diciendo que el nazismo triunfante “era el pago” que debían hacer las masas obreras alemanas para alcanzar después el socialismo.

  

[19] Frente Obrero, marzo 2,1967.

  

[20] Este es el esquema atómico de Posadas: “En poco tiempo, como enseña la experiencia de la reconstrucción después de la segunda guerra mundial, se pueden conseguir saltos económicos inmensos y superar los niveles actuales de producción, cualquiera que sea el grado de destrucción provocado por el imperialismo, y esos saltos serán mucho mayores si se apoyan en la conciencia comunista de las masas [¿?] dirigiendo la reconstrucción, y libre de cualquier traba burocrática.” (Frente Obrero, febrero 19, 1966.) Mas Posadas olvida que el Plan Marshall del imperialismo ayudó en mucho a la “reconstrucción” europea y que ningún plan similar “comunista” será posible después de una guerra atómica. En lo que se refiere a la “conciencia comunista” de las masas, las espantosas experiencias sufridas por las masas de Hiroshima, Nagasaki, Tokio, Berlín, Dresden, Essen, etc., demuestran que sólo un arrebatado puede imaginar esos delirios. Uno de los principales obstáculos psicológicos para cualquier reorganización pública durante un bombardeo convencional es precisamente la falta de interés de las masas. El golpe es tan horroroso que la mayoría de la población se sume en “shock”, volviéndose histérica o totalmente pasiva. Otro obstáculo, de naturaleza “técnica”, es el fenómeno de la tormenta de fuego, ocurrido en Hamburgo durante la II guerra y que impedía todo intento de rescate o reconstrucción por días y semanas enteras. ¡Imaginemos las tormentas de fuego causadas por explosiones nucleares, a más de las radiaciones que sepultarán ciudades enteras! Huelga decir que la guerra atómica destruirá por completo, sin posibilidad de recuperación, enormes masas proletarias y valiosísimos centros industriales. Estas consideraciones no molestan en absoluto a Posadas. El procede como toda cabeza de una secta: hace miles de planes, compone sistemas enteros, complicadísimos castillos de arena; pero nada trasciende jamás los confines de su cráneo. ¡Y todo esto es hecho “en nombre” del marxismo!

  

[21] En Revista Marxista Latinoamericana, No. 11-12, págs. 153-154, vemos que los cuadros posadistas son tratados de igual manera que los burós políticos: “El documento a que se refiere el camarada Posadas fue presentado en una conferencia del POR (trotskista), sección brasileña de la IV Internacional, por un grupo de cinco camaradas, sin discusión previa. Ese documento gráfico defendía una concepción democrática de organización del Partido y atacaba la forma de funcionamiento centralizada [léase burocratizada] de la Internacional. El documento fue rechazado por la Conferencia [léase Posadas], que resolvió retirarlo de la circulación y que se disolviese [¡!] el grupo de sus autores. Esta resolución fue aplicada inmediatamente.” ¡Ay de los vencidos!

  

[22] En Sobre la revolución socialista en Cuba, son incluidos dos documentos sobre el desarrollo revolucionario cubano en 1934, aparecidos en la revista Comunismo, de la Sección Española de la Oposición Comunista Internacional. Según la presentación, dichos documentos fueron escritos por Posadas. Claro está que tales documentos presentan posiciones marxistas, en contraste a las banalidades de Posadas incluidas en la primera parte del libro. Lo extraño es que Posadas diga que él escribió dichos documentos, cuando nada hay que así lo pruebe. Camaradas españoles ahora en exilio, y que formaban parte de la sección española sabiendo más que nadie quién era y no era, dudan seriamente que Posadas haya escrito en la revista Comunismo.