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Oposición de clase al frentepopulismo - Clave del reagrupamiento revolucionario

OTR chilena fusiona con tendencia espartaquista

  

  

“En realidad, el Frente Popular es la cuestión principal de, la estrategia de clase proletaria de esta época. También ofrece el mejor criterio para distinguir entre el bolchevismo y el menchevismo.”

– León Trotsky

  

[Traducido de Workers Vanguard No. 172, 9 de septiembre de 1977. Extraído de Spartacist Español, 5 octubre de 1977]

  

El campo de verano europeo de 1977 de la tendencia espartaquista internacional (TEI) fue testigo de una fusión única en la historia de la TEI y de considerable interés y significado para aquellos que anhelan ser revolucionarios en todo el mundo. La Organización Trotskista Revolucionaria (OTR) de Chile se unió ala TEI y es ahora la sección simpatizante chilena de nuestra tendencia. Mientras nuestro tamaño, en ambos lados, es modesto, esta fusión representa la afirmación y confirmación resonante de la frase dicha por Trotsky en 1935: “En realidad, el Frente Popular es la cuestión principal de la estrategia de clase proletaria de esta época.” La OTR y la TEI se encontraron en el terreno común dé la oposición combatiente de clase al frentepopulismo burgués, y fue mediante la generalización de esta posición de independencia proletaria a todas las principales cuestiones internacionales que la unión de nuestras fuerzas se hizo posible y necesaria.

  

Para la TEI esta fusión constituye una extensión significativa de nuestra tendencia, ya que ésta es nuestra primera sección latinoamericana. Ella representa entonces la adición de un cuerpo de experiencia revolucionario importante a un movimiento previamente limitado a secciones en Norteamérica, Europa y Australasia. Para la OTR, significa la superación de su aislamiento nacional y la culminación de la ruptura con el pablismo iniciado algunos años antes. Manteniéndose firmes en su oposición al frentepopulismo, los camaradas chilenos han probado ser capaces de reevaluar intransigentemente sus posiciones pasadas a la luz de la experiencia internacional, requisito indispensable para la asimilación del leninismo auténtico. Para cualquiera familiarizado con la estrechez continental y el revisionismo desenfrenado del “trotskismo” latinoamericano, este es pues un logro extraordinario.

  

Pero el significado central de esta fusión entre la OTR y la TEI consiste en subrayar el análisis trotskista del frente popular, la atadura de las masas obreros a los capitalistas “progresistas” – o aun capitalistas “fantasmas” (abogados de provincias, etc.) cuando la verdadera burguesía en su totalidad, ha puesto en jugado su existencia, confiando en el triunfo de la reacción abierta – cuyo propósito es impedir el levantamiento proletario contra todas las alas del enemigo de clase burgués. Un artículo trágicamente profético en Spartacist de noviembre-diciembre de 1970 advertía que la coalición de Allende, la Unidad Popular (UP), era un frente popular como los de España y Francia (o de Chile) de los años treinta, al que los proletarios revolucionarios debían oponerse resueltamente. Cuando millones de chilenos y militantes de izquierda alrededor del mundo saludaban al “compañero presidente” y hablaban de una segunda Cuba, nosotros escribimos: “Cualquier 'apoyo crítico' a la coalición de Allende sería una traición a la clase, abriendo el camino para una derrota sangrienta del proletariado chileno cuando la reacción criolla, auxiliada por el imperialismo internacional, esté lista.”

  

En realidad, esta declaración, aparentemente profética, no era ni muy original, ni necesitó una bola de cristal. Repetíamos simplemente la lección de España, actuando como la memoria de la clase obrera, como corresponde a un partido leninista. Esto parecería ser el ABC del trotskismo, y sin embargo, todas las otras tendencias internacionales que se declaran herederas del mismo, se las arreglaron para oscurecer o directamente negar el carácter frentepopulista del régimen de Allende.

  

Al interior de Chile, los grupos a la izquierda de los partidos socialista y comunista, fueron desorientados por la victoria electoral de la UP en 1970. El caso más notorio fue el del grupo castrista MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario), él cual zigzagueó desde la oposición guerrillerista contra la participación en las elecciones como principio (“¡Fusil, no elecciones!”) hasta apoyar “críticamente” a Allende. Aunque los que decían representar el trotskismo se conciliaron con la UP, calificando al nuevo gobierno de reformista. Pero hubo un grupo pequeño dentro de la órbita “trotskista” chilena, constituido fundamentalmente por cuadros sindicales, que guiados por su determinada defensa de los intereses obreros comprendieron que la UP era un frente popular clásico, al que debían oponerse resueltamente. Este fue el núcleo que luego se convirtió en la Organización Trotskista Revolucionaria y que en 1974 resumió las lecciones de la Unidad Popular como sigue:

  

“Decir que el carácter de la UP es reformista, significa ser cómplice de la traición cometida .... La UP se inscribe así en la lista de los viejos Frentes Populares, que fueron el modelo diseñado para traicionar a la clase obrera.”

  

– “Una derrota política y la Necesidad de un balance”

  

En suma, la fusión de la tendencia espartaquista internacional y la OTR chilena representa la unión de la corriente que desde lejos predijo de manera única y advirtió en contra del curso trágico del gobierno de Allende; con aquellos que enfrentados directamente con la popularidad de la UP (y experimentando sus consecuencias mortales) se rehusaron a comprometer o abandonar la defensa de su clase. Como el frente popular es, efectivamente, la cuestión central con que se enfrentan los leninistas en estos tiempos y Chile es el candente ejemplo reciente de las consecuencias nefastas del frentepopulismo, la unificación de nuestras organizaciones debe ser estudiada por lodos los marxistas serios.

  

La evolución de la OTR

  

A diferencia de las otras fusiones en la historia de la TEI, en este caso se trataba de la unión de dos tendencias que ya tenían los mismos postulados programáticos decisivos, en lugar de una corriente centrista que se separa de otra tendencia y fuera ganada a las posiciones de la TEI. La oposición proletaria revolucionaria de la OTR chilena al criminal frente popular de Allende ya era decisiva, pero dado que la OTR operaba en un medio político-cultural más restringido que la TEI, ella sentía la necesidad de llevar a cabo un examen cuidadoso de la arena internacional, para comprobar que las actividades traidoras de los representantes locales del “Secretariado Unificado” (SU) de Ernest Mandel y el “Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional” (CORCI) de la OCI francesa y del POR boliviano eran características. Esta no fue una fusión fácil de llevar a cabo; por el contrario, aunque ya existían los requisitos, su consumación presentaba dificultades, en la medida que los dos lados, oriundos de terrenos políticos muy distintos, se ponían mutuamente en prueba, en muchas formas y ocasiones.

  

Para entender el proceso de fusión es necesario primero dirigir nuestra atención a la OTR tal como fue en Chile antes del golpe. El grupo se había formado al interior de la organización simpatizante del SU, la Tendencia Revolucionaria de Octubre (TRO), y comenzó esencialmente como una oposición “obrerista” al frente popular. También se oponía, aun cuando en forma empírica, a la vieja política de “entrismo profundo” en el Partido Socialista (PS) que seguía la TRO, y subsecuentemente retiró a sus partidarios del PS. La ruptura final ocurrió en torno a la fusión sin principios de la TRO con el grupo de L. Vitale para formar el Partido Socialista Revolucionario (PSR, la sección simpatizante, “oficial” –durante un tiempo – del SU). Por presentar un documento contra la fusión, el núcleo de la futura OTR fue expulsado de la nueva organización (y dicho documento suprimido).

  

Contando con militantes que habían sido dirigentes de la Federación Nacional Industrial del Cobre y el apoyo de otros dirigentes mineros, la tendencia que formó la OTR se opuso consecuentemente a la política criminal del gobierno de Allende de la “batalla por la producción” – una consigna cínica para encubrir la aceleración del ritmo del trabajo – porque el autoproclamado “gobierno popular” no cambiaba el hecho de que Chile era todavía un país capitalista. Cuando Allende lanzó la campaña rimbombante por la “participación obrera” – un esquema diseñado para inducir a los obreros a colaborar con su propia explotación – dirigentes obreros de la OTR en el sector minero del cobre nacionalizado le opusieron la consigna del control obrero, cuyo objetivo era destruir, no reformar, el estado burgués. Contrariamente el MIR y el ala izquierda del PS, incluyendo en particular sectores con una cierta aureola “trotskisante”, así como Fidel Castro apoyaron los proyectos de “participación” de la UP. (El mismo Michel Pablo hizo un viaje especial a Chile para alabar esta trampa, y le dedicó un libro sobre el tema a su amigo, el ministro socialista de economía, Pedro Vuskovic.)

  

Luego del sangriento golpe pinochetista, cuando los camaradas de la OTR se vieron obligados a huir a Europa o países vecinos, ellos buscaron profundizar su entendimiento del fraude chileno y ampliar su comprensión internacional mediante discusiones, primero con el SU y luego con el CORCI. Sin embargo, descubrieron pronto que las credenciales trotskistas de estas autoproclamadas “Cuartas Internacionales” eran falsas. El SU, que declaró explícitamente en forma póstuma, que la UP no era un frente popular y que ya cuenta con dos grupos simpatizantes chilenos, se rehusó a permitir la discusión sobre un balance del regime de Allende en su Décimo Congreso Mundial, dado que ambas fracciones internacionales no veían la razón de exponer la bancarrota de sus partidarios locales. Mientras el CORCI había llamado frente popular a la UP, sin embargo, sus grupos chilenos (¡también tenía dos!), o bien lo negaron, o acusaron al gobierno de Allende de traidor y “reformista”, en vez de a los partidos obreros en la coalición. Entretanto, en Francia la OCI llamaba a votar por el candidato presidencial del frente popular de la Unión de la Izquierda.

  

La OTR entró en contacto con la TEI por primera vez durante un acto de protesta del 11 de septiembre de 1974, en el aniversario del golpe. Leyeron Cuadernos Marxistas No. 3, (una compilación de artículos de Workers Vanguard Spartacist sobre “Chile: Lecciones del Frente Popular”, el cual fue publicado con el fin de llegar a los grupos de exilados chilenos en busca de un balance de la UP), y una semana más tarde declararon estar fundamentalmente de acuerdo con él análisis y las conclusiones programáticas de la TEI. Pero como internacionalistas, ambos lados acordaron en la necesidad de discutir todos los problemas fundamentales que se presentan a los marxistas revolucionarios. Además de rechazar al SU y al CORCI, rápidamente se llegó al acuerdo de que el POR boliviano de Guillermo Lora había actuado como centrista en las pruebas decisivas de 1952 y 1971, siendo fundamentalmente responsable por el descarrilamiento de una revolución; y que el veterano camaleón seudotrotskista argentino Nahuel Moreno (quien se había movido del peronismo al guevarismo y luego a la socialdemocracia) se había convertido definitivamente en reformista comprometido al mantenimiento del dominio burgués.

  

Del guevarismo al trotskismo

  

Varias cuestiones se convirtieron en temas de discusiones extensivas entre la TEI y la OTR, incluyendo Cuba, el guerrillerismo y la socialdemocracia. En particular con respecto a la primera, luego de estudiar Cuadernos Marxistas No. 2, sobre “Cuba y la Teoría Marxista”, los camaradas de la OTR convinieron con el análisis espartaquista de esta aplicación clave del trotskismo sobre la “cuestión rusa” como se reflejó en la IV parte de la “Declaración de relaciones fraternales entre la tendencia espartaquista internacional y la Organización Trotskista Revolucionaria de Chile” (Spartacist [edición en español] No. 4, mayo de 1977).

  

La posición de la OTR de que los partidos socialdemócratas eran cualitativamente más burgueses que los estalinistas fue más difícil de resolver. Aquí jugó un papel importante el aislamiento nacional y continental del pretendido movimiento trotskista chileno – el cual era la responsabilidad de las falsas “Internacionales” que poco o nada hicieron para integrar o educar políticamente a sus varias “secciones”. Es un hecho que en Latinoamérica todos los partidos asociados con la Segunda Internacional son en efecto partidos burgueses (el Partido Radical chileno, la Acción Democrática venezolana, el APRA peruano, el PPD puertorriqueño, etc.), con algún ligero rasgo populista y generalmente una política exterior fuertemente pro-norteamericana. Sin embargo, luego de familiarizarse con los partidos laboristas y socialdemócratas de Europa occidental, y después de discusiones sobre las implicaciones tácticas derivadas de la caracterización de la socialdemocracia como “burguesa con una base obrera”, la OTR convino con la descripción de los partidos socialdemócratas de masas en los países capitalistas avanzados como reformistas, esto es refiriéndonos a las palabras de Lenin, “partidos obreros burgueses”.

  

El área de desacuerdo más difícil e importante fue la cuestión del guerrillerismo, porque aquí habían al principio diferencias profundas y era un problema relacionado directamente con los orígenes de la OTR. Una de las primeras acusaciones levantadas contra la dirección de la sección chilena del SU por la tendencia que luego se convirtió en la OTR fue la de la falta de implementación de las políticas guerrilleristas de la resolución sobre la lucha armada del Noveno Congreso Mundial (del SU). Como muchos pablistas, pensaron que Guevara personalmente había roto con el estalinismo, o que, eventualmente rompería, aunque sea tan sólo empíricamente. Aun cuando  la OTR rechazaba el foquismo guevarista y la guerrilla urbana al estilo tupamaro, ella insistía sin embargo en la necesidad de la “guerra irregular” llevada adelante por la clase obrera – en otras palabras, la adaptación del guerrillerismo al medio particular en el que operaba. La cuestión no era abstracta, pues la OTR contaba en sus filas con dirigentes mineros para quienes escaramuzas irregulares con el ejército y los carabineros ocurrían periódicamente, así como con ex-miristas y antiguos Tupamaros.

  

Por contraste, Spartacist había escrito en 1967 que: “El guerrillerismo de hoy día es una reacción pequeñoburguesa a la ausencia y demora de la revolución proletaria.”

  

Partiendo de estas dos posiciones marcadamente divergentes, varias discusiones largas se llevaron a cabo durante un período de varios meses, en el curso de las cualés la OTR rechazó su posición anterior. Hablar de guerra obrera irregular como una perspectiva estratégica es adaptarse a las concepciones “tradeunionistas” de una capa semiproletaria; los sectores claves de la clase obrera industrial no pueden abandonar las fábricas y grandes minas, yéndose a la montaña, sin perder su base de poder social y eventualmente arriesgarse a perder su carácter de clase proletario, a medida que degenera en bandolerismo y/o se combina con el campesinado (esto les sucedió a los cuadros del partido y obreros comunistas en China quienes huyeron de las ciudades costeñas para iniciar la guerrilla rural en 1927-31). El apoyo de Lenin a las tácticas partisanas en 1906-07 fue dado en el contexto de la derrota, que él creía transitoria, de la revolución de 1905; él nunca consideró a la guerrilla más que una medida defensiva – una forma de retirada estratégica – o accesoria a la guerra regular, y ciertamente no como estrategia para la revolución socialista.

  

Más aún, los bolcheviques trataron siempre de organizar la lucha militar a través de las organizaciones de masas de la clase obrera (los soviets, comités de fábrica) en las cuales el partido jugaba o trataba de jugar un papel dirigente, a diferencia de la concepción guevarista de llevar a cabo una lucha guerrillera a través de un partido/ejército “profesional” – así, por ejemplo, el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) argentino es el brazo armado del PRT guevarista.

  

Las concepciones guerrilleristas tenían una importancia social real en la “extrema izquierda” chilena, sobre todo por medio del MIR pero también entre los grupos seudotrotskistas que lo seguían. El MIR, por ejemplo, no llamó a los sindicatos o posteriormente a los cordones industriales (coordinadoras zonales de comités de fábricas) a armar a los obreros; en su lugar creó “comandos comunales” artificiales, subordinados en la práctica al MIR, los cuales supuestamente entrenarían a obreros seleccionados en el uso de armas.

  

Así, cuando vino el golpe del 11 de septiembre el proletariado industrial se encontró desarmado; muchos se reunieron en sus fábricas a fin de esperar por las armas ofrecidas por los burócratas sindicales comunistas y socialistas, las cuales nunca llegaron. A pesar de actos individuales de arrojo por parte de dirigentes del MIR, que solamente atrajeron ataques más fuertes contra los sectores más combativos de la clase obrera, su actitud fundamental fue el tratar al golpe militar como un paso inevitable que preparaba el camino a la guerra de guerrillas. La OTR – como las otras tendencias guerrilleristas, no vio ninguna posibilidad de resistir al golpe pinochetista; pero a diferencia, de aquellos que buscan reconstruir al diezmado MIR, o de la mayoría del SU que ahora está fundamentalmente preocupada en borrar sus huellas de apoyo total al guerrillerismo guevarista, la OTR ha sacado las lecciones de la terrible derrota representada por el 11 de septiembre y proclamó la bancarrota del guerrillerismo en todas sus variedades.

  

El leninismo sobre la cuestión organizativa

  

En Chile la OTR carecía de normas organizativas leninistas: la definición de miembro era fluida, nunca tuvo una prensa partidaria, etc. Naturalmente esta práctica organizativa fue mantenida en el exilio, donde las presiones hacia un “espíritu de círculo” entre un grupo pequeño de sobrevivientes son enormes. Conforme la OTR evolucionaba hacia la tendencia espartaquista, esto, de manera igualmente natural, originó luchas internas y rupturas. Estas, sin embargo, son difíciles de resolver sin la asimilación y aplicación de las normas leninistas del centralismo democrático. Fueron problemas centrados alrededor de la cuestión organizativa los que bloquearon por algunos meses la perspectiva de fusión votada en mayo de 1976 y los que dominaron la actividad de la OTR durante el año pasado. Como dijo el camarada Ivan de la OTR en un informe al Comité Ejecutivo Internacional de la TEI durante el reciente campo de verano europeo:

  

“La OTR era una organización en el exilio y dispersa por varios continentes. Fundamentalmente hubieron dos cuestiones que impidieron la fusión el año pasado: una era debilidades organizativas de la OTR que en consecuencia nos llevaba a una concepción federativa del partido. Pero detrás de esto había un importante punto político y era que la OTR esperaba reunir a sus principales cuadros en Europa. Habían dificultades para llevar un desarrollo conjunto de todos sus cuadros, y el núcleo europeo no tenía una metodología leninista para resolver este problema.”

  

Las dificultades se centraban en la lucha por ganar a un miembro importante de la dirección que había llegado recientemente de América Latina. Encontrándose separado de su base y restringido por las limitaciones de un pequeño núcleo trotskista de propaganda, el camarada comenzó a elaborar planes a espaldas de la dirección; actos de indisciplina organizativa que pronto dieron origen a una ruptura política abierta, cuando se rehusó a defender el programa de la OTR en público, desoyendo instrucciones explícitas. Como dijo el portavoz de la OTR en la presentación ante el CEI:

  

“… en último análisis el cda. Bias presentó una perspectiva opuesta al trotskismo y a la concepción del partido de Lenin basado en que no podemos romper nuestros lazos con las masas, … y por lo tanto en la práctica él no pudo defender todo el programa comunista …

  

“Hace algunos días este proceso llegó a su fin y en un trabajo de amplia consultación con los camaradas de la internacional hemos formalizado la ruptura del cda. Bias con el programa trotskista. Para la OTR lo más importante de este proceso es que la ruptura con su vieja metodología abrió el camino hacia el verdadero leninismo.”

  

Una perspectiva de Iskra

  

La Organización Trotskista Revolucionaria de Chile se ve enfrentada hoy con oportunidades y responsabilidades tremendas. La junta militar bonapartista chilena, que carece de una base social de apoyo significativa y habiendo sido incapaz de atomizar al proletariado y eliminar a su dirección, no durará ni siquiera tanto tiempo como la dictadura militar brasileña. Entretanto, aquellos militantes de izquierda que sobrevivieron el baño de sangre se han concentrado en gran número en centros de exilio en Europa y América Latina. He aquí una tremenda oportunidad de llegar a decenas de miles de militantes comprometidos y desafiar a la izquierda a realizar un balance serio del régimen de Allende. Esto desde luego no se limita a los militantes chilenos, pues la experiencia chilena tiene importancia global y es decisiva en la formación de núcleos revolucionarios en los países claves de América Latina.

  

Entre aquellos que rechazan el frente popular, el estalinismo, la socialdemocracia y el guerrillerismo, podría ser iniciado un diálogo. Mediante el combate polémico, la superioridad del análisis trotskista y de su programa sería demostrado y el núcleo de un grupo auténticamente leninista de propaganda podría ser forjado y preparado políticamente para las tareas que enfrentará cuando caiga la sangrienta dictadura y comience en serio la batalla crucial por separar a la clase obrera del dominio reformista.

  

Un punto clave en esta perspectiva es la cuestión de la prensa. En el período que se avecina, la voz principal para la OTR será la edición en español de Spartacist, la cual será publicada tres veces al año y cuyo comité de redacción incluye ahora a miembros de la OTR. Spartacist en español será una publicación de tipo Iskra, publicando polémicas y análisis dirigidos primariamente al medio exilado latinoamericano y a militantes de izquierda en la península ibérica. Además, la OTR buscará iniciar su prensa propia, empezando con un formato modesto y con frecuencia irregular. Junto con la lucha por construir una organización sólida, programaticamente unida y políticamente homogénea en el exilio, vendrá naturalmente la tarea difícil de intentar hacer llegar esta prensa a las manos de militantes de la clase obrera chilena en todas partes donde se encuentren.

  

En todo esto, como miembro de una tendencia internacional democrático-centralista, la OTR contará con el apoyo político pleno y con toda asistencia material posible por parte de la TEI. Pero no se puede negar que las demandas son enormes y nuestros recursos totales cualitativamente inadecuados. Sin embargo, la OTR tiene un capital político importante que no puede ser minimizado: a diferencia de los seudotrotskistas, ella representa una línea política coherente y poderosa que fue comprobada trágicamente por la caída del criminal frente popular. Chile en 1970-73 ha tenido una importancia en el desarrollo político de la generación revolucionaria actual similar al impacto de la Guerra Civil Española a finales de los años treinta. Los trotskistas que advirtieron que el frente popular conducía a una derrota sangrienta deberían recordar sus advertencias para educar a aquellos que no las oyeron entonces pero desean evitar la repetición del holocausto. Y sin embargo, el SU de Mandel y el “Comité de Organización” de la OCI esconden a sus grupos chilenos en vez de destacarlos, y con buena razón: ellos no hicieron esas advertencias sino que disculparon al frente popular.

  

Somos todavía débiles como fuerza política, pero la fuerza y la promesa de la fusión de la OTR y la TEI lo que les permitió a estos militantes cruzar el tremendo abismo desde el pablismo, el obrerismo y el guevarismo al trotskismo – vienen del hecho que está construida sobre principios marxistas fundamentales:

  

“Mirar la realidad cara a cara; no buscar la línea de la menor resistencia; llamar a las cosas por su nombre; decir la verdad a las masas por amarga que ella sea; no temer los obstáculos. ser fiel en las pequeñas y las grandes cosas basar su programa en la lógica 'le la lucha de clases: ser audaz cuando llegue la hora de la acción. tales son las reglas de la IV Internacional.”

  

- El Programa de Transición